martes, 26 de septiembre de 2017

La zona habitable

La Nuit étoilée. Vicent Van Gogh

Algunos científicos y pensadores se preguntan si el universo evolucionó como lo hizo para permitir la aparición de vida inteligente. Dicho de otra manera: ¿podría haber comenzado  la evolución antes de que se formaran las estrellas y terminar -por el momento- en el inteligente ser humano? Esto es lo que sostienen los partidarios del llamado Principio Antrópico, hipótesis muy discutida y no universalmente aceptada por los cosmólogos. El físico Brandon Carter lo enunció así: "Para que en este momento del tiempo haya mentes capaces de observar el universo, tienen que verificarse un número determinado de sucesos". 

Claramente esos sucesos se han producido. La primera crítica de este principio es puramente semántica, ya que parece una clara tautología: ya que existimos, es necesario que se den las condiciones para que existamos. O sea: si las condiciones hubiesen sido diferentes, las cosas serían diferentes. Pero la cuestión que permanece es por qué se originaron esas condiciones y qué leyes guiaron esa secuencia. 

El físico Paul Davies también se lo pregunta. “La expresión más refinada de la inteligibilidad racional del cosmos se encuentra en las leyes de la física. Pero ¿de dónde vienen estas leyes? y ¿por qué funcionan de la forma que lo hacen?" Que las leyes existan sin razón alguna es para Davies profundamente irracional. Pero para gran parte de la comunidad científica esta es una pregunta inadecuada: las leyes son simplemente las que son porque así se ha demostrado experimentalmente. Los físicos tienen una respuesta: el universo surgió por azar y también la vida, y a partir de ahí se hizo cargo de todo la evolución darwiniana. Hoy sabemos que la selección natural se ocupa sobre todo de la supervivencia y la reproducción y que muchas mutaciones no son debidas a la selección natural, sino a algo que se llama deriva genética y que es en realidad otra versión del azar. Según esto la inteligencia, la conciencia de ser, podría no estar en absoluto prefijada desde el origen de los tiempos y ser solo la consecuencia de una mutación aleatoria. 

Confiar todo al azar es muy práctico para la ciencia, así se cierra el paso a cualquier otra interpretación, como por ejemplo el creacionismo religioso. Y no solo el cristiano, claro, en todas las mitologías actuales o extintas hay un relato de la creación más o menos sofisticado. Para los creyentes este tipo de explicación suele ser  suficiente, pero a los que no creen les gustaría tener una respuesta racional de estos asuntos. No obstante, los cosmólogos, aunque nieguen el principio antrópico, no dejan de tener en cuenta las sorprendentes "coincidencias" de esta hipótesis cuando afirman que determinado planeta extrasolar se sitúa en la "zona habitable" de su sistema.  

Como se sabe las órbitas planetarias en torno al Sol son elípticas (Newton demostró que las órbitas circulares son inestables). Ahora bien, la excentricidad de las órbitas planetarias es variable, de manera que los planetas presentan notables diferencias en sus respectivos puntos orbitales de mayor o menor acercamiento al sol. La órbita de la Tierra es casi circular, es decir, tiene una excentricidad próxima a cero (exactamente del 2%), debido a lo cual las variaciones de temperatura en su mayor o menor acercamiento al Sol no son significativas, y lo que causa el ciclo de las estaciones, y por tanto las variaciones de temperatura en nuestro planeta, es la inclinación del eje de rotación de la Tierra con respecto al Sol. Pero si la excentricidad de la órbita terrestre fuese sólo del 20%, como le ocurre a Mercurio, las diferencias de temperatura entre el punto más cercano y el más alejado del Sol, serían de unos 110º C, circunstancia poco compatible con la vida. También es significativa la relación entre la masa del Sol y su distancia a la Tierra, ya que si nuestro Sol fuera tan solo un 20% más o menos masivo, la Tierra sería más caliente que Venus o más fría que Marte. Parece por tanto que hemos tenido suerte y la Tierra orbita en una zona habitable. No sabemos por ahora si los exoplanetas candidatos a albergar extraterrestres, cumplen con el resto de los parámetros además de orbitar en una zona habitable.

El hecho de que existamos no sólo impone restricciones con respecto a nuestro entorno, sino también sobre la forma y contenido de las leyes de la naturaleza. Volvemos a encontrarnos con las famosas leyes y esto es más difícil de digerir, porque ya no se trata de circunstancias locales, más o menos comprensibles, sino de aceptar que las leyes y constantes físicas que regulan la inmensidad del universo de principio a fin, también podrían estar diseñadas para que la vida pueda existir. Ya sabemos que el carbono proviene de las estrellas, pero para que se formaran esas estrellas fue necesario que el universo evolucionara según unos determinados parámetros, los mismos que luego las harían estallar. 

De la materia estelar resultante se formarían nuevas estrellas y planetas y aparecería por fin el insustituible carbono. ¿Qué hubiera ocurrido si las leyes y constantes físicas fueran diferentes? Simulaciones con ordenador demuestran que una variación de sólo un  0,5 % en la intensidad de la fuerza nuclear fuerte o de un 4% en la fuerza electromagnética destruirían toda posibilidad de que se formasen carbono y oxígeno en las estrellas, con lo que la vida, tal y como la conocemos, no podría haber surgido. Lo mismo ocurriría si los valores de las constantes fueran diferentes, por ejemplo si la masa del protón y la del electrón tuvieran otros valores.        

