sábado, 10 de mayo de 2014

Lazos 3


Este libro...

La norteamericana A.M. Homes no es una escritora muy conocida, a pesar de que su segunda novela, "El fin de Alice", provocó un considerable escándalo por su contenido escabroso, hasta el punto que durante un tiempo estuvo prohibida en Inglaterra. La novela que ahora comento, "Este libro te salvará la vida", es una de esas novelas que a uno le hubiera gustado escribir. Esto implica dos cosas: una, identificación inmediata con la forma y el fondo del relato, y dos, creer que uno es capaz de escribir algo semejante, se alcance o no el nivel literario del autor. Sobrepasada esa fugaz impresión inicial, lees el libro con mayor complacencia que otros, o al menos eso me ha pasado a mí. Recuerden que en este blog yo no hago crítica literaria, me limito a poner por escrito mi opinión personal y discutible sobre un libro. No obstante, he leído varias reseñas profesionales y me atrevo a decir que algún crítico no ha entendido esta novela en absoluto.

En "Este libro te salvará la vida" la escritora cambia el registro sórdido de obras anteriores para ofrecer una historia banal en apariencia, en la que los personajes destilan bondad y espíritu solidario. Por otra parte no existe en el relato un hilo conductor definido, sino una sucesión de secuencias insólitas, que a menudo bordean el absurdo, y como fondo pinceladas de la vida cruel y también insólita de la ciudad de Los Ángeles. Pero aunque la novela tenga en general un carácter amable hay, como en algunas películas de Woody Allen, mucha soledad y dolor más o menos explícitos en sus personajes. Al terminar el libro uno advierte que lo que parecía disperso no lo es tanto y que algunas secuencias que nos han hecho sonreír encubren sentimientos despiadados. Se podrá decir, y se ha dicho, que el exceso de diálogo resta profundidad a esta novela y convierte en superficiales a los personajes. No comparto ese criterio. En mi opinión la solidez de un texto no depende de si la intervención del narrador es más o menos extensa o de cuánto hablan los personajes. Todos hemos sufrido con descripciones superfluas y disfrutado con diálogos inteligentes.


He dicho que  me hubiera gustado escribir esta novela, y es porque siempre he pensado que un buen argumento para un libro es situar un personaje en un mundo desconocido y que empiecen a pasarle cosas. Es lo que ha hecho con acierto A.M. Homes.

martes, 6 de mayo de 2014

Marea baja


Malos y buenos

La gente joven piensa, según una encuesta, que tenemos  malos políticos y que esa maldad tiene la culpa de que en nuestro país todo vaya manga por hombro. Piensan lo mismo los políticos que no están en el poder, sin darse cuenta que al ser ellos mismos políticos, a lo mejor son también malísimos, pero, claro, para ellos es un hábito, una obligación, porque para la oposición siempre está mal lo que hacen sus contrarios aunque por casualidad lo hagan bien en algún momento. De modo que uno se pregunta a veces con cierta ingenuidad, si éstos son tan malos ¿por qué no ponemos a unos buenos? Y digo ponemos porque se supone que a los políticos los elige el pueblo para que nos gobiernen y administren el país. 

El problema es que  no sabemos dónde están los políticos buenos, o si hay alguno, ya que no apreciamos si son de buena calidad hasta que no se estrenan y entonces, para corregir el error, hay que esperar cuatro años y en ese periodo el país se puede ir al carajo. Por eso, con la misma ingenuidad, uno piensa si para ser político no habría que acreditar unas credenciales, un título, un máster o algo, como les pasa a los abogados, a los médicos, a cualquier profesional que busca un puesto de trabajo. Pero no, para ser político solo hay que figurar en unas listas en las que te incluye un amiguete o alguien que te debe un favor; aunque para ser justos de esas listas puede salir un buen profesional o alguien que se dé cuenta de por dónde van las cosas; pero también un zoquete o un aprovechado o un corrupto, ahora  que la corrupción es casi obligatoria. Debería haber un tamiz, un filtro, una selectividad para los políticos como en cualquier carrera, habría que tener un buen currículum y aprobar un examen para ser diputado o ministro, y que alguien, un tribunal, por ejemplo, dijera: A ver, usted quiere ser ministro de Sanidad pero tiene formación de abogado (si es que la tiene) así que no da el perfil que necesitamos. Lo sentimos, pero no está capacitado. ¿No es eso lo que ocurre en la vida profesional de los ciudadanos? ¿Por qué tienen bula los políticos?


