domingo, 25 de octubre de 2015

El mito de Don Juan


"La noche de Varennes". Ettore Scola, 1982.

Con frecuencia se olvida que Don Juan es un personaje inexistente. Es un mito, como lo es Fausto, surgido del inconsciente colectivo y posteriormente moldeado por diversos autores, según su propio criterio o atendiendo a los convencionalismos éticos y morales de cada época. Así, lo que la filosofía, la literatura o la música nos ofrecen sobre este personaje, no debería ser atribuido a una personalidad simbólica, a un icono definido, como es lo habitual, sino al imaginario popular, que es el que crea a Don Juan con sus virtudes y sus defectos, no como persona sino como expresión de un sentimiento colectivo. No se debe, por tanto, comparar a la figura de Don Juan con libertinos vivos o extintos, como mi improbable ancestro Giacomo Casanova, ya que éste y otros actúan a nivel personal, inspirándose o no en el mito. (Se dice que el caballero Casanova ayudó a Da Ponte en la elaboración del libreto de Don Giovanni).
Tanto Don Juan como Fausto son mitos relacionados con el sexo, aunque una mínima reflexión basta para preguntarse si hay algún mito en el que no exista subyacente esta poderosa fuerza vital. Don Juan, un depredador del amor, se caracteriza por la cantidad (muchas conquistas), mientras que Fausto lo hace por la calidad (consagra su pasión a una sola mujer), pero en los dos hay una rebelión frente a lo establecido, una lucha contra Dios, cuyo antecedente inequívoco es el mito de Prometeo. Foucault lo explica: "Los dos grandes sistemas de reglas que Occidente ha concebido para regir el sexo -la ley de la alianza y el orden de los deseos- son destruidos por la existencia de Don Juan". Se ha equiparado el instinto del poder con el instinto sexual, y etiquetado a ambos como los grandes motores de la humanidad. Pero no son fuerzas independientes, porque desde la más remota antigüedad se sabe que quien controla el sexo controla el poder. No hay instinto biológico más penalizado que el sexo, y no solo por las religiones, sino también por las diferentes normas éticas y sociológicas que han regulado las sociedades humanas. Aún hoy, no nos hemos desprendido de esa lacra.
El mito de Don Juan entraña una contradicción aparente. Es una figura que a pesar de su manifiesta depravación, gusta al pueblo, y, más aún si cabe, a grandes dramaturgos, novelistas y músicos que reeditan el personaje a través de los años, sea para condenarlo o ensalzarlo. ¿Cómo se explica que un individuo detestable, a menudo tachado de insensible y carente de inteligencia, se haya convertido en fuente de inspiración intelectual desde su origen hasta nuestros días? Quizás, en vez de estudiar la supuesta psicología de Don Juan, habría que mirar los deseos ocultos o reprimidos de ese imaginario colectivo que es, a la postre, el que ha originado y hecho perdurar el mito. 
Visto de esta manera, Don Juan es un malvado, pero al ser también un luchador contra la represión y despreciar lo establecido, sintoniza con el sentir popular que se mimetiza en él para ser desagraviado. De Tirso a Mozart, la gran mayoría de los autores que retoman el mito lo condenan y, aun así, en el imaginario popular sigue siendo un héroe.Pero con una condición: que al final su maldad sea castigada. Esta es la contradicción, que no lo es en realidad, porque más que contradicción es un proceso complementario: bien está que el gran seductor se burle de lo divino y de lo humano, pero la conciencia religiosa del pueblo (diríamos inconsciencia) debe quedar ilesa, no se puede permitir que un redomado pecador escape del infierno, porque si el héroe-pecador se salva, ¿para qué sirve la sacrificada vida que lleva un buen cristiano con objeto de salvar su alma?
El Romanticismo trata de dulcificar un poco las cosas, dándole al abyecto personaje la posibilidad de redimirse por amor, pero al hacerlo destruye el mito: Don Juan no es nadie sin su orgullo desmedido, sin su sensualidad sin límite, sin su desprecio de la muerte. Don Juan se humaniza al aproximarse a un nuevo gusto popular: como el más común de los mortales goza, peca, sufre, se arrepiente y se salva. Pero deja de ser un mito.

¿Qué queda del personaje en la actualidad? Muy poco. Para que Don Juan exista, tienen que existir a su vez mujeres incautas que se dejen seducir y comendadores que quieran vengar su honor mancillado. Estos últimos, escasean, y la mujer actual ya no teme a los seductores, si no es ella misma la seductora. Los seductores modernos envejecen, forman una familia y tienen hijos, como previó Kierkegaard en "Diario de un seductor". 

En “La noche de Varennes” (Ettore Scola, 1982), un Casanova ya viejo, interpretado por Mastroianni, se encuentra con una mujer joven que queda prendada de él, o quizás de su fama, y el eterno seductor, ya vencido, le dice: “te encontré demasiado tarde en la vida y tú me encontraste demasiado temprano”.