¿Qué se puede pensar de todas estas extrañas coincidencias? Se podría decir con cautela que éste es un universo bien ajustado y se podría suponer que algo o alguien ha realizado un exquisito diseño. Es comprensible, por tanto, que los creyentes piensen que ese diseñador ha sido una deidad; es la solución más fácil desde un punto de vista emocional. Otra cosa es que los fundamentalistas religiosos traten de manipular a su conveniencia estos conceptos. La expresión diseño inteligente (que a priori parecería adecuada para referirse al universo) ha sido adoptada por los extremistas cristianos para reivindicar una interpretación literal del Génesis, negar la teoría de la evolución y rechazar los avances de la ciencia. 

No obstante, y por descontado  excluyendo los mitos religiosos, la negación de cualquier forma de diseño  en la formación del universo parece cuanto menos una limitación intelectual. Sobre este punto, los científicos argumentan que si el universo no fuese como es (o no hubiese evolucionado como evolucionó) nosotros no existiríamos y que, por lo tanto, preguntarse cómo es que existimos (o por qué no "no existimos") no tiene sentido. 

En fin, que me perdonen los físicos, pero si hemos de creer que el universo se formó de manera accidental, resulta difícil concebir que de ese absurdo surgiera una prodigiosa organización, regida por ajustadísimas leyes, que entre otras cosas permitió la aparición de la vida.

Ahora viajen un poco a través del universo con la estupenda versión de Scorpions del clásico de Lennon y McCartney.





domingo, 17 de septiembre de 2017

Extraterrestres

Trappist-1

No lo niegue, usted también cree en los extraterrestres. Le parece imposible que seamos las únicas mentes inteligentes en nuestro vasto universo. Se sobrecoge, quizá, ante una soledad tan absoluta e incomprensible y siente una punzada de esperanza cada vez que los astrónomos identifican un planeta extrasolar capaz de albergar formas de vida. 

En la mente de escritores, artistas y científicos siempre ha bullido la necesidad de que existan otras civilizaciones inteligentes y otros mundos habitables. Y no es un fenómeno reciente, la literatura y el arte están plagados de alienígenas y fantásticos viajes a otros mundos. Los más antiguos o mejor recordados son los relatos de Cyrano de Bergerac, Histoire comiqué des Estats et empires de la Lune, 1657La Luna fue el primer cuerpo celeste en el que la imaginación humana se atrevió a situar habitantes, incluso se los bautizó con un nombre: selenitas. Ellos fueron los primeros extraterrestres. De hecho hasta los primeros años del siglo XX –cuando ya no parecía verosímil que los selenitas pululasen por nuestro satélite- no se imaginaron viajes a Venus y a Marte y más tarde a otras galaxias.

En la ficción, las intenciones de los extraterrestres que visitan nuestro planeta han oscilado entre dos extremos: unas veces han sido crueles invasores, otras, seres superiores que nos han hecho ver los problemas de nuestra catastrófica civilización. En cuanto a su aspecto, los alienígenas han adoptado una variadísima gama de morfologías. Pueden ser individuos con extremidades tentaculares, arácnidos gigantescos, seres de color verdoso (los famosos "hombrecillos verdes" con orejas en forma de trompeta), etcétera. También podían adoptar una forma semejante a la humana, aunque con diferencias marcadas de estatura, color y tamaño de la cabeza. 

"Encuentros en la tercera fase". Spielberg, 1977.

El experto en robótica japonés Masahiro Mori improvisó en 1970 una curiosa teoría, que denominó Valle Inquietante, según la cual los robots con aspecto humanoide despiertan una empatía creciente, mientras no llegan a ser demasiado parecidos a un ser humano. "Pero cuando las réplicas antropomórficas se acercan en exceso a la apariencia y comportamiento de un ser humano real, causan una respuesta de rechazo entre los observadores humanos". En ese momento la curva empática cae bruscamente (valle inquietante), la empatía desaparece y se experimentan extrañeza y repulsión. No sé  si los psicólogos estarán de acuerdo con esta teoría, pero al menos, como su propio nombre indica, resulta inquietante.

Igual que ocurrió en nuestro planeta, el progreso empequeñeció las distancias del sistema solar. La Luna estaba ya demasiado cerca y los escritores trasladaron su fabulación a Venus y Marte. La posibilidad de que Marte estuviese habitado se consideró muy seriamente hasta bien entrado el siglo XX, y no solo en la ficción, que inauguró H.G. Wells  con su novela La guerra de los mundos (1898). (Es muy conocido el pánico real que despertó la adaptación radiofónica de esta novela por Orson Welles en 1938). 

Pero sustos aparte, los astrónomos empezaron a tomarse muy en serio la posibilidad de que hubiera habitantes en Marte a partir de las observaciones de Giovanni Schiaparelli (1835-1910). Este astrónomo creyó observar una red de estructuras lineales en el planeta rojo que denominó canales. Esos canales, según los dibujó Schiaparelli, sugerían fuertemente que se trataba de construcciones artificiales y abrían por tanto la posibilidad de que Marte estuviera habitado. 


