lunes, 1 de junio de 2015

Evocación del misterio

Sesión de espiritismo.


Hemos perdido el significado del misterio, una palabra que ya casi no se usa y antes evocaba un mundo de fantasía. No es que ya no haya misterios, el Universo está lleno de cosas asombrosas, pero, de manera inconsciente, sabemos que un día u otro la ciencia dará una explicación a todo lo que nos sorprende. La ciencia, en los últimos cien años, ha derribado muchas creencias y supersticiones y explicado fenómenos que durante milenios habían maravillado al ser humano. La ciencia busca la verdad, por inalcanzable que nos parezca, como antaño lo hicieron la filosofía y la religión, y esa búsqueda forma parte del progreso, algo que es imposible detener.

Los racionalistas absolutos me van a crucificar, pero echo de menos los antiguos mitos. Serían falsos, pero estimulaban la fantasía. ¿Quién se acuerda hoy de aquellas sesiones de espiritismo que congregaban a la alta sociedad? ¿Qué fue de aquellas medium cuya fama sobrepasó fronteras? ¿O de aquellos pseudofilósofos que propagaban sabidurías ocultas?





¿Alguien recuerda quién fue Madame Blavatsky? Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) fue una escritora ocultista rusa, fundadora de la Sociedad Teosófica. Sus libros más importantes son Isis sin velo y La clave Secreta. (Yo encontré en una librería de viejo de la Cuesta de Moyano, un ejemplar editado en los años 20 de Isis sin Velo, que no creo que conserve, y otro libro del teósofo español Mario Roso de Luna). Esta mujer fue tremendamente popular el siglo XIX, pero la ciencia, o la realidad si se quiere, barrió el recuerdo de Madame Blavatsky y sus esotéricas elucubraciones. La Teosofía fue un movimiento ecléctico occidental que fundía religiones como el cristianismo, el budismo y el hinduismo, y estaba directamente relacionado con los movimientos esotéricos espiritistas de finales del siglo XVIII, como los Gnósticos y los Rosacruces. Proponían el conocimiento de Dios a través del desarrollo espiritual y la intuición directa, fundiendo en un todo armonioso religión, ciencia y mitología. Y lo que son las cosas, resulta que, tras años de olvido, es esto mismo lo que predican ahora los cristianos posmodernos -Vattimo, Caputo-, aunque sin incluir la parafernalia espiritista. 

Hemos olvidado un poco la fantasía, estas cosas son recuerdos en blanco y negro, como las películas de Drácula y el Hombre Lobo. No es que creyéramos a pie juntillas en todo aquello, pero dejábamos una puerta abierta a la imaginación. ¿Se acuerdan de las sondas Pioneer? Fueron las primeras que la NASA lanzó al espacio en los años 70, llevaban un mensaje de la humanidad por si se tropezaban con una civilización extraterrestre. Pues bien, estas navecillas entrañaron un misterio durante muchos años. Los técnicos que controlaban su viaje notaron que las sondas no estaban donde debían estar, es decir que había una pequeñísima pero cuantificable desviación en su trayectoria con respecto a los cálculos matemáticos previstos. Esta anomalía - se llamó así, Anomalía de las Pioneer-, fastidiaba a los científicos, pero a uno le hacía soñar, no exactamente con marcianos, pero sí con fuerzas misteriosas todavía desconocidas para la ciencia. 

Hace poco, en 2012, el físico Slava Turyshev construyó un modelo informático, según el cual demostraba que el calor generado por las propias sondas era la causa de su desaceleración. Esta explicación tan plana me decepcionó un poco, pero últimamente he leído que no todos los sabios están de acuerdo con la teoría de Turyshev, así que aún hay margen para la fantasía.

Sin embargo nada tan romántico como esos barcos que se encuentran a la deriva en el océano, cuya tripulación ha desaparecido misteriosamente. Esos enigmas nunca han llegado a resolverse. Ha habido muchos casos de este tipo.




Pero quizá el más emblemático fue el del Mary Celeste, un bergantín botado en Escocia en 1861. El 5 de noviembre de 1872 zarpó, con el capitán Benjamín S. Briggs al mando, desde el puerto de Nueva York. La tripulación consistía en siete hombres, además de la mujer y la hija de dos años del capitán.Transportaban barriles de alcohol industrial hasta Italia. 

Un mes después, exactamente el 5 de diciembre, hacia las tres de la tarde, la tripulación del Dei Gratia, un barco que navegaba desde Nueva York hasta Gibraltar, avistó el bergantín cerca de las Azores. El capitán de este barco, David Reed Morehouse, conocía a Briggs, por lo que, cuando estuvieron los dos barcos lo suficientemente cerca y leyó el nombre del bergantín , Morehouse se temió lo peor, ya que de inmediato se dio cuenta de que no había nadie en cubierta. El capitán mandó a algunos de sus hombres al Mary Celeste para registrarlo y ayudar en lo posible. Al llegar al barco, no encontraron a ninguno de los tripulantes ni a la familia Briggs. La ropa de unos y otros estaba ordenada en sus respectivos cajones. No encontraron el bote salvavidas, el sextante, el cronómetro ni la bitácora. El diario de navegación se encontraba en el cuarto del capitán; la última anotación era del día 24 de noviembre, pero no señalaba nada relevante. Según el diario, el tiempo había estado revuelto, pero ninguna otra circunstancia de gravedad. El misterio del Mary Celeste conmovió a la sociedad de su época y se hicieron múltiples suposiciones para explicar lo sucedido. Incluso el escritor Conan Doyle escribió una novela sobre el asunto. Nunca se llegó a descifrar el misterio del Mary Celeste.

Pero bueno, volvamos a la realidad y evoquemos el misterio solo desde el punto de vista poético, que no deja de ser un agradable ejercicio mental. Aunque, esperen un momento: del Vuelo 370 de Malaysia Airlines, que desapareció en el Océano Índico el 8 de marzo de 2014, no se ha vuelto a saber nada, pese a que se rastreó con las técnicas más sofisticadas. A lo mejor en este mundo en que vivimos, tan aburrido y pragmático, aún hay posibilidad de evocar el misterio. 

Nada mejor para terminar que el 5º movimiento, Songe d'une Nuit du Sabbat", de la Sinfonía Fantástica, de Hector Berlioz.