10 comentarios:

  1. Conoces a Don Juan, en la medida en que ese tipo escurridizo y mentiroso deja que le conozcamos. Me ha gustado mucho tu texto por el modo en que abordas algunas de las contradicciones del mito, por lo bien que lo has expresado y por la humanidad que introduces al aludir a la película de Scola, con ese salto final que das de Don Juan a Casanova. Quería comentar solo que, en mi opinión, ninguna de las mujeres de Don Juan, en sus distintas versiones, es incauta. Unas son ambiciosas y oportunistas (Arminta, Tisbea, Carlota, Zerlina); otras, hipócritas (Isabela y todas las Doña Ana), pero todas ellas saben muy bien lo que quieren. Las únicas que son sinceras, con un punto de locura, un punto de misticismo y una pasión tan intensa que no desmerece al lado de Don Juan, son las Elvira, que anuncian muchos rasgos de Inés. Paro ya, porque me dejo llevar por el tema y escribo unos comentarios larguísimos: lo siento. ¡Pero qué entrada más buena!

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  2. Gracias por tu comentario, Carmen. Creo que has captado muy bien lo que quería destacar del mito, dentro de un tema tan extenso que no puede contenerse en un post. Acepto que las mujeres no fueran incautas, y si he empleado ese adjetivo ha sido para soslayar un asunto que requeriría muchas más páginas: el seductor desde el punto de vista de la seducida. A lo mejor me atrevo algún día a escribirlo.

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  3. Una entrada muy buena, Manuel. Me ha encantado el análisis que haces del mito y su diferencia con personas de carne y hueso, en el sentido de que al ser un mito creado por y para la gente, tiene los pecados que le gustaría tener a la gente, y cómo fue creado por hombres, tiene los pecados que ellos más envidian (el ser unos seductores irredentos y unos transgresores de la ley), pero no se atreven a manifestar.
    Interesante también la idea de que el pueblo condena a su héroe para justificar la Justicia, divina llamémosla, según la cual el bueno se salva y si te sacrificas y no pecas, pues eso, te salvas.
    Ya sé que el Tenorio de Zorrilla es, quizás el peor Tenorio que se ha hecho, pero yo le tengo especial cariño porque desde mis diez u once años, hasta no sé cuando, jamás me perdí la versión que ponían en Tv por el día de los Santos. Termino con una cita que demuestra otra característica de los pecadores irredentos: la culpa no es mía:
    Clamé al cielo y no me oyó,
    pues que sus puertas me cierra,
    de mis pasos en la Tierra
    responda el cielo, no yo.
    Me encanta!!!
    Un beso.

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  4. Siempre me llamó la atención que los autores convirtieran un mito en persona, por eso he querido destacar en este breve apunte la responsabilidad colectiva de los desmanes de Don Juan. Por desgracia sigue ocurriendo. Las personas o colectividades condicionadas por principios religiosos muy estrictos, a menudo admiten la transgresión privada, pero si se hace pública ellos mismos exigirán un castigo. No hay mayor hipocresía.
    En cuanto al Tenorio de Zorrilla, no me parece tan malo, quizá porque, como tú, tengo grabados sus versos en la memoria. Al fin y al cabo, aunque el cielo no te oiga, me parece muy agradable redimirse por el amor de una mujer.

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  5. El amor,junto con el odio, mueven ríos de literatura imaginativa, pero realmente puede estar basada en realidades cotidianas..
    Tu exposición sobre el mito y la realidad interesante y muy buena..
    Un abrazo

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  6. Dados los tiempos que corren, parece que el odio le está ganando la partida al amor. Creo que Don Juan, más que odiar, era odiado. Gracias, Suni.

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  7. Estupendo análisis del perfil psicológico que se esconde tras el mito de don Juan y todo lo que conlleva.
    A mí, personalmente, lo que me atrajo de don Juan fue esa rebeldía al desafiar al mismísimo Dios y lo que me decepcionó fue que al final sucumbiera por amor o por lo que fuera. Supongo que las normas morales de la época en que fue escrito no podían dejar que un crápula malvado quedara impune.
    Me ha gustado mucho tu análisis. Ya de paso me quedo por aquí.
    Un saludo

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  8. Encantado de recibir tus comentarios, Kirke. Ya había leído algún comentario tuyo en el blog de Rosa. Añado tu blog a mi lista de favoritos. La idea de que Don Juan surge del inconsciente colectivo no es nueva, pero este mito se escapa una y otra vez de esa limitación para personalizarse en un seductor envidiado, querido o despreciado, según quien lo considere. No sé qué se admira más, si su desafío a Dios o su promiscuidad sexual.

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  9. Kirke, Manuel me alegro mucho de haberos puesto en contacto y que os hayáis conocido por mí. Espero que disfrutéis el uno del blog del otro, como yo lo hago con ambos.
    Un beso a cada uno.

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  10. Una de las cosas más gratificantes de este tipo de comunicación, es ir encontrando personas afines. Un abrazo, Rosa.

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