Mapas de Marte de Schiaparelli.
Sus observaciones causaron una gran expectación, aunque no todos los astrónomos estuvieron de acuerdo con el italiano. Sin embargo el multimillonario norteamericano Percival Lowell (1855-1916), excéntrico y astrónomo aficionado, fue un converso del descubrimiento de Schiaparelli, y dedicó su vida a demostrar que en Marte había vida inteligente. A tal fin, construyó su particular observatorio astronómico y trazó sus propios mapas. Aunque no encontró marcianos, el Observatorio Lowell, en Flagstaff, Arizona, sigue funcionando en la actualidad. Dos cráteres, uno en la Luna y otro en Marte, llevan su nombre.

Mapas de Lowell

Al final, los avances tecnológicos demostraron que los supuestos canales marcianos solo eran un efecto óptico, pero la posible existencia de marcianos dejó una profunda huella en el imaginario popular, hasta el punto que el término marciano se ha convertido en sinónimo de extraño en el lenguaje coloquial.

No se puede decir si es probable o improbable que haya vida en otros planetas, ya que solo conocemos una pequeña porción del universo. Tampoco quiere decir nada que hasta ahora no se haya establecido comunicación con posibles extraterrestres. Puede que estén muy lejos, o que no tengan tecnología adecuada o simplemente que no quieran comunicarse. Lo que sí se puede decir es que el recorrido desde la primera célula hasta el ser humano es largo, difícil y azaroso, y todo ello asumiendo que la vida se basa en el carbono. ¿Podría ser diferente en otro planeta? Es poco probable, ya que los elementos que conocemos son los mismos en todo el cosmos y no parece que haya un elemento más apropiado para la vida que el carbono. 

Que la vida se base en el carbono es una limitación temporal para su desarrollo. Este elemento se forma en el interior de las estrellas y solo cuando una estrella se convierte en supernova y estalla, el carbono y otros elementos pesados se difunden por el espacio y pueden alcanzar un planeta. Si el Big Bang se produjo hace 13.800 millones de años, y la vida, según los últimos cálculos, empezó en la Tierra hace 4000 millones de años, y el Homo Sapiens existió hace tan solo 130.000 años, somos como quien dice unos recién llegados. Se podría asumir por tanto que otras civilizaciones, si las hay, hayan empezado un poco antes o un poco después que la nuestra. ¿Pero habrá sido su evolución semejante a la nuestra? 

Se puede pensar que los procesos que han llevado a la aparición de la vida estaban determinados por las leyes de la naturaleza. La formación de átomos, moléculas y compuestos químicos cumplen estas leyes. Pero después, quizá desde que se reprodujo el primer ser unicelular, ha entrado en juego la selección natural, la cual, partiendo de las premisas ambientales básicas que permiten el desarrollo de la vida, ha sido responsable de la evolución de los seres vivos en la Tierra. Sin embargo, así como las leyes de la naturaleza es probable que sean válidas en cualquier lugar del universo, la selección natural puede haber actuado de manera muy distinta sobre las hipotéticas vidas surgidas en otros planetas. 

La evolución no depende únicamente de la adaptación al medio, sino que gran parte de mutaciones han sido aleatorias o provocadas por catástrofes: glaciaciones, sequías, colisión de meteoritos (extinción de los dinosaurios), etc. El paleontólogo Stephen Jay Gould dejó dicho que si por azar recomenzara la vida en la Tierra, la evolución nunca seguiría los mismos caminos. Por tanto, si ha habido evolución en otros planetas es prácticamente imposible que se asemeje a la nuestra. De esta manera, podríamos imaginar seres vivos que aún no hubieran alcanzado la inteligencia, o tener una inteligencia incomprensible para nosotros, o ser inteligentes con una anatomía totalmente distinta. 

En un viejo cuento de ciencia ficción los humanos establecen contacto con una nave extraterrestre que viaja hacia la Tierra, y no tienen problemas para entenderse con ellos por radio. Un nutrido grupo de personas aguarda su aterrizaje, pero pasa el tiempo y la nave no aparece. En realidad los alienígenas han aterrizado ya, pero su nave se ha hundido en un charco de lluvia porque sus tripulantes son del tamaño de bacterias.

domingo, 5 de febrero de 2017

Epifanías bálticas

Aleksandr Drevin. Armenia. 1933

Quería hablarles hoy de un compositor letón y me encontré, además, con un pintor y un poeta. 

No es fácil encontrar datos culturales sobre Letonia en Internet. Hay muy poco escrito sobre su música, al margen de que Letonia ganara el concurso de Eurovisión en 2002 y tener el potente grupo de rock,   Perkons. Hay artistas letones muy conocidos, como el pintor Mark Rothko, que vivió siempre en Estados Unidos, el cineasta Sergéi Einsenstein, el violinista Gidon Kremer o la mezzosoprano Elina Garanca, pero poca gente los relaciona con Letonia. El compositor letón más famoso es Peteris Vasks, del que ya hablamos en estas páginas, aunque su fama es relativa, su música no se interpreta muy a menudo y es valorado sobre todo por los expertos.

