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lunes, 8 de abril de 2024

REFLEXIONES IRREFLEXIVAS II


Solo puedo pensar en mi pasado. No puedo pensar en el tuyo, ni en el de aquel, ni en el de nadie. Los pasados son el silencio, lo que se amó o se perdió. O lo que aún se mantiene, pero ya como una rama cortada que amarillea y se queda sin hojas. Solo puedes pensar en tu pasado aunque solo sean escenas fugaces, soplos de vida, un dolor que no se olvida, un cuerpo que abrazaste, un instante de tristeza. Todas esas cosas que un día guardaste en un rincón de tu ser ahora son solo son fragmentos, relámpagos, caminos sin recorrer, días sin final, que de improviso surgen en tu memoria. Son tu pasado, eres tú en aquel tiempo remoto que se diluye entre las brumas del día que empieza.



En Granada hay una cueva donde hace 30.000 años vivió el segundo Homo Sapiens más antiguo de Europa. Parece una constante en nuestro modo de pensar, siempre pensamos quién fue el primero en casi todo: el primero en el deporte, el primero en el arte, o el primero en saltar una valla. Vivimos un mundo de primeros desde niños. Quién no hubiera querido ser el primero de la clase. Está muy bien ser el segundo, pero la gente se olvida enseguida de los segundos. Incluso ser último puede tener una resonancia parcial, pero nadie recuerda a los segundos. Es una injusticia porque al primero todo se le va en honores y agasajos, pero el que ha trabajado en serio ha sido el segundo. No habría primeros sin segundos y así nos va en casi todo. Ahora hemos encontrado en Granada un diente del segundo Homo Sapiens de Europa, pero seguro que se olvidará enseguida. He estado buscando dónde se encontró el primero y resulta ¡que fue en Cataluña y se encontró una mandíbula completa! Seguro que ya es un motivo independentista más que añadir a la lista.

En estas circunstancias lo tiene mal el Homo Sapiens de Granada que solo tiene un diente. No se puede ser segundo.




Pues no, la poesía no es de un día, la poesía se esparce por el tiempo como una lluvia lenta. La poesía no es escribir algo que parezca un poema: la poesía es un espacio inalcanzable entre la literatura y la música.

 

Por qué importan los árboles? Y los caminos, ¿adónde llevan los caminos? Y el agua, ¿por qué es dulce en los arroyos? ¿De dónde viene el agua? ¿Y el viento? Las calles estrechas donde suspiran las casas. Un sillón, donde pienso lo que pienso. ¿No es absurdo decir me gusta la vida o no me gusta la vida? La vida no es para gustar, es para seguir. ¿Solo se vive una vez? Falso, cada minuto, cada segundo se vive una vida, infinitos instantes de vida. ¿Y la música? ¿Por qué se vuelve recuerdo? ¿Se piensa la música o solo estremece? ¿Y qué es la belleza? ¿Es bello caminar? ¿Y pensar? Se ha callado el paisaje y los mirlos están en sus nidos.


Foto: Edouard Bouvat

Jugábamos con espadas cuando las espadas ya habían caído en desuso, nos matábamos con inocencia sin dejar de reír, hacíamos las espadas con un palo o una tabla y encarnábamos héroes, como los que en el cine interpretaban Douglas Fairbanks o Erroll Flynn, o personificábamos los corsarios de Emilio Salgari o los aventureros de Jack London. Nos batíamos con torpeza entrechocando las maderas, en las calles vacías de coches o en azoteas aisladas que escogíamos como refugio. Otras veces el combate era con pistolas cuya detonación simulábamos con la voz y eran luchas interminables, luchas felices, que solo terminaban con el cansancio o, más a menudo, con la voz de las madres invocando deberes o comidas. Y dormíamos como duermen los héroes, cansados y soñando con la próxima contienda.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Trenes, abstracción, distancia


No hace falta que el día sea lluvioso para imaginar estaciones vacías, ni que sea una noche oscura para sentir el temblor de los raíles de un tren nocturno. Estas imágenes evocan la soledad y la huída, dos cosas que forman parte de la vida, de cualquier vida. 






