miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015

No sabemos lo que nos deparará este nuevo año, pero al menos espero que haya primavera.
(Foto analógica)



martes, 30 de diciembre de 2014

María

(Foto analógica)

El Embrujo de Macao



Nota del autor: Este cuento hay que situarlo entre los años 40 y 50 del siglo pasado, contemporáneo de películas como "El Ladrón de Bagdad", "El Capitán O'Flint" o "Los tambores de Fu Manchu". Si usted no ha visto estas películas u otras parecidas, casi es mejor que no lea el cuento.

Tendría yo poco más de veinte años y estaba trabajando de estibador en el puerto de Macao. Era una vida dura y pagaban una miseria, pero había un ambiente de gran compañerismo entre los muchachos. Como podéis imaginar yo no estaba allí por dinero, sino por afán de aventura y porque en aquella época me vino bien desaparecer durante un tiempo de España. Pero la aventura era escasa y las privaciones abundantes, de manera que me pasaba los días imaginando la forma de salir de allí. Los mejores momentos eran cuando, después de la jornada, nos reuníamos en una taberna portuaria que se llamaba "O Cangaceiro". Allí escuchábamos las historias de los viejos marinos, nos emborrachábamos y nos acostábamos con las putas, unas chinitas delicadas y suaves, pero maestras en el arte de follar, que nos alegraban la vida y nos hacían creer que nuestra existencia no era tan miserable.


Conocí a María Luisa Oliveira Do Santos un domingo a la salida de misa. Os sorprenderá que yo fuese a misa, pero en aquel tiempo me había entrado una vena mística muy profunda, quizá para compensar el ambiente degradado en el que me desenvolvía y en reparación de algunas trapacerías de mi vida pasada. Como os decía la vi salir un domingo de la iglesia y creí que era una aparición sobrenatural: tendría 15 años, los ojos azules como el cielo, las mejillas sonrosadas y un aire angelical y candoroso que me hechizó de inmediato. Nos miramos, quizá más tiempo del debido en un cruce casual de miradas, y ella desapareció en el interior de un lujoso Rolls Royce cuya puerta mantenía abierta un chófer uniformado. Comprendí que era un sueño imposible, una quimera: la dama de elevada posición social y el inmundo descargador de los muelles. 

Sin embargo volví a verla el domingo siguiente y durante la ceremonia religiosa nuestras miradas se encontraron repetidas veces. No había duda de que yo también le gustaba o por lo menos sentía curiosidad por mí. Supe que era la hija de un terrateniente portugués, uno de los hombres más influyentes de la región, y que la mayor parte del tiempo lo pasaba en la hacienda que su padre poseía a pocos kilómetros de la ciudad. Durante varios domingos se repitió el cruce de miradas y aunque ardía en deseos de dirigirme a ella, no lograba encontrar el momento oportuno. 




Mi mejor amigo en Macao era Malcom Smith, un americano larguirucho y rubio que se parecía a Gary Cooper y era estibador como yo. Él me animó a seguir adelante y me sugirió la idea de enviarle un mensaje, de modo que el siguiente domingo pasé con disimulo por el lado de María Luisa y dejé caer un papelito entre las hojas de su devocionario. En él había escrito: "Es usted maravillosa. Me gusta muchísimo y desearía hablar con usted" y firmaba Vic, que era como se me conocía por aquellos pagos. Desde mi lugar vi que leía la nota y se ruborizaba. Luego sacó un lapicito, escribió algo al dorso del papel y, al salir, lo dejó sobre su banco. Me apresuré a recogerlo y a leer su respuesta. Decía: "Usted también me gusta, pero es imposible que nos veamos. Estoy comprometida." Imaginaros mi alegría, yo le gustaba, y aunque al parecer existían dificultades insalvables me sentía dispuesto a vencer cualquier obstáculo. 

Las siguientes ocasiones volvimos a intercambiar mensajes y las palabras escritas eran cada vez más ardientes. Pero yo necesitaba hablarla y tocarla e ideé una estratagema. Aquel domingo escribí: "Después del Sanctus vaya al confesionario de detrás de la columna izquierda." Yo había observado que aquel confesionario siempre quedaba vacío a mitad de la misa, así que en cuanto salió el cura me escabullí dentro sin que nadie me viera. A través de las cortinillas observé que, pasado el Sanctus, María Luisa se levantaba de su asiento y venía a arrodillarse en uno de los laterales del confesionario. Nos separaba la rejilla de madera, pero yo podía aspirar su perfume y contemplar de cerca su precioso rostro. No había tiempo para formalismos y ambos lo sabíamos, por eso mis primeras palabras fueron: "María Luisa, mi amor, te adoro y necesito verte". Ella susurró: "Yo también le quiero a usted, pero tengo que casarme con el hombre designado por mi padre". "¿Tú le amas?" "No, pero en mi familia eso no cuenta." Figuraos, una situación casi medieval. Pero yo estaba inflamado de amor y dispuesto a arriesgarme a todo. Le pedí que me dijera cuáles eran sus aposentos porque me proponía visitarla esa noche. Ella se asustó, pero terminó transigiendo y a través de la rejilla juntamos nuestros dedos y sellamos un pacto de amor.


Aquella noche salté la cerca de la hacienda y trepé por las enredaderas que crecían al pie de su ventana. Ella me esperaba temblando y sin decir palabra nos fundimos en un beso ardiente. ¡Qué momentos, muchachos, qué noche inolvidable! No olvidaré jamás aquel cuerpo blanco jamás hollado por boca alguna, ni la pasión primaria que desperté en aquella chiquilla. Al amanecer abandoné la alcoba con el presentimiento de que la había amado por primera y última vez en mi vida. Y qué cierto era este presagio, pues al poner pie en el suelo me salió al paso un hombre fornido. Me miró con odio y dijo: "Soy el prometido de María Luisa y voy a matarte". Era como digo un hombre corpulento, pero yo tampoco soy un alfeñique y viendo que no tenía ningún arma me apresté a la pelea. Luchamos con manos y pies en un combate salvaje. Era muy duro el cabrón, pero de pronto empezó a flaquear y comprendí que tenía la pelea ganada. Lo había derribado ya por dos veces cuando el tipo comenzó a gritar. De entre los árboles surgieron tres chinos que se abalanzaron sobre mí y consiguieron reducirme. Cuando estuve bien sujeto, el prometido de María Luisa se echó mano al bolsillo, sacó una navaja y empuñándola se acercó a mí. Sonreía al decir: "Ahora verás, hijo de puta". 



Justo entonces silbé tres veces y al momento apareció Malcom seguido de dos estibadores que habían insistido en acompañarme. Iban pertrechados de contundentes estacas y entre los cuatro propinamos un buen escarmiento a los chinos. El prometido de María Luisa, que ya había recibido bastante, huyó en el momento en que vio aparecer la caballería. Por descontado que nosotros también salimos de najas antes de que acudiera más personal de la hacienda. 

No volví a ver a mi adorada María Luisa, que por cierto no llegó a casarse con aquel sujeto y, según supe después, fue enviada por su padre a un convento en Coimbra. Como podéis suponer yo también tuve que abandonar Macao, porque después de aquella aventura mi vida valía más bien poco. Nunca olvidaré a María Luisa, pero decidme ¿hay alguna mujer que pueda ser olvidada?

domingo, 21 de diciembre de 2014

A contraluz


La Transición

¿Que la Transición fue pactada con los franquistas? Hombre, claro, vaya un descubrimiento. ¿Cómo hubiera podido ser si no? Ellos tenían el poder. ¿Cómo hubieran reaccionado si un jovencito con chaqueta de pana y un veterano con peluca les hubieran dicho: por favor, desalojen que ha llegado la democracia? No, hombre, no, tenían que alcanzar un consenso entre todos: unos para entrar en el juego con confianza y otros para retirarse sin perder la compostura. Los dirigentes de izquierda, con la boca pequeña, exigían la ruptura, pero solo para contentar a sus militantes. En aquellos momentos los únicos que de verdad se sintieron traicionados fueron los fanáticos de extrema derecha y de extrema izquierda. ¿Los demás? A negociar con prudencia sin sobresaltar demasiado al Ejército. Además, como el general se murió lentamente tuvieron tiempo de sobra para planificar el tránsito y dejarlo todo atado y bien atado como quería su excelencia. Claro que esto lo hemos sabido después, entonces no teníamos ni idea de lo que iba a pasar. Pero visto ahora, con perspectiva, puede uno hacerse una idea de cómo se hizo la Transición. 