El compositor del que quería hablarles se llama Imants Zemzaris (Riga, 1951) y el poeta Imants Ziedonis (1933-2007). No es una coincidencia, el nombre de varón Imants es muy frecuente en Letonia. Proviene del idioma livonio, lenguaje casi desaparecido que solo se conserva en la parte norte del país. Su significado es "milagro" o "regalo", o las dos cosas, no está muy claro. El pintor es Aleksandr Drevin (1889-1938). 

He leído que hasta el siglo XIX la cultura letona se transmitía de manera oral, lo cual parece exagerado, pero es cierto es que en siglos anteriores apenas se encuentran testimonios de literatura o composición musical estrictamente letones. Debido, quizá, a que este pequeño país siempre ha formado parte de otros imperios y hasta 1991 no se constituyó en república independiente. 
Sin embargo su folclore es antiquísimo, se remonta a épocas precristianas, y su forma más característica son los dainas, composiciones que integran poesía y música. Los dainas son muy cortos, por lo general sólo una o dos estrofas sin rima, parecidos a los haikus japoneses. Aún se siguen cantando en las ferias populares, acompañados por las cítaras bálticas. 

"Quien dijo eso, mintió, que el Sol se acuesta por la noche; ¿El Sol se levanta? ¿Dónde se acostó ayer?"



El poeta Imants Ziedonis fue un personaje controvertido. Nació y se educó en el tiempo en que Letonia formaba parte de la Unión Soviética y, aunque se proclamaba nacionalista y defensor de la libertad de expresión, mantuvo siempre un equilibrio entre la disidencia y la aceptación del gobierno soviético. Si bien, al final, participó activamente en la Revolución Cantada, llamada así por las manifestaciones de junio de 1988 en el Auditorio de la Canción de Tallin, donde se cantaban canciones patrióticas para reivindicar la independencia de los países bálticos. Letonia es uno de los países  más aficionado a los coros. Algunos poemas de Ziedonis toman claramente  como referencia la estructura de los dainas, en forma de versos cortos. Él los llama Epifanías.

Contempla el mundo con ojos de oro
antes de que lo roben. Otro tesoro
no tenemos.

Qué llamada extraña la de la grulla,
como una mujer en la ciénaga.
Este miedo.

Estuve allí. Un país
en el que debes dejar tus colores atrás
para entrar desnudo.

Los campos de trigo son dorados,
y la luna también.
Sólo yo soy de plata.

La belleza,
explica la anciana profesora,
siempre llega inesperada;
y provoca un pequeño incomodo.

Aleksandr Drevin. Bañista. 1929

Aleksandr Davidovich Drevin nació en Letonia, pero desarrolló toda su obra en Rusia. Yo no conocía este pintor, pero eso solo es achacable a mi ignorancia artística.

Alexandr Drevin. Autorretrato.
Entre 1920 y 1923, Drevin y su esposa, la pintora Nadezhda Udaltsova, fueron miembros del INJUK (Instituto para la Cultura Artística), que dirigía Vasili Kandinsky. Posteriormente abandonaron esta institución debido al conflicto que surgió entre Kandinski, Malévich y otros pintores idealistas frente a los constructivistas Vladímir Tatlin y Aleksandr Ródchenko, seguidores del "plan de propaganda monumental" ideado por las autoridades políticas de la Revolución. 

Aleksandr Drevin. Altai. 1932-33
Aleksandr Drevin. Carretera armenia. 1932-33
Aleksandr Drevin. Arbusto rosa. 1932

La pintura de Drevin evolucionó hacia formas vacías, que rechazaban intencionalmente lo decorativo. Los soviéticos calificaron su estilo de "primitivismo brutal, carente de cualquier mensaje político o de cualquier propósito en absoluto". La mayor parte de sus últimas obras son paisajes que pinta en sus viajes a Altai y a Armenia, en los que intenta crear una imagen abstracta de la naturaleza. 

Aleksandr Drevin. Dos en la ciudad. 1930


Aleksandr Drevin. Gacelas. 1931

Drevin fue detenido por el NKVD el 17 de enero de 1938, durante el periodo denominado "Gran Terror", y ejecutado el 26 de febrero, cerca de Moscú. Irónicamente fue rehabilitado en 1957. 


Al fin llego a Imants Zemzaris, el compositor. ¿Pero qué decir de
él? Su vida, comparada con la del poeta y la del pintor, es sencilla y pacífica. Enseña música en Riga y compone para el cine y el teatro. Pero él ha dicho que su trabajo siempre se inspira en la pintura y la poesía. Su música es también sencilla y mínima, y en sus composiciones hay un recogimiento y una intimidad reconocible. Casi todo lo que escribe es música de cámara o partituras para piano que él mismo interpreta. Pero en esas sencillas composiciones se percibe una inmensa soledad que, quizás, evoca las inmensas llanuras solitarias de su país o recuerdos entristecidos de su pueblo. Les dejo con la música de Imants que, en cierto modo, es también un "milagro" y un "regalo".



martes, 24 de enero de 2017

Cuentos de hadas

Atardecer

Hoy les dejo unas reflexiones de Jeanette Winterson, seleccionadas de su libro "¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?"

¿Recordáis cómo engañó Simbad al genio? Simbad abre la botella y aparece un genio de trescientos pies de alto que dejará tieso a Simbad. Así que Simbad apela a su vanidad y apuesta con él a que no es capaz de volver a meterse en la botella. En cuanto el genio lo hace, Simbad tapona el cuello de la botella hasta que el genio aprende a comportarse.