Marta Zamarska debe pensar de forma parecida porque ha dicho: “La pintura es, en cierto sentido, un viaje. El viaje resume la búsqueda y la introspección”. Y ese viaje y esa soledad se perciben en los cuadros de esta joven pintora polaca. Dicen sus críticos que “compone obras que se centran en la captura de movimiento, emoción, textura y luz. Saltando de lo abstracto a lo figurativo, también busca representar un fuerte sentido de la musicalidad en cada pintura: colores y líneas que trabajan juntas en ritmo y armonía”. 









Todo esto es verdad, pero debo confesar que lo que me enamoró de esta artista y me hizo sentir una afinidad cálida e inmediata por sus pinturas fueron sus trenes, el color intenso de las formas y las vastas llanuras y mares vacíos que, a veces, se desvanecen en la pura abstracción. 






Servidor siempre ha sentido emoción por los trenes, por las estaciones y las vías que se entrecruzan, por las señales y las luces cambiantes, por todas esas estructuras que forman el universo cerrado de los ferrocarriles. Y también uno de mis sueños más antiguos, sumergirme en la dulce melancolía de pensar en el viaje interminable, en la escapada hacia un destino desconocido, lo he visto reflejado en estos cuadros que no necesitan superfluas descripciones porque se expresan por sí mismos y solo hay que adentrarse en ellos y absorberlos sin palabras. 






Un crítico describió así la obra de Marta Zamarska: “Monet conoce a Edward Hopper”. Es verdad que estos cuadros recuerdan a Hopper, un pintor que se ha convertido en paradigma de la soledad. Pero no estoy muy de acuerdo, es una impresión superficial, en realidad no tienen nada que ver. Hopper es estático y sus colores mitigados acentúan una forma de soledad. En esta pintora hay huida, convergencia, raíles que se juntan en el infinito, y colores sólidos que convierten la aparente soledad en pasión reprimida. Como a Dufy, le gustan los enlaces ferroviarios. 








 No solo yo creo que los trenes son poesía. Oigan a Jorge Teillier: “El silbato del conductor es un guijarro cayendo al pozo gris de la tarde. El tren parte con resoplidos de boxeador fatigado”. 
Y a Pablo Neruda: “Un penacho perdido, el plumero de una locomotora fugitiva con un tren arrastrando cosas vagas”. 
Y por supuesto a Julio Cortazar: "La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar". 







Ahora, con permiso de Marta, voy a subir a uno de sus trenes.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Los cuadros sin pintar de Emil Nolde


 

Emil Nolde (1867 - 1956), uno de los más destacados pintores expresionistas alemanes, fue antisemita, declarado admirador de Hitler y estuvo afiliado al partido Nazi. Expresó opiniones negativas y antisemitas sobre los artistas judíos, y consideró que el expresionismo era un estilo distintivamente germánico.





Aunque era amigo personal de Himmler, sus cuadros no le gustaron al Führer – que adoraba el estilo neoclásico- y fue incluido en el grupo de “artistas degenerados”. Sus obras fueron incluidas en la exposición sobre el arte degenerado que montaron los nazis en Múnich en 1937, pero Nolde consiguió que fueran retiradas de la exposición itinerante que recorrió toda Alemania dos años después. En 1941 no se le permitió pintar, ni siquiera en privado. Sin embargo, durante este período creó cientos de acuarelas, que escondió. Las llamó "Cuadros sin pintar".





Además de nazi, Nolde fue un oportunista. Después de muerto Hitler, y comprendiendo que la aventura nazi fracasaba, Nolde no dudo en afirmar que el Führer fue su "enemigo". El 6 de mayo de 1945 escribió: "Hitler está muerto. Fue mi enemigo. Su diletantismo cultural me trajo a mí y a mi arte mucha pena, persecución y condenas. Ahora está muerto".





 
Hubo historiadores que llegaron a escribir sin fundamento que el pintor renegó del nazismo en 1943. Solo así se explica que en los despachos la actual canciller Angela Merkel terminaran colgando cuadros de Nolde.






Emil Nolde dejó dicho: “Hay azul plateado, azul cielo y azul trueno. Cada color encierra un alma, que me alegra o me repele, y que actúa como estímulo. Para una persona que no tiene arte, los colores son solo colores, tonos, tonos ... y eso es todo. Todas sus consecuencias para el espíritu humano, que van del cielo al infierno, simplemente pasan desapercibidas”. 

Ángel o demonio, ¿qué opinan?