Vamos a ver, tenemos un país europeo en manos de un dictador anciano y deteriorado que ve su muerte no lejana. En el Imperio (EEUU) se preguntarían: ¿Qué nos conviene tener en este país, democracia o más dictadura? (No es una pregunta banal, dos años antes Kissinger había elegido dictadura en Chile) Debieron pensar: Bueno, esta nación está en Europa y allí tenemos bases. Además tienen un rey que habla inglés y el representante de los socialistas es un recomendado de Willy Brandt que es aliado nuestro, así que mejor democracia. De esta manera, con las bendiciones del Imperio y de las democracias europeas (que seguramente prometieron abrirnos la puerta del Mercado Común Europeo si nos portábamos bien), los mejores cerebros franquistas e izquierdistas- sin olvidar al chico de Ávila que fue quien le echó huevos al asunto- se pusieron en marcha para elaborar una Transición modélica, lo más incruenta posible.


¿Qué pasa, que ahora algunos dicen que fue un fraude? ¿Que aquella Transición permitió que los franquistas siguieran en la política? Miren, ambiciones políticas al margen, lo que todo el mundo quería entonces era un tránsito rápido y sin demasiado ruido. Hubo amnistías, se legalizaron los partidos políticos, se eligieron unas cortes constituyentes, se aprobó una Constitución y hubo elecciones generales. ¿Que no fue perfecto? Puede ser, pero fue algo que hicimos todos. ¿Cuál fue el resultado? Un país similar a cualquier otro país democrático de Europa, con sus virtudes y sus defectos. Si ahora las cosas van mal, no culpen al pasado sino al momento presente, y recuerden que no se puede construir el futuro "empezando una y otra vez", como pretendía Vladímir Ilich Ulíanov, o sea Lenin. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

Llueve


Los Fronterizos


Fue una de esas oleadas musicales que se extienden sin previo aviso sin que nadie sepa por qué, uno de esos fenómenos de los que crees ser el descubridor o que formas parte de un reducido grupo de descubridores, pero adviertes enseguida con asombro que esas canciones distintas las escucha más gente, cada vez más gente, y lo que creías privado, exclusivo de unos pocos, se extiende como una marea lenta pero imparable, y en unas semanas, en unos meses, en un año como mucho, esa música se ha apoderado de las reuniones, de las radios, las televisiones y los discos, y se han instalado también en tu guitarra y en tu voz. En la segunda mitad de la década de los 60 oías sobre todo música cantada en inglés, algunas canciones en italiano y pocas en español. El folclore -el de cualquier lugar- no tenía mucho predicamento entre tus amigos, aunque las canciones sudamericanas de toda la vida- boleros, rancheras, etcétera- eran idóneas para cantar y guitarrear en las reuniones. Un día alguien te hizo escuchar a un conjunto folclórico argentino llamado Los Fronterizos. Tú no conocías nada de la música folclórica argentina, a excepción del tango, pero aquella música era muy diferente, no era urbana o de barriada, era un canto áspero, campesino, de voces incultas, que parecía recién salido de la tierra. Aquel disco cambió el rumbo de la música que normalmente hubieras debido seguir oyendo, y te apartó casi por completo de otras músicas que no fueran folclore argentino. Luego conociste otros grupos y otros cantantes que se hicieron famosos o ya lo eran en Argentina, y algunos vinieron a cantar en España y otros países europeos, y como siempre ocurre había quienes preferían a este conjunto o a aquel otro, aunque todos interpretaban esa música que te había cautivado, y cuando actuaban bajabas a los camerinos para saludarlos, como si fueras un adolescente fan de tus ídolos. También vinieron otros argentinos que no eran famosos ni aquí ni en su país, chicos corrientes que cogían su guitarra y se venían a España a probar fortuna, a cantar zambas y chacareras en las peñas y en los garitos, donde los oías a menudo y te hacías su amigo y cantabas con ellos a veces.



Aquella oleada terminó un día como suelen acabar todas las oleadas, siendo sustituida por otras músicas o simplemente olvidada. Un día de pronto descubriste que los cantantes que ibas a oír en los teatros ya no venían a España y que los grupos que tanto te gustaban se habían disuelto. Te sorprendió comprobar que ya nadie cantaba folclore argentino, se cantaban otras canciones, otras músicas, y los argentinos que cantaban en los garitos ya no estaban y no sabías qué había sido de ellos. No sabes por qué te ha dado ahora por recordar y casi ni quieres saber, después de tantos años, qué fue de aquella música ni qué fue de sus intérpretes, si todavía cantan o siquiera si viven. Pero buscas en internet que es como una bola mágica, como un aleph donde se encuentra todo, y sí, ahí están todavía Los Fronterizos cantando aquellas canciones que se te enredaban en el pensamiento y en la voz. Después de oírlos puede que  desempolves con sigilo tu vieja guitarra y, sin que nadie te escuche, entones con torpeza y ya sin voz una de aquellas canciones que un día te conmovieron.



sábado, 29 de noviembre de 2014

2002


Panorama desde el puente (Diálogos de besugos 2)

- Le ha robado usted el título a un gran dramaturgo.
- Pues sí, lo he tomado prestado de Arthur Miller, uno de los afortunados mortales que tuvo conocimiento carnal de Marilyn Monroe. Me ha parecido adecuado para describir cómo contemplamos la vida los jubilados, los que nos hemos apartado del camino y somos meros espectadores de lo que ocurre. Al menos yo me siento así.
- ¿Va a seguir hablando de Podemos?
- Sí, pero antes tengo que analizar una sentencia: "El poder corrompe". Seguro que la ha oído muchas veces.
- Los espíritus no oímos.
- Ya, bueno, como sea. Suele ocurrir que las frases afortunadas persisten en el tiempo, más o menos modificadas, y a menudo se olvida quién fue su autor y en qué situación fueron pronunciadas. La frase mencionada proviene de un dictamen pronunciado en 1887 por el historiador católico británico John Edward Emerich Dalkberg Acton, más conocido como Lord Acton. La frase original es: "El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente". Que la frase se ajusta a la realidad está fuera de toda duda, pero lo interesante es el contexto en que fue dicha.  Acton era un noble católico de madre alemana y padre inglés. Se formó en Alemania  especializándose en Historia de la Iglesia y de las religiones. Católico de ideas liberales, se opuso a la proclamación del dogma de la infalibilidad pontificia - Pio IX era entonces Papa- en el Concilio Vaticano I, en el que intervino, sin conseguir que el dogma no fuese proclamado. Muy disgustado lord Acton remitió una carta al obispo Mandell Creighton, autor de una monumental Historia del Papado, al parecer muy benévola al juzgar la conducta de algunos papas, en la que figura la famosa frase:

"No puedo aceptar su doctrina de que no debemos juzgar al Papa o al Rey como al resto de los hombres con la presunción favorable de que no hicieron ningún mal. Si hay alguna presunción es contra los ostentadores del poder, incrementándose a medida que lo hace el poder. La responsabilidad histórica tiene que completarse con la búsqueda de la responsabilidad legal. Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad: más aún si se considera la tendencia o la certeza de la autoridad hacia corrupción".

- ¿Qué saca usted en consecuencia?
- Nada nuevo. Pero me encanta rescatar historias antiguas y comprobar que siguen vigentes.
- ¿No dice nada de Podemos?
- Mejor lo dejamos para otro día.

