lunes, 1 de septiembre de 2014

Si no me equivoco

¿Ustedes creen que los que han convertido a Podemos en la tercera fuerza política de este país (en las encuestas) son todos de izquierdas? Ni por lo más remoto. Muchos son los indignados, los decepcionados, los que creen que todos los políticos son iguales, los que están hartos de corrupción, los que no saben cómo salir de la miseria, los que sin ser xenófobos creen que los inmigrantes usurpan sus derechos. En otras palabras: los que antes de 2008 disfrutaban del estado de bienestar, en la medida que les correspondiese, y no les importaba demasiado que hubiera banqueros ricos porque un consumo moderado estaba a su alcance, la hipoteca no les atenazaba y podían permitirse algún dispendio como irse una semana a la Rivera Maya. Estos ciudadanos, que no son ni de derechas ni de izquierdas, no se paran a pensar en este momento si un estado más intervencionista es mejor que otro más liberal; lo que quieren es que alguien les (nos) saque del agujero y les (nos) devuelva el añorado bienestar, porque entonces volverían a votar a los de siempre, derecha o izquierda, eso es lo de menos, o no votarían si ese domingo les daba pereza acercarse al Colegio Electoral. Somos como somos y nos encanta decir que no necesitamos salvapatrias, pero en cuanto aparece uno nuevo perdemos el culo para alistarnos en sus filas. No hay más que echar un vistazo a nuestra historia.

No se tome lo anterior como crítica a Podemos. Esta agrupación no engaña a nadie, y si usted se molesta en buscar su página web podrá leer sus estatutos y formarse una opinión objetiva sobre el tipo de estado que quieren conseguir, algo que no creo que hayan hecho todos los que los apoyan. En cuanto a mi opinión personal, ustedes disculpen, pero me la reservo hasta que Podemos sea un partido electo y vea cómo funciona. De momento solo es material de encuestas y tertulias.


El siguiente video no está relacionado con el texto, pero escuchen qué bien canta Madelyn Renee "El vals de Musetta", del segundo acto de La Bohème.


viernes, 22 de agosto de 2014

Relajación III


Compositores contemporáneos. Peteris Vasks

Pēteris Vasks (1946) nació en Aizpute, Letonia, en la familia de un pastor baptista. Se formó como contrabajista y desempeñó ese puesto en varias orquestas de Letonia antes de entrar en el Conservatorio Estatal en Vilna, en la vecina Lituania, para estudiar composición debido a la política represiva hacia los baptistas en la Letonia Soviética. Empezó a ser conocido fuera de Letonia en el decenio de 1990, cuando el violinista y director de orquesta letón Gidon Kremer comenzó a elogiar y defender sus obras, aspecto que influyó para convertirlo en uno de los más influyentes compositores europeos contemporáneos.


El estilo inicial de Vasks debe mucho a los experimentos en música aleatoria de Witold Lutoslawski, Krzysztof Penderecki y George Crumb. Más tarde, incluyó elementos de la música popular de Letonia, hecho que se refleja, por ejemplo, en su concierto para corno inglés (1989). Sus obras son por lo general muy claras y comunicativas, y con un sólido sentido de la armonía. Pasajes líricos puede ser seguidos por disonancias agitadas, o interrumpidos por secciones sombrías. Ha hecho un amplio uso de técnicas minimalistas, pero nunca se convirtió en esclavo de ningún método en particular.
Fuente: Wikipedia



miércoles, 20 de agosto de 2014

Cumbres


La Información

En un post anterior ("En el momento preciso", 29/6/14) dejé escrita mi impresión inicial sobre Podemos, el último fenómeno político/mediático, y dije que permanecería a la expectativa de futuras acciones antes de formar un juicio definitivo.