A Jung, no a Freud, le gustaban los cuentos de hadas por lo que nos cuentan sobre la naturaleza humana. A veces, con mucha frecuencia, una parte de nosotros es a la vez voluble y poderosa: ahí va esa rabia enorme que puede matarte a ti y a los demás, y que amenaza con aplastarlo todo. No podemos negociar con esa parte poderosa pero enrabietada de nosotros, hasta que le enseñamos a comportarse, lo que significa volver a meterla en la botella para mostrarle quién está al mando. Esto no es represión, sino la búsqueda de un recipiente. En la terapia, el psicólogo actúa como recipiente de lo que no nos atrevemos a sacar porque nos asusta, o de lo que sale con demasiada frecuencia y destroza nuestras vidas.
......

Creo que tener el tamaño adecuado para tu mundo —y saber que tanto tú como tu mundo no tienen de ningún modo unas dimensiones fijas— es un truco muy válido para aprender a vivir.
......

Pensad, por ejemplo, en Las habichuelas mágicas, que trata básicamente de un gigante feo y estúpido y un pequeñín listo, Jack, de pies rápidos. Vale, pero el elemento voluble son las habichuelas, que comienzan siendo una plantita y crecen hasta convertirse en algo gigantesco parecido a un árbol por el que escala Jack para llegar al castillo. Este puente entre dos mundos es impredecible y muy sorprendente. Más adelante, cuando el gigante intenta subir en pos de Jack, hay que cortar el tronco al instante. Esto sugiere que la búsqueda de la felicidad, a la que también podríamos llamar vida, está llena de elementos sorpresa que no duran en el tiempo: llegamos a algún sitio al que no podríamos ir de otro modo y sacamos provecho del viaje, pero no podemos quedarnos, no es nuestro mundo, y no debemos permitir que ese mundo se entrometa en el que nos es permitido habitar. Hay que cortar el tronco de las habichuelas. 

Pero las riquezas a gran escala del «otro mundo» se pueden traer al nuestro, como hace Jack al salir corriendo con el arpa que tocaba sola y con la gallina de los huevos de oro. Todo lo que «ganemos» se adaptará a nuestro tamaño y nuestra forma, como las princesas en miniatura y los príncipes sapos que asumen la forma verdadera y necesaria para su próxima vida, y la nuestra.


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La música hoy es de Henry Purcell, la conocida aria "When I am laid in earth" de su ópera "Dido y Eneas". Me gusta como la canta Emma Kirkby, con su voz imperfecta y pequeña, pero cristalina y emocionante.


miércoles, 18 de enero de 2017

 Una imagen: Kym Greeley, "I Feel Allright", 2015



Un relato: Los profesionales

Erik Larssen frunció levemente el entrecejo. Había recibido un mensaje anónimo inesperado que podía alterar sus planes. Larssen era un asesino de élite y aquello era una anomalía, algo inusual en su manera de trabajar, que siempre se ajustaba a una metodología muy estricta e invariable. Lo más prudente sería ignorar aquella información, pero persistía el hecho de que alguien hubiera sido capaz de localizarlo y eso le inquietaba. Larssen siempre trabajaba a través de intermediarios y muy rara vez establecía contacto con quien le contrataba, a veces incluso desconocía su identidad. Un mensaje indicándole que su objetivo se encontraba en un determinado hotel de Paris solo podía ser una trampa. Era impensable que su patrocinador estuviese intentando allanarle el camino, pero aunque así fuera, resultaba alarmante que le hubieran podido localizar. Pero tanto si era esa la explicación como si era una trampa, el problema era el mismo: alguien había conseguido hacerle llegar un mensaje. Larssen aún no había localizado a su objetivo y pensaba hacerlo a través de sus propias fuentes. Ahora se le planteaba un dilema: seguir con su línea de acción habitual, dejando un cabo suelto,  o presentarse en Paris e intentar neutralizar la posible emboscada.

Continuó examinando posibilidades y de pronto supo quién le había enviado el mensaje. Larssen sonrió. Había reconocido la estrategia. Olga Ulitskaya, una profesional del crimen de alto nivel, habría sido informada de que Larssen debía matarla y se defendía de la mejor manera: anulando un posible ataque por sorpresa y proponiendo un encuentro. Así Larssen sabría que iba a enfrentarse con un adversario difícil y prevenido. Tal vez había en el mensaje la sugerencia de un pacto. Larssen movió la cabeza. Un pacto era un signo de debilidad impropio de Olga, ella debería saber que él nunca aceptaría nada que le desviase de su cometido. Por lo tanto, si en efecto ella proponía un pacto, sería en realidad una maniobra de distracción en la que no debería caer. Anulado el efecto sorpresa, Larssen supo que también él se enfrentaba con la muerte. Ahora solo le quedaba una opción: viajar a Paris.