Fuente: Wikipedia

martes, 25 de noviembre de 2014

Lejos


Diálogos de besugos

- Habla usted demasiado de política -me dijo ayer el espíritu.
-¿Y qué quiere que haga si no se habla de otra cosa? -me defendí -. Con mi mujer hablo de política, con mis hijos hablo de política, las páginas de opinión de la prensa están llenas de política... hasta leo libros de política, algo que no había hecho nunca.
-La culpa es de la corrupción, claro.
- De la corrupción y de Podemos. Raro es el día que no hay un comentario en la prensa sobre Podemos y yo, créame, a veces tengo que hacer esfuerzos para no escribir sobre ellos. Estos chicos están en la cresta de la ola, atemorizan a unos, desconciertan a otros y llenan el vacío de ilusión de mucha gente. Unos piensan que son el Apocalipsis  y otros que son la resurrección y la vida.
-¿A usted le atemorizan o le ilusionan?
-Ni una cosa ni otra. Ya soy muy mayor para temerle al lobo feroz o para quedarme embobado con los trucos de magia. ¿Sabe lo que me preocupa si ganan? Que se queden a medias, que no puedan cumplir sus promesas, que repitan lo de "OTAN, de entrada no" para luego pedir un sí urbi et orbe, como hizo González en los 80. Porque mire, si los de Iglesias no ganan, si se quedan en tercera fuerza, apaga y vámonos. A la gente de este país no le interesan para nada las terceras fuerzas. Si Podemos fracasa seguiremos con el bipartidismo puro y duro en el más depurado estilo lampedusiano, que es lo que en el fondo desean con fervor tanto el PP como el PSOE y ponen todos los días velas a Santa Rita para conseguirlo. Podemos es, para los establecidos, la amenaza, el espantapájaros, el nubarrón, cualquier cosa que simbolice el temor a perder los privilegios del poder. Y para los que están fuera, para los agraviados, es el castigo, la espada flamígera, el ángel exterminador.
- ¿Cree usted que los políticos merecen un castigo?
- Sí, la mayoría, pero como ha dicho un escritor amigo no se puede confundir el castigo del delito con la solución, aunque forme parte de ella. Desde luego ha habido delitos, corrupción, fraude, nepotismo, robo a mano armada, lo que usted quiera. Pero esto ya lo sabía mucha gente antes de la crisis. ¿Por qué nos sorprende ahora? Mire, no me gusta repetirme, ya escribí algo de esto en otra entrada. Somos un pueblo que vitorea la obviedad, eleva al oportunista que dice en público lo que todo el mundo ha pensado. Ésa es la carta ganadora de Podemos. Pero lo que a mí me asusta es la letra pequeña.  
- ¿A qué se refiere?
- Al cambio. El mundo ha cambiado y nosotros no vemos más allá del señor Mas o el señor Iglesias, nuestros problemas son de patio de vecinos, la última ficha del dominó. Lo dice con claridad el economista Tyler Cowen: "Quien cumplía las reglas del juego de una sociedad conseguía la estabilidad. Esto es lo que se ha acabado". Una visión pesimista pero lúcida. Ya no vale el esquema anterior de la clase media: educación básica, universidad, titulo, empleo, carrera profesional, hijos, educación, etc. La gente no sabe lo que le va a ocurrir: hay una dispersión de ideas, una patada al puzle, una desconfianza masiva en las jerarquías, cada mañana nos cuentan un futuro diferente, más o menos catastrófico, se esbozan soluciones contradictorias, nadie sabe qué hacer, solo permanecen incólumes Messi y CR. Nunca fue más cierta la frase de Sir Francis Bacon: "Truth emerges more readily from error than from confusion".  Ahora bien, ¿cambia todo por la crisis o hay crisis como consecuencia del cambio? La desigualdad, la corrupción, la deshonestidad son solo síntomas, ¿pero cuál es la enfermedad, el diagnóstico? Creo que nadie lo sabe. Los diagnósticos son tan dispersos como todo lo demás.
- ¿Tendrá Podemos la solución?
- No lo creo. Ellos invocan la voluntad popular como depositaria de la verdad. ¡Se ha hecho tantas veces! Mire, hay una marca de lencería americana que ha renunciado a utilizar Photoshop en sus imágenes publicitarias. Como consecuencia sus ventas han aumentado de manera sorprendente. ¿Habrá alguna vez políticos que declaren sin rubor que ni ellos ni el pueblo son perfectos? Vivimos, no sé desde cuando, en una democracia Photoshop.
- Se ha puesto usted trivial.
- Qué remedio.

martes, 18 de noviembre de 2014

Cantantes del pasado: Bobby Darin

Bobby Darin (Nueva York, 14 de mayo de 1936 - Los Ángeles, 20 de diciembre de 1973), cuyo verdadero nombre era Walden Robert Cassotto, fue uno de los cantantes más populares e ídolo de adolescentes de las décadas de 1950 y 1960. Interpretó diferentes géneros musicales como  folk, country, pop y jazz y trabajó como actor en varias películas, llegando a estar nominado a un Óscar en 1964.

Darin nació en el seno de una familia pobre de clase trabajadora del Bronx, Nueva York. Su padre provenía de una familia italiana y desapareció unos pocos meses antes de que Bobby naciera. Como resultado, su madre (que provenía de una familia descendiente de colonos ingleses e italianos) se vio forzada a pedir ayuda para cuidar a su hijo. De pequeño tuvo una salud frágil, quizá por una dieta deficiente y una escasa atención médica. A los 8 años le diagnosticaron fiebre reumática,  enfermedad que le causó serios problemas de corazón. Una vez oyó cómo su médico le decía a su madre que tendría mucha suerte si llegaba a los 16. Bobby tenía un gran talento para la música. Cuando era adolescente podía tocar varios instrumentos como el piano, la batería y la guitarra. Alumno destacado, con un elevado cociente intelectual, Bobby se graduó en el Bronx High School of Science y después asistió al Hunter College con una beca. Lo que Bobby quería realmente era tener una carrera para actuar en el Teatro de Nueva York. Dejó los estudios y comenzó a trabajar en Clubes Nocturnos como cantante con un conjunto de música. También trabajó en un centro turístico de las montañas de Catskill como animador.

Walden eligió como nombre artístico Bobby Darin. Bobby porque lo habían llamado así desde niño, y Darin porque una vez vio un restaurante chino llamado "Darin Duck". El nombre del restaurante era realmente "Mandarin Duck", pero se habían fundido las primeras letras del anuncio de neón. Cuando Darin tenía 35 años descubrió que quien parecía ser su hermana era en realidad su madre que había quedado embarazada muy joven. Y la mujer que pensaba Darin que era su madre era realmente su abuela. La identidad de su verdadero padre nunca le fue revelada.

En 1956 su agente firmó un contrato con Decca Records donde Bill Halley and his Comets habían alcanzado la fama. Sin embargo Darin, como muchos otros cantantes, empezó cantando éxitos de otros artistas.Cuando dejó Decca Records firmó con Atlantic Records, donde escribió música para él y para otros artistas. Después de tres grabaciones mediocres, su carrera empezó a despegar en 1958 cuando lanzó el single Splish, Splash, que se convirtió en un éxito vendiendo más de un millón de copias. A partir de entonces, Bobby tuvo un gran éxito comercial. En 1959 grabó Dream Lover,  que vendió varios millones de copias. Su éxito posterior fue Mack the Knife, el clásico de Kurt Weill de La Opera de Tres Peniques, melodía que estuvo como número uno en la lista de Billboard en el año 1959 cerca de 8 semanas.

Su siguiente éxito, Beyond The sea, una versión de la canción francesa La Mer, de Charles Trenet, nunca fue número uno, pero vendió varios millones de copias y gracias a esta canción Bobby ganó un premio Grammy en la edición de 1960. En esa década Darin encabeza los carteles de los casinos más importantes de Las Vegas. Tuvo otros éxitos que llegaron a los primeros lugares de las listas de Billboard, como"Things" y  "Multiplication". Interpretó este último tema en la película Come September (Cuando llegue Septiembre), en la que actuó junto a Rock Hudson, Gina Lollobrigida y Sandra Dee. 


En 1962 ganó un Globo de Oro por su papel en Pressure Point. En 1963 fue nominado a un Oscar por su papel de soldado en Capitán Newman . Bobby Darin se casó con Sandra Dee en 1960 y en 1961 tuvieron un hijo, Dodd Mitchell Darin, divorciándose en 1967.También hizo incursiones en la política, trabajando en 1968 para la campaña presidencial de su amigo Robert Kennedy. El asesinato de Robert marcó a Bobby y éste publicó 2 álbumes protesta de música Folk. A principios de los 70 continuó actuando y grabando en estudios como Motown Records. En enero de 1971 fue operado para corregir la afección de corazón con la que había vivido desde pequeño. En 1972 Darin tenía su propio show en la televisión
norteamericana NBC (The Bobby Darin Amusement Company) que duró 2 años. También siguió actuando en Las Vegas donde le administraban oxígeno después de cada actuación, dada la lesión cardíaca que tenía. Fue embajador de buena voluntad de la asociación americana del corazón.