Después de sus proclamas contra la injusticia, la corrupción y las "castas", Iglesias ha dicho: “Si el derecho a la información es un derecho democrático, la concentración de la propiedad es incompatible con ese derecho”. Aquí hay algo que rechina. ¿La información es un derecho democrático? Creo que no. La información, como concepto aislado, no es un valor moral, ni un atributo de la libertad. Sí lo es la libertad de información, igual que la libertad de expresión, de pensamiento, de religión o de residencia. Sigue Iglesias: "No puede ser que algo tan importante, y de interés público, imprescindible para la democracia, como son los medios de comunicación, esté solo en manos de multimillonarios". ¿Y en qué manos debe estar? En los países libres, los medios de comunicación, desde que existen, están en manos de la iniciativa privada, sean sus dueños multimillonarios o no. Esto ocurre en todas las democracias. En algunos países suele haber un canal público de televisión, que debería ser imparcial, pero que, como todo el mundo sabe, refleja, de manera más o menos evidente, la ideología del partido gobernante. 

"¿Por qué no va a existir una regulación que garantice la libertad de prensa en el mejor sentido del término, sin condicionantes de empresas privadas o de la voluntad de partidos políticos?", pregunta Iglesias. Otra frase vacía. La libertad de prensa no hay que garantizarla,  ya existe; comparen, por ejemplo, los titulares del diario Público con los de La Razón, o los de Telemadrid con La Sexta. En cuanto a que la prensa no tenga condicionantes de la empresa privada o de los partidos políticos, es una utopía. Pero Iglesias insiste: "La gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios y su voluntad por permitir la libertad de expresión". Erróneo.  La libertad de expresión no depende para nada de los hombres de negocios, es un atributo de la libertad, o de la democracia, si lo prefieren, y la tienen los ricos y los pobres, los trabajadores y los empresarios. Otra cosa es que unos se hagan oír mejor que otros.

Tal vez Iglesias piensa que es contrario a la democracia que existan magnates de la prensa, como lo fueron Hearst o Maxwell, capaces de influir desde sus periódicos en grandes masas de ciudadanos. Puede ser lamentable, pero no antidemocrático. No hay que olvidar que la acumulación de poder es una de las posibilidades de la democracia; siempre habrá magnates como los mencionados. Véase sí no la lista de Forbes. Vivimos en una democracia imperfecta, como todas, pero en la que sin duda existe libertad de expresión. Cualquier medio informativo tiene dos aspectos. Uno es la noticia, la información de los hechos, que debe ser veraz; otro es la opinión, que es libre y variable. Pero tanto si la noticia se falsea como si la opinión injuria a personas o instituciones, en todas las democracias hay recursos legales para combatir la infamia.

Lo que Iglesias propone,  que "los medios de comunicación, por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público", es claramente antidemocrático y contrario a esa libertad de expresión. A no ser que el líder de Podemos esté pensando en una información controlada tipo Granma o Pravda, o la Prensa del Movimiento de nuestra última dictadura.


Si Podemos sigue combatiendo la injusticia y la corrupción, contará con la simpatía del pueblo; pero si empieza a translucir mecanismos autoritarios, puede que se oscurezca su futuro electoral. 

domingo, 17 de agosto de 2014

Mezquita



Música e imagen

 Si no me falla la memoria, Madonna fue una de las primeras cantantes pop que introdujo el erotismo en el marketing discográfico. En las carátulas de sus discos, en los videos y fotos promocionales, y por supuesto en sus
actuaciones en directo, la cantante hizo famosos sus atractivos deshabillés, lo que marcó un antes y un después, en lo que a vestuario escénico se refiere, un estilo que fue imitado, y ya nunca abandonado, por sus numerosas sucesoras. 

Lo que nadie podía prever es que las imágenes sexy, como método promocional, fueran también adoptadas,  poco después, por algunas intérpretes de música clásica. Las primeras imágenes que nos sorprendieron fueron las de la excepcional violinista Anne Sophie Mutter, y aunque sus fotos no fueran eróticas sensu stricto, nos impresionó su sosegada y enigmática belleza, tan alejada de los monásticos atuendos de otras afamadas intérpretes.
  
Sin embargo observen la sensual imagen de Janine Jansen, una estupenda violinista holandesa, o las fotos del Cuarteto Bond  integrado solo por mujeres, que, aunque no lo parezca, son solventes intérpretes de música clásica. 


