jueves, 19 de febrero de 2015

Historia de una canción


Jacques Brel
Sobre la canción "Ne me quitte pas", de Jacques Brel, la gran Edith Piaf dijo: "Esta canción nunca debería haberla cantado un hombre". Piaf se refería a la humillación profunda ante una mujer que destilan los versos de Brel. En efecto, "Ne me quitte pas" es un canto de amor desesperado, quizás la más triste canción que se haya escrito jamás, pero si es o no una humillación es cuestión de puntos de vista. Cómo sentimos la belleza de una música o de un poema es a menudo independiente de las circunstancias personales de su creador, muchas obras de arte adquieren una dimensión intemporal que es la que persiste en el recuerdo.

Cuenta la historia que Jacques Brel escribió "Ne me quitte pas" tras ser abandonado por Zizou (Suzzane Gabriello), una de sus muchas amantes. La vida de este cantante es en sí mismo una contradicción, tenía un talento inmenso pero nunca supo exactamente lo que quería, y su breve historia está llena de indecisiones y remordimientos. Nació en Bruselas en una familia acomodada y recibió una educación católica de la que nunca pudo despegarse. Trabajó en la empresa familiar y se casó a los 21 años con Therese Michielsen, con la que tuvo tres hijos. Pero tres años después, en 1953, viaja a Paris donde abraza una vida bohemia, relacionándose con la intelectualidad francesa de la época, y trata de abrirse camino como cantante. En esa época inicia una intensa actividad amorosa con diversas mujeres, pero el sentimiento de culpabilidad no le permite ser feliz. Nunca abandona a su mujer quien, al parecer, tolera sus infidelidades. En 1955 conoce a Zizou, posiblemente su gran amor, con la que convive casi cinco años,
pero la relación es tormentosa y ella al final lo abandona. Es entonces cuando escribe "Ne me quitte pas".

Su debut en el Olympia y su consagración como artista se producen en 1961, pero cinco años después, sin abandonar por completo la canción, decide dedicarse al cine. Su triunfo es discreto y en 1973 le diagnostican un cáncer de pulmón. De nuevo abandona todo, se compra un velero de 19 metros y, junto a su actual amante Maddly Bamy, se embarca rumbo a la Polinesia, siguiendo los pasos de Stevenson y Gauguin. Vive con Maddly en las Islas Marquesas, donde vende el barco y se compra un avión, un bimotor de hélice que utiliza como taxi para trasladar a los nativos de una isla a otra. En 1977, vuelve a París en secreto y graba el que será su último disco, Les Marquises, que obtiene un éxito sin precedentes. Pero ya está muy enfermo y fallece a los 49 años en un hospital de Paris. Su esposa, de la que nunca se divorció y a la que dirigió cartas de amor hasta el fin de sus días, y su amante Maddly Bamy, se abrazan desconsoladas ante el lecho del artista.




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