El 20 de diciembre de 1973, a los 37 años, Darin murió en una operación de corrección de las válvulas cardíacas. Su cuerpo fue donado a la UCLA para la investigación. La estrella de Bobby Darin en el Paseo de la fama de Hollywood está en el 1735 de Vine Street. La canción "Beyond the Sea" es cantada con el mismo tipo de arreglo, compases musicales, instrumentos y pausa musical, por el cantante inglés Robbie Williams, cuando termina la película "Buscando a Nemo", de Pixar Animation Studios, y aparecen los créditos de la película. En 2004 Kevin Spacey protagonizó y dirigió Beyond The Sea, una película que narra la vida de Bobby Darin.


Aunque Bobby Darin siempre estuvo muy presente en los escenarios de Las Vegas y demás ambientes compartidos con el Rat Pack, nunca tuvo nada que ver con dicho grupo, formado por Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr. Es más, Darin aseguró en varias ocasiones durante su carrera que superaría en todo lo que pudiese al "señor Sinatra".

Fuente: Wikipedia

domingo, 16 de noviembre de 2014

Cervecita


Que me lo expliquen

De mis amigos brasileños
Javier Marías vuelve a quejarse en su artículo de hoy de las descargas ilegales de libros y se lamenta de que mucha gente piense que la cultura debe ser gratuita. También Cesar Antonio Molina (el que no tenía glamour, ¿recuerdan?) se apunta a esta guerra y se enfada porque los escritores de prestigio venden poco (¿él?). Ya he expuesto aquí mi opinión sobre la ilegalidad de las descargas gratuitas, pero voy a hacer alguna matización. Consideren esta secuencia: En un determinado momento la gente descubre en Internet la posibilidad de descargar películas, series de televisión, discos y libros sin que le cueste un euro. Un porcentaje de usuarios, digamos un 25%, tiene escrúpulos morales y rechaza la gratuidad; el resto dice que "verdes las han segado" y atiborra sus discos duros con productos pirateados. ¿Cómo es posible que ocurra esto, si tiene toda la pinta de ser un atentado contra la propiedad intelectual?, se preguntan algunos. Es que en Internet hay un vacío legal, contestan los enterados. Y uno piensa: bueno, si sobre esta materia no hay ley, los legisladores harán una dentro de poco. Veamos lo que ocurrió en España y en otros países.

El 27 de noviembre de 2009, el gobierno Zapatero presentó como iniciativa legislativa la LES (Ley de Economía Sostenible), cuya disposición final cuadragésimo tercera era la famosa Ley Sinde, relativa a la regulación de webs y la protección de la propiedad intelectual. Sin embargo, por causas desconocidas, fue eliminada del proyecto de ley en el debate parlamentario. Aunque fue recuperada en el Senado, con ayuda del PP y CIU, y finalmente aprobada en el Congreso en febrero de 2011, el gobierno de Zapatero no llegó nunca  a aprobar el reglamento de esta ley por falta de consenso entre sus miembros (?). Tuvo que ser el siguiente ejecutivo, tres años después, con el inefable ministro Wert a la cabeza, el que de manera definitiva pusiera en marcha la Ley Sinde en febrero de 2012. Un mes antes se había producido una conmoción mundial por el cierre de Megaupload por parte del FBI.

¿Han llenado el vacío legal estas medidas? En nuestro país, que sepamos, lo único que ha hecho la Ley Sinde ha sido cerrar Series Yonkis, la cual, diez días después, ha reaparecido con otro nombre sin que nadie haya importunado a los responsables. Por su parte Kim Dotcom, el dueño de Megaupload, estrenó sin problemas, un año después, el estupendo servidor Mega con más de lo mismo. Por su parte, las webs que ofrecen enlaces de descarga de música y libros ni siquiera han sido apercibidas, al menos las que yo frecuento. Sí he observado lo siguiente: los libros que puede uno bajarse de estas páginas tienen, por lo común, dos años o más de antigüedad y por lo tanto, salvo que sean éxitos de ventas, ya no están en las librerías. Pero estas webs, una o dos veces por semana ofrecen un libro muy reciente. ("Así empieza lo malo", la última novela de Javier Marías, estaba en la red tres días después de su publicación). Y, curiosamente, la novedad suele ser la misma en todas las webs. Es fácil sospechar que esos libros tan nuevos no los sube un particular, sino las propias editoriales como un mecanismo de publicidad encubierta. Si los autores están al tanto o no de la maniobra, lo ignoro, pero mi admirado Javier Marías y los demás deben asumir que no son solo los descargadores ilegales los que lesionan su propiedad intelectual y menoscaban sus ganancias. En cuanto a todo lo demás, uno tiene la impresión de que reina la hipocresía más descarada. Nadie, ningún gobierno, tiene verdadera intención de acabar con la piratería en Internet. Véase si no el calvario de la Ley Sinde y sus pobres resultados, o la intervención simbólica del FBI en contadas ocasiones.

En la película Casablanca, cuando el capitán Renault, por orden del mayor Strasser, cierra el café de Rick, éste pregunta a su amigo por qué lo hace. Renault, con expresión severa, exclama: "¡Qué escándalo, qué escándalo, en este café se juega!" En ese momento un camarero se acerca al policía y dice: "Capitán Renault, sus ganancias".

Fuente: Wikipedia


sábado, 15 de noviembre de 2014

Gire a la izquierda


Un mundo feliz



No encuentro la palabra adecuada para nombrar a quienes nos prometen  felicidad en esta España desvencijada. “Venimos a restaurar la felicidad de los ciudadanos”, han dicho. No parece raro que los cosechadores de votos nos ofrezcan sin pestañear transparencia, honradez o justicia, cosa fácil para aquellos que nunca han tenido oportunidad de gobernar y no se han visto todavía tentados por el robo o la manipulación; y difícil, si no imposible, para los que van a la deriva, hundidos hasta las cachas en el fraude y la malversación del dinero público. ¿Pero felicidad? ¿Quién puede vender felicidad si no es una agencia de viajes, un fabricante de lencería erótica o un ciego que vende el cupón? ¿Acaso piensa alguien incluir algo de esto en su programa electoral? ¿No saben que la felicidad pertenece al individuo y no al pueblo, y no es posible manipular ese bien intangible y difícil de definir que a veces nos otorgan por capricho no sé qué extraños dioses? 

Esta utilización de la felicidad como moneda de cambio no es nueva. Procede de una dudosa interpretación del pensamiento de Aristóteles sobre esta materia. El filósofo afirmó que la felicidad es la prosperidad unida a la excelencia o suficiencia de medios de vida (lo que en parte es cierto, porque es difícil ser feliz desde la miseria), y que los gobiernos podían y debían identificar la felicidad de sus súbditos e imponérsela. 

Los políticos adaptaron estos pensamientos a su conveniencia y no solo se atribuyeron la obligación de impartir justicia sino también la de otorgar felicidad.  Ellos proclamaban: “¿Cuál es el objeto de vuestros trabajos y el término de vuestras esperanzas? ¿No es la felicidad? Pues dejadnos a nosotros ese cuidado, que nosotros os la daremos”. A lo que Benjamin Constant replicaba: "No dejemos que obren así, pidámosles que se contengan en sus límites, que son los de ser justos: nosotros nos encargaremos de hacernos dichosos a nosotros mismos”. Políticos jóvenes y viejos deberían, me parece, aprender la diferencia que existe entre felicidad y bienestar, ya que procurar el bienestar de los ciudadanos sí es su tarea, pero la felicidad es un sentimiento individual que no puede venderse. A fin de cuentas Aristóteles dijo también que solo en la vida contemplativa el hombre puede alcanzar la máxima felicidad, estado que poco o nada tiene que ver con la política.

 Erróneamente se piensa en la felicidad como un objetivo alcanzable por uno o más individuos. Pero solo es un sentimiento caprichoso y fugaz que obedece a causas distintas y cada persona percibe a su manera.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Sin título


Los Bárbaros

Pensando en Podemos me he acordado del poema de Cavafis:

¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.
¿Por qué esta inacción en el Senado?¿Por qué están ahí sentados sin legislar los senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
 Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.
......

No me digan que no es profético. Una cosa muy notable es que los comentaristas políticos parecen conocer las intenciones de Podemos mejor que sus propios inventores. Comentarios a menudo contradictorios, claro, porque dependen de cómo le sople el viento político al comentarista. Servidor de ustedes se limita, en la medida de lo posible, a analizar lo que dicen los militantes de Podemos. Hace unos días se me encendió una luz roja al leer un artículo periodístico de dos de sus dirigentes. Dicen Monedero y Montero: "Hemos venido a moralizar la vida pública, democratizar el poder y recuperar la felicidad". No lo puedo remediar, cuando me hablan así pienso que me están vendiendo uno de aquellos brebajes curalotodo que ofrecían los charlatanes a la gente sencilla.