Olga recorrió las salas del Musée d'Orsay hasta llegar a la estancia donde se exhibía "Le Bal du Moulin de la Galette". Desde lejos reconoció a Larssen. Alto, flexible, cabello lacio de un color casi ceniciento y ojos azules muy claros. Se detuvo un momento antes de acercarse al sueco que parecía contemplar con fijeza el cuadro de Renoir, aunque Olga estaba segura de que ya la había visto llegar. En alguna ocasión se había referido a Larssen como el "hombre de hielo" a propósito de su mirada fría y su forma metódica de trabajar. Pero ella sabía que en otros asuntos no profesionales no era tan gélido. Se acercó sonriendo al hombre que solo se volvió hacia ella en el último instante. Sin hablar Olga le abrazó y le besó en la boca unos segundos. Larssen correspondió al saludo. Luego se miraron sonrientes, un observador ajeno hubiera dicho que casi con afecto.

- ¿Vamos a comer algo? -dijo Olga.
- De acuerdo.
- Cerca de mi hotel hay un bistró donde se come bien.

Caminaron hacia la salida. Olga se volvió hacia el sueco al llegar a la calle.

- ¿Sin armas? -dijo ella extendiendo las manos abiertas.
- Sin armas -replicó Larssen.

El sueco detuvo un taxi. En el restaurante hablaron de tiempos pasados, y solo al final de la comida Olga afrontó la situación.

- Soy tu objetivo en este trabajo.
- Así es.
- No sabes por qué, claro.
- No, ni me interesa saberlo. Como tampoco te interesaría a ti.
- Cierto. Sin embargo este encuentro cambia un poco las cosas. Para la forma en que hacemos nuestro trabajo esta no es una posición ventajosa para ti.
- No.
- Ni para mí, si quisiera librarme de ti. Digamos que nos movemos en un terreno neutral.
- Eso parece.
- ¿Qué hacemos entonces?
- Yo no te voy a revelar mi plan de acción. Ni tú tampoco a mí.
- Por supuesto -dijo Olga-. Deberíamos encontrar algo que desbloqueara la situación. ¿Se te ocurre algo?
- Quiero que hagamos el amor -dijo Larssen alargando la mano para estrechar la de Olga.
- Recordar viejos tiempos... - ella sonrió -. ¿Y después?
- Después nos separamos y que decida el destino.
- Vamos a mi hotel - dijo Olga levantándose.

Olga atravesó el vestíbulo del hotel, seguida del sueco, y se dirigió a los ascensores. Larssen la retuvo:

- Hemos dicho en terreno neutral. 

Ella asintió con la cabeza y el sueco se dirigió al mostrador de recepción para alquilar una nueva habitación. 

- Pide que nos suban champán. Celebremos esto comme il faut -dijo Olga.

En la habitación apenas cruzaron palabra. Cuando llamaron a la puerta estaban casi desnudos. Larssen recogió la bandeja con una botella de Veuve Clicquot y dos copas. Sirvió la bebida y regresó a la cama con una copa en cada mano. Bebieron y rellenaron las copas varias veces. El sueco abrazó con pasión a Olga y ella intentó dejar su copa en la mesilla, pero debido al forcejeo la copa golpeó con el borde de mármol y se hizo añicos.

- ¡Qué torpe estoy! -se lamentó la rusa -. He bebido demasiado. Deja que recoja esto, podemos cortarnos.

Recogió los fragmentos y los tiró en la papelera del cuarto de baño. Volvió a la cama totalmente desnuda y se abalanzó sobre Larssen, que respiraba con agitación. Antes de continuar Olga atenuó la luz. 


Después de hacer el amor se quedaron tendidos uno junto al otro. La habitación estaba en penumbra. El hombre, inmóvil, miraba fijamente al techo, atento a la respiración de su compañera. Dejó pasar el tiempo hasta que la respiración de Olga se hizo profunda y acompasada. Movió lentamente el brazo izquierdo hasta que su mano derecha tocó su reloj de pulsera. Se detuvo. No apreció ningún cambio en la mujer. Con rapidez tiró de la corona de su reloj extrayendo un fino cable de acero. Se giró con sigilo y observó a Olga. No se había movido ni se había modificado su respiración, tenía los ojos cerrados. Larssen asió con firmeza el cable y con un movimiento rápido y preciso se echó sobre Olga y ciñó su cuello con el cable. Ella abrió los ojos e intentó zafarse, pero el sueco tiró con fuerza de los extremos del cable impidiéndole respirar. La mujer pataleó y se llevó las manos al cuello con desesperación. Larssen aumentó la presión y pensó que había sido más fácil de lo que imaginaba. Un poco más de presión y todo habría terminado. De pronto sintió que le fallaban las fuerzas y se enturbiaba su visión. Percibió algo e instintivamente se llevó la mano al cuello. Notó la humedad y oyó el gorgoteo: de su cuello manaban latigazos de sangre. Antes de desvanecerse vio a Olga con un fragmento de cristal ensangrentado en la mano. 

Una música:  "The Lovers of Beirut". Anouar Brahem es un compositor tunecino que crea una interesante fusión entre el jazz y la música árabe.




jueves, 1 de diciembre de 2016

Equinoccio de otoño


Mariposa de otoño. Pablo Neruda

La mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.
Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.





Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.



Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.





Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,convalece.

Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.
Se va la mano que te induce.

Se va o perece.





Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.
El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.



Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.
Su lengua tibia me rodea.
También me dice: —Te parece.




La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.