Al menos sería bueno que los políticos demostrasen un poco de cultura, de inteligencia, de savoir faire, porque hay algunos/as que no lo han demostrado "en su puta vida" y dicen a los parados "que se jodan". Hombre, no son maneras. Decía Lenin (con perdón) que los intelectuales no son buenos políticos, a pesar de que él era un intelectual, pero los intelectuales se llevan muy mal consigo mismos. Por ejemplo Sartre decía "Intelectual es el que se mete donde no le importa" y Noam Chomsky sentenciaba "Los intelectuales son especialistas en la difamación, son básicamente comisarios políticos". En fin, quizá los buenos políticos no deban ser intelectuales, pero tampoco ignorantes catetos zampabollos como son los politicastros que, en la actualidad y para nuestra pesadumbre, nos representan.

domingo, 4 de mayo de 2014

Hoy he pensado que





Mira, nadie es por completo feliz pero todo el mundo tiene momentos de felicidad. Dicho así parece un eslogan de Coca-Cola, pero es una forma de decirlo, algo que tú mismo has pensado alguna vez y nunca has dicho o lo has dicho con otras palabras, y si no lo has pensado nunca piénsalo porque no se puede vivir abrumado por la desgracia de los demás como si la estuvieras viviendo tú. Ya sé que no es fácil si la infelicidad afecta a seres cercanos, como un hijo, una madre o un amigo, pero sea como sea eres tú quien imagina la desgracia, no quien la siente y la persona infeliz, ese hijo, esa madre, debe tener momentos de felicidad como los tenemos todos, y quién sabe si las personas que compadeces son más felices en algún momento y piensan que el desgraciado eres tú. Piénsalo, imagina por ejemplo a un sin techo o a un viejo que toca el acordeón en la calle: quizá son más pobres pero más libres y te ven a ti como una persona atrapada por sus responsabilidades o te notan en la cara que no eres por completo feliz. Y no digo que esté mal preocuparse por los demás, al contrario, pero no desde la compasión sino desde la solidaridad y el altruismo; no ayuda nada que pienses qué vida tan desgraciada la de éste o qué tristeza esos niños que se mueren de hambre, porque es solo la compasión de un momento y luego apagas el telediario y piensas en tu propia infelicidad o dices pobre gente, en qué mundo tan injusto vivimos. Así que si una persona te parece infeliz puede que lo sea, pero nunca será infeliz como a ti te parece, sino como él lo siente porque es otra persona y tú no sabes nada de las penas y las alegrías de las otras personas, y a mí me parece que la compasión no le hace ningún bien a nadie aunque a ti te justifique, que es lo único que hace la compasión, justificar, hacerte pensar que eres bueno, mejor que los demás que no se compadecen de los que sufren. Yo creo que es mejor escuchar si alguien quiere contarte algo, saber escuchar es solidario y ayuda, escucha a esa persona y no te apropies de su infelicidad, porque seguro que también tiene momentos felices aunque te parezca raro.

sábado, 26 de abril de 2014

Paisaje naíf


Un nuevo mundo

Escribí mi opinión sobre las descargas ilegales de libros y la piratería informática en general en una entrada anterior. En Facebook, Lucila Rodriguez-Alarcón proporcionaba hace unos días un enlace acerca de este asunto que me parece oportuno comentar. Es conocido que, en 2011, la escritora Lucía Etxebarría dijo lo siguiente: "Dado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros". No es la única. Leemos a diario lamentaciones similares de otros escritores y editores. El enlace referido por Lucila nos lleva a la revista Orsai que edita el escritor argentino Hernán Casciari en la que, el 21 de diciembre de 2011, publicaba una carta abierta de contestación a Lucía Etxebarría. Me permito seleccionar algunos párrafos:

Durante 2011 editamos cuatro revistas Orsai. Vendimos una media de siete mil ejemplares de cada una, y con ese dinero le pagamos (extremadamente bien) a todos los autores. Los .pdf gratuitos de esas cuatro ediciones alcanzaron las seiscientas mil descargas o visualizaciones en internet.

Vendimos siete mil, se descargaron seiscientas mil.

Si los casos de Lucía Etxebarría y de Orsai son idénticos, y ocurren en el mismo mercado cultural, ¿por qué a nosotros nos causan alegría esos números y a ella le provocan desazón?

La respuesta, quizá, es que se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo.

Para Casciari hay un mundo nuevo en el cual los libros físicos vendidos y los virtuales se suman y el autor piensa: "¡Qué bien, cuánta gente me lee!". Pero aún persiste un mundo viejo en el que los escritores dicen: "¡Qué espanto, cuánta gente no me compra!". Y añade:

El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.

El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.


No cabe mayor claridad. Casciari está en el futuro; Etxebarría y otros siguen anclados en el viejo mundo. No comprenden que las descargas gratuitas  incrementan la compra de libros en papel. Si yo leo en internet a un autor y me gusta, y no encuentro en la red otros libros suyos, sin duda los buscaré en las librerías. Los perdedores nunca serán los escritores, ellos seguirán escribiendo y se adaptarán a todo lo nuevo; los perdedores son los editores que siempre se han llevado la parte del león y ahora se ven impotentes ante la oleada digital. Ellos también siguen anclados en el viejo mundo.

jueves, 24 de abril de 2014

Alambrada


Sobre el pasado

Toda buena novela es en parte autobiográfica. O algo así. Una de esas frases que se repiten de vez en cuando sin que nadie sepa a ciencia cierta quién la pronunció, si es que la pronunció alguien, porque estoy seguro que algunas frases surgen por generación espontanea de esa sabia vox populi que nos rodea. Y no es que los escritores nos cuenten  literalmente su vida, sino que siempre escribimos a partir del bagaje acumulado por nuestras percepciones a lo largo de la vida; y no importa si lo que uno escribe es una novela costumbrista, policiaca o de ciencia ficción, porque siempre habrá vivencias del escritor reflejadas en un personaje, una acción o un paisaje.

Las personas de mi edad, o sea los viejos, seamos escritores o no, tenemos cierta renuencia a contar cosas de nuestra vida, pensamos que nuestro pasado no interesa a los más jóvenes y que, aunque no lo digan, quizá piensen: "¡Qué coñazo el abuelo con sus batallitas!". Confieso que, a veces, yo mismo me siento cohibido al hablar de mis recuerdos. Pero es un error. Las novelas no envejecen porque sean antiguas, sino porque no son buenas novelas. El pasado nunca es despreciable, es la parte más sólida de nuestra vida, más que un presente efímero o un incierto futuro. A diferencia de otros animales, los humanos conservamos nuestro pasado y sobre él edificamos nuestra cultura. Y no se trata de decir "con Franco vivíamos mejor" o "cualquier tiempo pasado fue mejor". No se puede vivir en el pasado, pero es bueno recordarlo y recrearlo en nuestros pensamientos y en nuestras palabras. Vivir descontento con el presente y añorar el pasado no conduce a nada. Pero revivir los recuerdos o deleitarse en la nostalgia, no es un error. El que ese pasado pueda interesar o no a otras personas ya no es nuestro problema.


Hoy ha muerto Alfonso Sainz, uno de los fundadores de "Los Pekenikes", un conjunto que forma parte de mis recuerdos. Este tema era uno de mis favoritos.