La palabra democracia se usa en el mundo occidental como una panacea para casi todo. No hay partido político, sea cual sea su ideología, que no utilice el concepto de democracia como ingrediente mágico en sus programas electorales, y el mejor dardo que pueden arrojar al adversario es acusarlo de antidemocrático.  La paradoja es que esa democracia que nos parece inexcusable como forma de gobierno está ausente en los otros estratos de nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad por completo jerárquica y, aunque haya excepciones, todo lo que hacemos se fundamenta en estructuras jerarquizadas: el mundo laboral, el mundo académico, la familia, la justicia, la información, el comercio, las fuerzas de seguridad, el ejército y por supuesto la Iglesia (con la curiosa excepción de la elección del Papa que, a su modo, es democrática). Se podría pensar que en el arte no hay jerarquías, pero también los artistas están sometidos a los vaivenes de la oferta y la demanda. Este mundo es jerárquico porque nos agrupamos de manera tribal como mejor medio de defendernos, y esto ha ocurrido desde la noche de los tiempos y está impreso en nuestros genes (no en los "memes", ese concepto absurdo e inexistente que está tan de moda). Así que, ustedes perdonen, pero la humanidad no es democrática. Para cambiar este estado de cosas surgieron los movimientos anarquistas y asamblearios, pero la historia ha demostrado que estos sistemas solo pueden funcionar en comunidades pequeñas y de ninguna manera en la organización disciplinaria de un partido político. Querámoslo o no nuestra sociedad necesita tener líderes que ocupen el vértice de la pirámide jerárquica, un lugar donde la democracia brilla por su ausencia.

A la democracia se le han atribuido distintos significados a lo largo de la historia y aun hoy se interpreta de manera diversa en función de lo que se quiera conseguir ondeando su bandera. Se suele señalar -con una visión un tanto superficial del asunto- como modélica la democracia ateniense, ya que fue en Atenas donde nació este sistema político. Pero lo que hoy se entiende por democracia tiene poco que ver con lo que hacían los antiguos griegos. La asamblea estaba compuesta por todos los ciudadanos varones de Atenas, la selección de representantes se hacía por sorteo (un método que quiere resucitar ahora el economista francés Étienne Chouard ) y las decisiones se tomaban por mayoría. Sin embargo no era una democracia total, dado que las mujeres, los esclavos y los extranjeros no tenían derecho a voto, de modo que los problemas se dirimían entre unos pocos, de forma más asamblearia que representativa. Eso sí, si un dirigente se extralimitaba en su poder, se le destituía sin contemplaciones y se le castigaba con el exilio o la muerte. Los romanos, más pragmáticos, experimentaron todas las formas de gobierno conocidas, desde la república a la monarquía absoluta, pasando por la dictadura y el triunvirato (una directiva de tres es lo que reclama uno de los dirigentes de Podemos). Pero Roma tampoco creía en la igualdad de todos sus ciudadanos; sus cambios de sistema de gobierno no estaban motivados por ideales abstractos, sino por las necesidades políticas, económicas o territoriales que surgían en un momento dado.
Suele decirse que la democracia moderna nació en el período de la Ilustración como una forma de enfrentarse al absolutismo político. Me temo que más que un enfrentamiento real fue un compromiso entre la debilitada oligarquía y la creciente burguesía. El poder siempre ha pactado para superar los momentos de crisis o incertidumbre, confiando en que una vez instalados los parias en el poder olvidarían con rapidez los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, tan ilusionantes desde la pobreza, para disfrutar de las prebendas recién adquiridas. El propio vizconde de Tocqueville, tan manoseado por los políticos actuales, que fue un adalid de la democracia después de la Revolución Francesa, advertía que "la voluntad de la nación" es una de las expresiones que más profusamente han sido objeto de abusos por parte del astuto despótico de cada época; también que "la democracia puede ser la base tanto de la libertad como del despotismo"; y una frase demoledora: "En política, compartir los odios es la base de la amistad". Su coetáneo Benjamin Constant afirmaba: " Han entregado el poder a la sociedad en su conjunto. Y de la sociedad en general ha pasado necesariamente a la mayoría, y de la mayoría a las manos de unos pocos y a menudo de uno solo. Y de este modo se han producido los mismos males que antes." No puede decirse que estas reflexiones hayan perdido vigencia.
Por tanto, identificar democracia y perfección como pretenden los políticos, sean viejos o recién llegados, -y como creímos muchos de  mi generación cuando murió el dictador-, es una falacia. Pero si asumimos su imperfección, los ideales que impulsan la democracia son defendibles. Ninguna revolución alcanza por completo sus objetivos; pero siempre deja su marca en la sociedad.
El poema de Cavafis termina así:
¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

domingo, 12 de octubre de 2014

Octubre


Palabra de Consejero

Me parece populista, y por tanto superficial, hablar de "la casta" en un sentido peyorativo. Es una simplificación tan inconsistente como otras del lenguaje coloquial -llamar fascista a todo el que no es de izquierdas o rojo al que lo es-, pero útil para englobar en una sola palabra todo lo que se pretende deshonesto o ineficaz. Al fin y al cabo la casta es solo un sistema de estratificación social que a priori no es necesariamente perverso, y tildar de "casta", con comillas, a quienes se dedican con mejor o peor fortuna a la política es erróneo, ya que a esta dedicación se accede desde diferentes estratos de la sociedad. Item más cuando quienes denigran "la casta" son ya, o están a punto de serlo, miembros por derecho de ella, a menos que en su ejercicio de la política rechacen denominarse políticos -que sería lo correcto según la RAE- y se otorguen otras denominaciones exóticas para que nadie piense que son, al propio tiempo, detractores e integrantes de "la casta".
Así las cosas, el doctor Francisco Rodríguez, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, ha declarado, a propósito de la crisis del Ébola, que si tiene que dimitir, dimite, porque él llegó a la política "comido" y "con la vida resuelta". Lo cual, mutatis mutandis, equivale a reconocer que otros colegas suyos, que no hayan comido ni resuelto su vida, acceden a la política solo para forrarse, como diría Forges, lo que, a estas alturas, tampoco es una novedad. Pero no recojo aquí estas declaraciones, arrogantes y horteras, porque el señor Rodríguez sea un político, es decir, un miembro de "la casta", ni porque se ponga en evidencia, una vez más, la tremenda ineptitud de algunas personas para el cargo que son designados, sino porque este sujeto pertenece además a otra casta, o digamos a otra profesión, que, por desgracia, es también la mía.

Las denuncias a políticos y la divulgación de sus maldades se han hecho tan vastas y cotidianas que poco a poco van perdiendo eficacia. La gente ya casi ni se inmuta ante el escándalo nuevo de cada día, y el caparazón con el que se reviste el político frente a quien le acusa es cada vez más rocoso. Pero no crean que mi disgusto porque estas sandeces las haya pronunciado un médico tiene algo de corporativo. En la Medicina, como en cualquier otra profesión, hay de todo, y nadie más incómodo que yo con ese halo reverencial que a veces nos atribuyen los pacientes. Estoy pensando que el lenguaraz Consejero es Jefe de la Unidad de Hipertensión del Hospital Gregorio Marañón, un Centro donde trabajan excelentes profesionales. Solo espero que la larga trayectoria política del susodicho le haya mantenido alejado de la actividad asistencial, porque si no es así y sus criterios médicos se asemejan a sus impresentables criterios políticos, habría que recomendar a sus pacientes hipertensos que huyeran como alma que lleva el diablo.

sábado, 11 de octubre de 2014

Después de la lluvia


La voz solar (2)