Cécile Louise Stéphanie Chaminade. "Automne". 


miércoles, 19 de octubre de 2016

Ida y Maurice


Maurice Ravel, 1925.
En 1928 Maurice Ravel acaba de regresar de una gira triunfal de conciertos por Estados Unidos y Canadá. Es ya un músico famoso. Muerto Debussy, nadie puede disputarle la primacía de la música francesa y sus composiciones son aplaudidas en toda Europa. Aquel año fue enormemente fructífero para la música europea: Bela Bartok había compuesto su cuarteto nº 4, Nielsen terminaba su Concierto para clarinete y Prokofiev su 3ª Sinfonía. 

Poco antes de partir hacia las Américas la bailarina rusa Ida Rubinstein le encarga un ballet de carácter español, para ser representado por su propia compañía, "Les Ballets de Ida Rubinstein". A Ravel le entusiasma la idea. Había compuesto en 1919 "La valse", un ballet que no gustó demasiado, y su último éxito en este género se remontaba a 1912 con "Ma Mère l'Oye". Competiría, además, con el último ballet de Stravinsky, "Apollon musagète", que se representaba con éxito en Paris bajo la dirección escénica de Diàghilev. 

Al volver del viaje, Ida Rubinstein le recuerda su compromiso y
Ida Rubinstein, 1922
apremia al compositor, pero Ravel tiene múltiples compromisos y opta por una solución rápida: orquestará seis piezas de la suite para piano "Iberia", de Isaac Albéniz,  y la composición se llamará "Fandango". Cuando ya ha empezado el trabajo, Ravel es advertido por su amigo Joaquín Nin de que los derechos de orquestación de "Iberia" están cedidos en exclusiva a otro compositor español, Enrique Fernández Arbós, un discípulo de Albéniz. El músico se desespera: "¿Quién es este Arbós? ¿Qué voy a decirle a Ida? ¡Se pondrá furiosa!" Al tener noticia  Arbós del conflicto propone al francés renunciar a sus derechos sobre "Iberia", pero Ravel se siente desilusionado y piensa en abandonar el proyecto.


¿Pero quién es Ida Rubinstein? La bailarina, que tiene 42 años cuando le hace el encargo a Ravel, había nacido en Kharkov, en el seno de una familia judía bien acomodada, pero queda huérfana muy pronto y es educada por una tía en San Petersburgo. Al parecer a Ida le gusta más el teatro que el baile, y quizá debido a ello su formación en la danza nunca llega a ser demasiado perfecta. No obstante, bajo la supervisión de Michel Fokine, debuta en una representación privada de "Salomé", de Oscar Wilde y música de Glazunov, en la que Ida se desnuda por completo en la Danza de los siete velos.

Ida Rubinstein, Pintada por Valentín Serov (1910)

Después se va a París y comienza su carrera como actriz, sin tener demasiados escrúpulos por los teatros donde actua ni por los papeles que le ofrecen. De manera inevitable, llegan a oídos de su conservadora familia noticias sobre los descocados atuendos que luce su pupila en escena. Horrorizados y temiendo que caiga en la prostitución, dan órdenes a su cuñado, un médico parisino llamado Lewinsohn, para que la declare loca y la ingrese en un manicomio. La estancia es breve, ya que su honorable familia considera también un escándalo que Ida esté recluida en tan deshonrosa institución y la reclama a San Petersburgo. Una vez allí, le asignan una severa institutriz, que la vigila día y noche para que su conducta sea la adecuada para una joven soltera de su elevada clase social. Pero Ida añora París, y para liberarse del yugo familiar y poder controlar su herencia, acepta casarse con su primo hermano Vladimir Gorvits, que está locamente enamorado de ella. 

No sabemos cuánto dura el matrimonio, pero pronto está de regreso en París, donde Sergei Diaghilev la contrata para sus Ballets Rusos como protagonista para Cleopatra y Scherezade, actuando con Nijinsky en el último ballet. Ida Rubinstein nunca fue una bailarina excepcional, pero suple sus carencias con la fuerza y la expresividad que tiene como actriz, y consigue éxitos memorables. En 1911 inicia una relación sentimental con la pintora Romaine Brooks, una amiga del escritor italiano Gabriele D'Annunzio, que pinta innumerables retratos de Ida, y su cuerpo desnudo sirve de modelo para su cuadro "Venus triste". 

"Venus triste". Romaine Brooks

En 1911 Ida Rubinstein actúa en "Le Martyre de Saint Sebastien", con un libreto de Gabriele D'Annunzio y música de Claude Debussy. Es un triunfo absoluto, tanto por el modernismo del montaje como por el escándalo que provoca. El arzobispo de París pide a los católicos que no acudan a este espectáculo, debido a que San Sebastián está interpretado por una mujer y, además, judía.

Pero volvamos a Ravel. Desilusionado por no poder complacer a Ida Rubinstein, Ravel se toma unas cortas vacaciones en su ciudad natal, Ciboure, en el País Vasco Francés, junto a su amigo el compositor Gustave Samazeuilh. Una mañana Samazeuilh encuentra a Ravel sentado al piano, todavía en pijama, con los ojos brillando de excitación: "Madame Rubinstein me pide un ballet. ¿No encuentra usted que este tema tiene insistencia? Voy a intentar repetirlo un buen número de veces, sin ningún desarrollo, graduándolo solo con la orquesta. De manera que esto resultará como "La Madelon". Así nace "Boléro", la composición más famosa de Maurice Ravel. 