Dijeron sus detractores que Giuseppe Di Stefano cantaba con la voz abierta en el registro agudo, lo que afeaba el sonido y perjudicaba la voz del cantante; sin embargo el siciliano llenaba los teatros y entusiasmaba a multitudes. Dijeron los musicólogos que la dinámica de su canto no era fruto del análisis musical sino a menudo un ejercicio de hedonismo y seducción; pero nadie echaba en falta esos requisitos técnicos ante la cautivadora sensualidad de su voz. Dijeron los críticos que perjudicó y acortó la vida de su voz cuando incorporó el verismo a su repertorio; pero su inigualable fraseo y la belleza de su "timbre luciferino" (Celletti) le mantuvieron en el escenario durante treinta años. Di Stefano debutó en el Met con la ópera Fausto, de Gounod. En el aria Salut! demeure chaste et pure atacó en forte el do de pecho (do4) y luego atenuó la voz hasta un pianissimo sobrenatural. Sir Rudolf Bing dijo en sus memorias que fue el más bello sonido emitido por una garganta humana que había oído en sus muchos años como manager general del Metropolitan Opera House. Sin embargo el director de orquesta Leone Magiera dejó dicho que la voz de Di Stefano era imperfecta porque, en contra de la técnica ortodoxa, cantaba demasiado abierto por encima del passaggio.
No podemos evitarlo, nos encanta erigirnos en jueces y decirle a la gente cómo tiene que hacer lo que hace. Lo hacemos todos, pero de un modo más profesional y dogmático lo hacen los críticos, verdaderos expertos en decirle a los artistas cómo deben ejercer su talento. Hace años yo compraba y leía con fruición las publicaciones mensuales dedicadas a la música clásica, sobre todo las revistas Ritmo y Scherzo, que incluían una amplia sección de crítica discográfica. Aún lo hago de vez en cuando. Estas dos revistas tenían en algunos temas criterios discrepantes que siempre me sorprendieron. Por ejemplo, ninguna ponía en duda que Daniel Barenboim era un pianista genial, pero en su faceta como director de orquesta Scherzo oponía reparos; por el contrario para Ritmo el argentino era excelso en ambos cometidos. Curiosamente ambas revistas coincidían en calificar el estilo del famoso director Herbert von Karajan como  ampuloso, manierista y superficial; no obstante reconocían que la referencia discográfica insuperable de la ópera La Bohéme era la firmada por este director.
Uno podría preguntarse si en la música -o en la vida en general- es preferible no desbordar lo establecido y ajustarse a una supuesta perfección, o por el contrario dar rienda suelta a la inspiración, a esa vibrante espontaneidad que nos arrebata aunque esté llena de defectos. En 1975 un jovencísimo Josep Carreras visitó a Giuseppe Di Stefano con motivo de su debut en La Scala de Milan con la ópera de Verdi Un ballo in maschera. Carreras le confesó su preocupación, ya que había una nota que no conseguía emitir de la manera adecuada. Di Stefano meditó un momento y luego sonrió: "No tienes que preocuparte. ¿Sabes por qué? Porque esa nota nunca sale bien". El viejo maestro no quiso darle un frio consejo técnico al joven discípulo. Prefirió infundirle confianza y dejar que fluyera libremente su espontaneidad.


Les propongo ahora ver y oír tres vídeos. El primero, de 1944, es posiblemente la primera grabación de Di Stefano, en la que interpreta Una furtiva lagrima con una voz fresca y juvenil. No se distraigan con los crujidos y ruidos parásitos de la grabación, propios de los discos de 78 rpm. El segundo vídeo es de 1950 y proviene de un recital en la Ópera de San Francisco. Giuseppe canta el aria de Fausto que fascinó a Rudolf Bing en el Met y ejecuta-suponemos- un diminuendo similar. Si el aria les resulta un poco larga, vayan directamente al minuto 4, 45. El tercer vídeo es de 1974, el año en que se retiró. Juzguen ustedes mismos si la voz de Giuseppe Di Stefano, obviamente avejentada, había perdido un ápice de su belleza.



viernes, 3 de octubre de 2014

Cosmos


Comentario

Les aseguro que de lo que más me gusta hablar aquí es de cantantes famosos, como ayer, o de pintores, escritores, científicos, en fin, de gente que contribuye a la cultura y a la solidaridad, a la que admiro o he admirado en algún momento; y también, a veces, de personas con las que discrepo, siempre con respeto y sin acritud, aunque si se trata de políticos (no todos) ese elemental respeto sea más difícil de mantener. Uno lee la prensa y raro es el día que no encuentra algo irritante, o curioso, o amenazador, que procura soslayar, en la medida de lo posible, por su propia estabilidad mental, en primer lugar, y porque nos importa un bledo que metan en la cárcel a la Pantoja o hayan descubierto la corruptela de cada día. Pero lo que ha dicho hoy la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, le revuelve a uno las tripas, en sentido literal, y aunque una réplica contundente a esta señora (?) debería tener una mayor difusión -un twit, una condena en Facebook, una carta al director, etc- y no la que tiene un blog tan minoritario como este, me van a perdonar que exprese lo que me sugiere esta noticia.
Frases que ha dicho ahora la Oriol (si decimos la Pantoja, por qué no vamos a decir la Oriol): "Prefiero contratar a una mujer de más de 45 o de menos de 25 años para evitar "el problema" de que se quede embarazada". "El sacrificio [de la mujer] para llegar a un puesto directivo tiene un precio: o te casas con un funcionario o tienes un marido al que le encantan los niños".
Frases que dijo en un momento anterior a propósito del salario mínimo: "Te obligan a pagar un sueldo a estos jóvenes aunque no valgan nada". "Hay que darles un dinero que no producen. "Es necesario dar a gente desigual un trato desigual, de manera que el SMI solo se aplique a los trabajadores con una cierta formación. Así, no se aplicaría el salario mínimo hasta que no produzcan lo que cuestan".
No aplicaré a la Oriol los adjetivos que le vienen a uno a la mente -se los pueden imaginar- y que a buen seguro menudearán en las redes y en la prensa escrita. Solo diré que es infrecuente encontrar a alguien que destile una estulticia tan sofisticada, una ignorancia de lo solidario tan asombrosa y un funcionamiento neuronal tan atrabiliario que se podría situar, en la escala evolutiva, por detrás de los grandes simios. Un castizo daría una explicación más mundana: Esta señora no ha tenido muchos coitos satisfactorios.
No renuncio a contar aquí el comentario de Susanna Griso en Antena 3. Informó primero que Miriam Clegg, la esposa del viceprimer ministro británico, Nick Clegg, vallisoletana de procedencia, pedía la palabra en una conferencia de su marido y dejaba atónito al personal con su intervención: "Esos hombres que tratan a las mujeres como iguales son los que más cojones tienen [the ones with most cojones]".  A continuación Susanna Griso dijo, refiriéndose a la Oriol: "Y de una mujer que alaba los cojones de los hombres, pasamos a otra mujer a la que no le importa tocarlos, dicho metafóricamente, claro".

Mañana seguiremos hablando de Giuseppe Di Stefano.  

martes, 30 de septiembre de 2014

Burbujas


La voz solar

La voz de Giuseppe di Stefano (1921-2008) interpretando canciones napolitanas es un recuerdo imborrable de mi infancia. Fue uno de los primeros discos microsurco (un LP de La Voz de su Amo) que entraron en mi casa cuando mi padre compró una radiogramola Philips, un mueble de estilo años 50 que fue muy admirado. El disco, una grabación mono por supuesto, tenía la etiqueta roja típica de HMV, otra imagen grabada en mi memoria. (Como en Internet se encuentra todo, les dejo una posible imagen del disco). Ahora tengo un cd con igual contenido, pero la digitalización es tan mala que es mejor no oírlo. La información que proporcionaba el disco original era muy escasa, solo decía que el tenor cantaba acompañado de una innominada pero estupenda orquesta dirigida por Dino Oliveri. (¡Aquellos violines elegíacos en 'O sole mio!) Yo entonces no sabía nada de música clásica ni de ópera, ni de voces ni de cantantes. Me gustaban el Rock and Roll, las baladas High School americanas y algo de la chanson francesa. Pero la voz abierta, luminosa, vital de Giuseppe Di Stefano y la belleza intrínseca de las canciones napolitanas, crearon en mí un poderoso impacto emocional que me hacía escuchar aquella música una y otra vez. Y, lo mismo que ocurre con esos libros míticos que uno lee en la adolescencia sin conciencia crítica y los consagra para siempre, todas las versiones de canciones napolitanas que he escuchado a lo largo de mi vida, interpretadas algunas por espléndidos cantantes, siempre me han parecido inferiores emocionalmente a las de aquel disco seminal de Di Stefano.
La canción napolitana no es diferente en esencia a la música folklórica de cualquier lugar, ni se necesitan voces excepcionales para cantarla. Su incorporación a la lírica ocurrió cuando el famoso tenor napolitano Enrico Caruso empezó a utilizar estas canciones como encore en sus recitales operísticos. Desde entonces la mayoría de los tenores, imitando a Caruso,  suelen incluir esta música en sus conciertos y grabaciones, lo que le ha conferido un rango semioperístico.
En el siguiente vídeo pueden escuchar a Giuseppe Di Stefano cantando "Santa Lucia luntana". No es de las napolitanas más conocidas, pero en ella se puede escuchar el hermosísimo diminuendo que ejecutaba este cantante. La grabación que ofrece You Tube es, milagrosamente, la misma que me emocionó en mi infancia. Seguiremos hablando de Di Stefano y rescatando canciones de aquel disco.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Paradise


Ciurlionis. Paradise (1909)
Mikalojus Konstantinas Čiurlionis (22 de septiembre de 1875 – 10 de abril de 1911) fue un pintor y compositor lituano.