Es un movimiento orquestal, inspirado en una danza andaluza, que se caracteriza por un ritmo y un tempo invariables, con una melodía obsesiva —un ostinato— en do mayor, repetida una y otra vez sin ninguna modificación salvo un crescendo de los efectos orquestales y una coda final estruendosa.

A Madame Rubinstein le agrada el trabajo de Ravel y "Boléro" se estrena el 22 de noviembre de 1928 en París, en la Ópera Garnier, bajo la dirección de Walther Straram, con una coreografía de Bronislava Nijinska y con decorados de Alexandre Benois. 
Ravel había imaginado que el ballet fuera montado en un espacio exterior, con una fábrica al fondo, probablemente inspirado en la Carmen de Bizet. Sin embargo, el montaje de Alexandre Benois situa la acción en un oscuro café de Barcelona, solo iluminado por una lámpara, donde una bailarina comienza a bailar sobre una gran mesa mientras una veintena de hombres permanecen sentados, jugando a las cartas en sus propias mesas, en una coreografía sensual que fue un escándalo. René Chalupt lo describió así: "En el centro de una amplia mesa una mujer danzaba, mientras que alrededor se apretaban, cada vez más numerosos, hombres a quienes la visión inflamaba de deseo". El éxito fue enorme y desde entonces no ha dejado de interpretarse con diversas coreografías.
Maurice Ravel con Ida Rubinstein y el elenco de Boléro. Viena 1929.

"Boléro" (o "El bolero de Ravel", como comúnmente se conoce), en su versión de concierto ha llegado a ser una de las obras musicales más interpretadas y grabadas de la historia. Su música repetitiva no fue completamente entendida al principio. Durante su estreno en concierto, una señora del público comenzó a gritar: "Au fou! Au fou!" (¡Al loco! ¡Al loco!). Comentando la anécdota, Ravel dijo: "Esa dama lo ha entendido". En el año 1993 permanecía en el primer lugar de la clasificación mundial de derechos de autor de la Société des auteurs, compositeurs et éditeurs de musique.

Entre los cientos de grabaciones del Bolero, he escogido la de Gustavo Dudamel, que se ajusta al tempo ideado por el compositor.



viernes, 26 de agosto de 2016

Realidad y abstracción



La filosofía se equivoca, lo abstracto no es lo contrario de lo real. Al menos en el arte. Creo que la definición es errónea en todos los casos, porque las abstracciones que la filosofía califica como contrarias a la realidad, por ejemplo la tristeza, la felicidad o cualquier sentimiento, son  tan reales como la más sólida roca, aunque pertenezcan a otra realidad. 





Cuando hablamos de lo abstracto en el arte solemos referirnos a la pintura o la escultura, pero no se deben excluir la música y la literatura. La abstracción no es un fenómeno puntual, como lo fue el cubismo, sino la destilación de los  diferentes estilos pictóricos que rompieron con la tradición en aquellos años mágicos de comienzos del siglo XX. 




¿Por qué se produjo esta ruptura en el arte? Hay muchas explicaciones. Las enciclopedias nos dicen que el arte quiso adaptarse a los cambios tecnológicos, científicos y filosóficos que se estaban produciendo en el mundo, lo cual es innegable, pero es una generalización demasiado superficial. 




A mí me parece -y esto es solo mi hipótesis- que el cambio en el arte es en parte debido a una rebelión, consciente o no, contra la cultura basada en la religión que había dirigido con mano de hierro todas las actividades humanas hasta la Ilustración. Y también por un rechazo del absolutismo político dominante hasta la Revolución Francesa. 




Hasta entonces el artista vivía constreñido a pintar motivos religiosos o bíblicos, o retratos de reyes e infantas, y solo a veces se evadía pintando temas mitológicos, parcialmente tolerados por la Iglesia. Esta esclavitud, que afectaba de igual modo a la música y la literatura, termina de modo abrupto y se desborda como un torrente en la primera década del siglo pasado. O antes, si consideramos a Goya como precursor del impresionismo y a Turner antecedente de la abstracción. 



A mi juicio el fauvismo, el cubismo, el expresionismo, el surrealismo o la abstracción pura no son contrarios a la realidad, son transformaciones de lo real o nos muestran una realidad diferente. El artista no solo crea a partir de la percepción física sensorial, también a partir de lo imaginado, lo nunca visto; o bien distorsiona las percepciones físicas comunes en imágenes oníricas que lleva al lienzo o al pentagrama. 




Decir que en el arte abstracto se contemplan sólo elementos de forma, color, estructura o proporción, es minimizarlo. Hay que buscar la realidad que se esconde detrás de esas formas o volúmenes, que podrá ser banal o profunda como en cualquier tipo de pintura. Conozco personas que lamentan que Picasso no hubiera permanecido en su periodo rosa o azul y otras que consideran diseño gráfico la obra de Rothko. 




En otra entrada he dicho que la mejor literatura es la que nos conmueve. Igual ocurre en la pintura. Si a usted no le gusta Pollock y prefiere a Velázquez, está en su derecho. A mí me gustan los dos.