Los pedantes

Pedante, según la RAE: "Persona engreída que hace inoportuno y vano alarde de erudición, téngala o no en realidad".
Aunque es fácil distinguir a un pedante por cómo actúa, por su forma de hablar y opinar sobre las cosas, justo es decir que siempre es un juicio subjetivo, pues el pedante no se considerará él mismo engreído y acusará de pedantería a otro que le supere en engreimiento. (Siempre habrá quien califique de pedante lo que escribo). Este vano alarde de erudición puede manifestarse en diversos aspectos de la cultura, pero sin duda es más evidente en la literatura. En la música, por ejemplo, sería comprometido afirmar que tal compositor o tal intérprete acusan este defecto, y otro tanto podríamos decir de la pintura o de cualquier otra manifestación artística.

Como se sabe, a comienzos del siglo XX las artes experimentaron grandes cambios que quebraron radicalmente la ortodoxia secular. Así, en Música, la Segunda Escuela de Viena rompió con la tonalidad y desarrolló formas nuevas como el dodecafonismo, el serialismo y la música atonal. En la Pintura, la desestructuración de las formas clásicas fue más amplia si cabe, con la aparición del cubismo y de la abstracción como estilos más rompedores. También alcanzaron los vientos del cambio a la Literatura, y más específicamente a la novela. Los escritores trataron de subvertir la rígida estructura de la narración decimonónica creando la novela experimental. Estos cambios, como siempre ocurre, fueron en principio incomprendidos por el gran público. Pero el tiempo suaviza las aristas, y lo que ayer era vanguardia hoy está incorporado a lo cotidiano o está olvidado. Así, vemos ahora coexistir en la Pintura lo abstracto con lo figurativo y en la Música la tonalidad con su ausencia, sin discordias dignas de mención entre sus representantes y sin que ninguna tendencia se atribuya la autenticidad absoluta.
Con la novela no ha ocurrido lo mismo. No ha habido género literario más vapuleado desde hace un siglo: cada estilo ha tratado de aniquilar al anterior, se han creado idolatrías indiscutibles y excluyentes, se ha hablado del resurgir, del hundimiento y hasta de la muerte de la novela. Y en este "suburbio de la discordia", en palabras de V.H.Auden, algunos escritores (ahora hablo de España) se han nombrado a sí mismos depositarios de las más excelsas esencias literarias y paradigma de lo único que merece la pena escribir, desautorizando y tratando como apestados a los que escriben de otro modo. Ellos no advierten que es muy quebradiza la línea sutil que separa la originalidad de la pedantería. Escribí en otra ocasión sobre declaraciones públicas del escritor Vila-Matas y la escritora Marta Sanz. Esta última, a propósito de si hay o no literatura en las series televisivas, escribe lo siguiente:
 Hace tiempo, el adjetivo literario se utilizaba indistintamente para consagrar o denigrar una serie como Yo, Claudio. También existían novelas cinematográficas. Ahora, cuando se dice de una novela que es literaria —pleonasmo más bestia que el de los sus ojos tan fuertemente llorando—, casi siempre el significado es peyorativo. En nuestra movediza sociedad líquida, la sinestesia no se usa como instrumento crítico, sino que los géneros se hibridan hasta el punto de que no nos extraña esa categorización —ontológica— de lo audiovisual como literario. Mezcla y mistificación se constituyen en eslóganes de un mundo en el que el tajo de la desigualdad es hondo: el imaginario de lo líquido, ecléctico y lábil es eufemismo estético de una ética de la globalización donde todo tiende a ser igual excepto los capitales para adquirir bienes. La opacidad y lentitud de la palabra literaria, y el espesor connotativo de un texto que no solo sea una historia, definen lo literario. No obstante, prevalece la inmediatez del consumo televisivo —normalmente de pago—, la anorexia expresiva, la supremacía de la trama y la sintaxis de las narraciones frente al relieve semántico de esa literatura que hace del esfuerzo crítico e imaginativo, del tiempo del lector, un ingrediente. En una ceremonia in de la confusión entre lo popular y lo elitista, en un falso difuminado de los límites, nos fascinan la banalización de la literatura sometida a la superficialidad de ciertos lenguajes audiovisuales y la metamorfosis seudointelectual del entretenimiento televisivo. La consideración de las series como literatura resulta cuestionable académicamente y se vincula con una corriente de desprestigio de la palabra literaria por parte de lectores que experimentan cierto aburrimiento sine nobilitate, o que no se molestan en leer y cubren su cuota de prestigio cultural con Mad Men. Yo prefiero la adaptación televisiva de El comisario Montalbano. Esa me gusta de verdad. (Marta Sanz  Babelia Desprestigio de la palabra 20/9/14)

¿Comprenden a qué me refiero?

martes, 16 de septiembre de 2014

Un viento repentino


La corrupción




Distorsión.
El argumento más importante que han esgrimido lo nuevos partidos para ganarse el favor de los ciudadanos es la lucha contra la corrupción. ¿Pero va a solucionar todos los problemas que nos acosan la eliminación de este delito? Muchos ciudadanos, antes de 2008, disfrutaban del estado de bienestar, en la medida que les correspondiese, y no les importaba demasiado que hubiera banqueros ricos o cuentas en Suiza, porque un consumo moderado estaba a su alcance. El historiador Santos Juliá ha escrito: "... la bofetada que la crisis nos ha propinado ha sido tan sonora que nos ha abierto los ojos antes cerrados, o condescendientes, al maridaje de mercado y política, causa y razón de la pérdida de legitimidad del Estado democrático (...) Durante largos años la corrupción ha campado por sus respetos sin temor a que una reacción airada de la opinión pública hiciera morder el polvo a los corruptos".
Quizá la corrupción, con ser abyecta, no sea el temido Leviatán que destruye la democracia. La opinión pública piensa que la corrupción es la causa principal de nuestras desdichas y los políticos prometen eliminarla para ganar votos. Hasta los partidos más socavados por la deshonestidad prometen enmendarse y ser impolutos como arcángeles en el futuro. Pero no parece que acabar con los corruptos, si es que se puede, sea la solución definitiva de nuestros problemas. Uno piensa que la corrupción es un ingrediente intrínseco de las democracias o de cualquier sistema de gobierno en cualquier país. El ser humano se corrompe, en mayor o menor medida, con bastante facilidad, quizá siguiendo el impulso genético de garantizar su subsistencia. Al fin y al cabo entre la clásica pregunta "¿Con IVA o sin IVA?" y los 500 millones en un paraíso fiscal solo hay una diferencia cuantitativa. Un gobierno inteligente no consideraría prioritario eliminar la corrupción, aunque intentase controlarla; no se puede evitar que la gente se mate en las carreteras, pero el estado puede mejorar las medidas de seguridad y establecer normas que reduzcan el número de muertos. Antes habría que corregir la desigualdad, que es el verdadero cáncer que nos ha ido corroyendo con sigilo los últimos años.

Yo apoyaré a los que prometan luchar contra la desigualdad, porque este problema si es posible resolverlo a nivel colectivo, con leyes y decretos, mientras que la corrupción es un problema individual. Restaurar el equilibrio entre lo público y lo privado y reducir la desigualdad social deben ser los principales objetivos para regenerar nuestra democracia. Si esto se consiguiera, la corrupción disminuiría por sí sola, o en todo caso sería más fácil combatirla.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Minol


Cielo Inmenso

Simulación informática de Laniakea

El astrofísico británico Stephen Hawking ha asegurado que durante toda su vida ha intentando comprender el Universo, aunque "ahora mismo no sé todavía por qué existe". Frente al arrogante dogmatismo que suele caracterizar a los científicos, la desconcertada afirmación de Hawkins implica una reconfortante humildad. No dijo, o no quiso decir, que además de no saber por qué existe el Universo, es muy poco lo que se sabe sobre él.

 Un grupo de astrónomos ha descubierto ahora que las galaxias no están distribuidas al azar en todo el Universo, sino que se encuentran en grupos que contienen docenas de galaxias, y en cúmulos masivos que poseen cientos de galaxias, todas interconectadas en una red de filamentos (?) en la que las galaxias se ensartan como perlas. Han bautizado al supercúmulo donde se encuentra la Vía Lactea con el nombre de "Laniakea ("cielo inmenso" en hawaiano). Calculan que su diámetro es de 500 millones de años luz y contiene 100.000 galaxias. Estos descubrimientos le transportan a uno a la ciencia ficción de los años 50, y es de agradecer que estos astrónomos, como aquellos escritores, describan con palabras poéticas sus hallazgos. 

Además Laniakea parece estar avanzando hacia lo que se llama el Gran Atractor, un gran valle gravitatorio en las proximidades de los racimos Centaurus, Norma e Hydra, a unos 160 millones de años luz de distancia de nosotros. Lo de Gran Atractor, más que pertenecer a la literatura mencionada,  parece recién salido de una película fantástica de serie B.

No sabemos por qué existe el Universo y es improbable que lleguemos a saberlo alguna vez. Pero preguntar "por qué existe" es más importante que preguntar "cómo se originó". En general, a los científicos les importa descubrir cómo suceden las cosas, no por qué suceden, ya que ese por qué implica una causalidad que a menudo niegan. Creen estar razonablemente seguros de que el Universo se originó en un fenómeno cuántico singular, conocido popularmente como Big Bang, pero si se les pregunta por qué se produjo ese estallido, afirman que no existe ninguna razón: ocurrió por azar. El azar es el gran comodín de la argumentación científica y filosófica en nuestro tiempo, hace caer una cortina sobre lo que se desconoce y previene explicaciones no aceptables por la razón. Por ejemplo, la ciencia explica que la vida se originó cuando unas proteínas inertes aprendieron a replicarse, lo cual es altamente probable, pero si uno indaga por qué sucedió, la respuesta siempre es la misma: ocurrió por azar. Otro ejemplo. Aceptamos que, desde ese primer momento, los seres vivos han evolucionado según las leyes de Darwin, pero nadie nos explica por qué empezó a actuar la evolución.


Es sorprendente que a lo largo de la historia solo haya habido dos respuestas al misterio de nuestra existencia. La más antigua y generalizada es la hipótesis creacionista que, en sus diferentes versiones,  se apoya en criterios sobrenaturales no verificables. La segunda hipótesis es el azar, que por su propia naturaleza tampoco es verificable, pero parece ser actualmente la respuesta más adecuada para la ciencia. ¿No puede haber otras hipótesis que no sean teístas o basadas en la incertidumbre? 

Stephen Hawking ha escrito que no es necesario invocar ningún dios para explicar el origen del Universo, pero, si los periodistas han interpretado bien las palabras del científico británico, tampoco parece gustarle el azar. Ha preguntado "por qué".

Si usted piensa en el Universo incomprensible, es bueno escuchar a Bach, cuya música intemporal y también incomprensible nos ayuda a perdernos entre esas miríadas de estrellas. Escuche el Kyrie de la Misa en Si menor, si es posible sin ninguna connotación religiosa, y deje volar su pensamiento por la inmensidad del espacio.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Acera


Las series

¿Hay literatura en las series de televisión? Esta pregunta la hace El País a sus lectores y les anima a contestar. Yo quiero comentar algo sobre las series, así que intento dar mi opinión. Pero me entero de que, como máximo, se pueden escribir 200 palabras, y como no me gusta que me limiten, me olvido de El País y escribo en mi blog. Para empezar la pregunta es idiota o está mal formulada.  Yo preguntaría: ¿Hay cine en las series de televisión? Esto tiene más sentido, así que me contestaré a mí mismo.
Una cuestión previa. ¿Cuánta gente va al cine en estos días? No lo sé con exactitud, pero mucha menos gente que antes: las grandes salas han desaparecido y las películas de estreno duran un suspiro en cartel. ¿Por qué? Porque los televisores de alta definición y los equipos home cinema ofrecen una imagen y sonido perfectos, y las cadenas televisivas ofrecen los nuevos films con un mínimo retraso con respecto a las salas comerciales; y además Internet nos brinda  una amplia variedad de cine on line. Y todo esto sin salir de casa. De modo que al cine -con la excepción de cinéfilos recalcitrantes- debe ir de forma mayoritaria la gente joven, que, igual que ocurría en mi época, le gusta salir y alejarse lo más posible de los ambientes hogareños. Por otra parte, ahora lo importante no parece ser la calidad de la película, sino las dimensiones del tanque de palomitas.
Las series televisivas se han convertido en una poderosa alternativa al cine en el ámbito familiar. Pero ¿qué son las series? ¿Larguísimas películas de 15-20 horas de duración, exhibidas por entregas como los folletines decimonónicos, o son películas cortas, de 45 minutos, a razón de 20-24 por temporada? Más bien lo segundo, salvo honrosas excepciones, porque lo normal es que en cada episodio de la serie cambien los guionistas y el director, y de esta manera sea imposible mantener una coherencia continuada, tanto argumental como cinematográfica. Así, uno descubre que el bondadoso personaje de los tres primeros episodios, se convierte en repulsivo en la cuarta entrega, para retornar a su primitiva bondad, o a estados intermedios, en sucesivos capítulos. Podríamos citar como honrosa excepción moderna la serie "Breaking bad", coherente hasta el final y con mínimos altibajos, y entre las antiguas, "Retorno a Brideshead" y "Yo Claudio" por ejemplo. En estas series hay auténtico cine, o literatura, como quiere El País. Por eso las miniseries inglesas, aunque no tan mediáticas como las americanas, se aproximan más al cine y poseen una indudable calidad. Vean si no las casi olvidadas "Tipping the Velvet" y "Fingersmith", basadas en las novelas de Sarah Waters.

Esas otras series de mayor difusión, como "Anatomía de Grey", "Bones" o "CSI", son en efecto deshilvanadas e incoherentes y guardan poca relación con el buen cine, pero tienen una inestimable cualidad sofronizadora. Son perfectas para que usted, después de un día de intenso trabajo y conflictos en la oficina y en casa, se deje caer en su butaca/sofá, se tome una copa (opcional) y permita que el inane episodio de turno le limpie el cerebro de miasmas.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Paisaje onírico


Si no me equivoco

¿Ustedes creen que los que han convertido a Podemos en la tercera fuerza política de este país (en las encuestas) son todos de izquierdas? Ni por lo más remoto. Muchos son los indignados, los decepcionados, los que creen que todos los políticos son iguales, los que están hartos de corrupción, los que no saben cómo salir de la miseria, los que sin ser xenófobos creen que los inmigrantes usurpan sus derechos. En otras palabras: los que antes de 2008 disfrutaban del estado de bienestar, en la medida que les correspondiese, y no les importaba demasiado que hubiera banqueros ricos porque un consumo moderado estaba a su alcance, la hipoteca no les atenazaba y podían permitirse algún dispendio como irse una semana a la Rivera Maya. Estos ciudadanos, que no son ni de derechas ni de izquierdas, no se paran a pensar en este momento si un estado más intervencionista es mejor que otro más liberal; lo que quieren es que alguien les (nos) saque del agujero y les (nos) devuelva el añorado bienestar, porque entonces volverían a votar a los de siempre, derecha o izquierda, eso es lo de menos, o no votarían si ese domingo les daba pereza acercarse al Colegio Electoral. Somos como somos y nos encanta decir que no necesitamos salvapatrias, pero en cuanto aparece uno nuevo perdemos el culo para alistarnos en sus filas. No hay más que echar un vistazo a nuestra historia.

No se tome lo anterior como crítica a Podemos. Esta agrupación no engaña a nadie, y si usted se molesta en buscar su página web podrá leer sus estatutos y formarse una opinión objetiva sobre el tipo de estado que quieren conseguir, algo que no creo que hayan hecho todos los que los apoyan. En cuanto a mi opinión personal, ustedes disculpen, pero me la reservo hasta que Podemos sea un partido electo y vea cómo funciona. De momento solo es material de encuestas y tertulias.


El siguiente video no está relacionado con el texto, pero escuchen qué bien canta Madelyn Renee "El vals de Musetta", del segundo acto de La Bohème.