Otro tanto diríamos de Sharon Bezaly, la flautista que más discos graba en la actualidad, que aunque  no se desviste adopta poses muy sugestivas. 

Algo más atrevida es la carátula de la violinista Vanessa Mae, nacida en Singapur, y claramente no son aptas para menores las fotos promocionales de la también violinista Analiza Ching, el último descubrimiento británico. 



No sé si estas actitudes son criticables por las feministas, pero a mí  me parecen bien. Primero porque el marketing es el que manda, y segundo porque las personas son libres de utilizar su físico como les parezca. En otro orden de cosas,  si escuchar buena música desencadena sensaciones placenteras y contemplar imágenes sugerentes también, sumados ambos estímulos, uno puede alcanzar cotas insospechadas. Algo así como ensimismarse con un cuadro de Monet mientras suena música de Debussy.




viernes, 15 de agosto de 2014

Luna de Agosto


Insanidad Pública


Ahora resulta que mantener en España una Sanidad Pública de calidad no es posible y, según algunos economistas, nunca lo fue, incluso en los años de esplendor previos a la crisis. Ahora nos enteramos también de que, en el futuro, sostener el Sistema Público sin dinero privado será inviable, porque hasta ahora el Sistema no solo se ha financiado con los impuestos que pagamos usted y yo, sino de impuestos y deuda. Y no es que este criterio sea patrimonio de la derecha, sino que, según los expertos, un futuro gobierno socialdemócrata tendría que aceptar los mismos postulados. También pasarían por el aro los Izquierdistas Unitarios o los Poderosos de Iglesias, en el caso improbable de que llegaran a gobernar. De no hacerlo así unos y otros, la actual Sanidad Pública degeneraría en poco tiempo en la antigua Beneficencia General del Estado. O sea, en la Medicina para pobres de comienzos del siglo XX.

Quien esto escribe, que ha vivido desde dentro el ascenso y declive de nuestra Sanidad Pública, le gustaría decir un par de cosas a esos esotéricos economistas que cada día ofrecen una solución diferente para sanear la economía. Antes de nada, un poco de historia. Puede decirse, salvo error u omisión, que el germen de la Sanidad Pública nace con la Ley de Coordinación Sanitaria promulgada en 1934 por la República. Y miren lo que son las cosas, los vencedores de la Guerra Civil respetaron esta ley y desarrollaron sus competencias en la Ley de Bases de 1944. Nació así la Seguridad Social y hacia 1965 se inició en España la construcción de grandes hospitales y se instauró el sistema de Médicos Internos y Residentes y la vinculación de estos centros sanitarios a la Universidad. Alcanzó la Medicina Pública tal esplendor en esos años, que los mandamases y gerifaltes del régimen se operaban o curaban sus males en los hospitales públicos, en la cama o habitación contigua a la del más humilde obrero. Yo no sé cómo se financiaba entonces la Sanidad, pero sí sé que fue una gran obra social, muy costosa tal vez, pero con seguridad más rentable que construir aeropuertos sin aviones o autopistas de peaje vacías. Uno no quiere colgarse medallas, pero durante unos años en este país se respiró un aire social que mantuvo una Medicina Pública de alto nivel, un periodo en el que médicos extranjeros venían a aprender a España.

Un día llegó la democracia, y todos los demócratas españoles, que eran muchísimos a pesar de que hasta entonces no habían hecho acto de presencia, dijeron: ¡qué alivio, llegó la libertad! Y los que trabajábamos en la Sanidad Pública dijimos: si con los fascistas esto iba bien, con los socialistas ni te cuento. Grave decepción. Los sucesivos y democráticos gobiernos, fueran socialistas, centristas o derechistas, multiplicaron la burocracia y restringieron los presupuestos sanitarios. Pero sobre todo cometieron un terrible error: transferir las competencias sanitarias a las Comunidades Autónomas.

Miren, planificar la Sanidad de un país no es fácil, pero en principio es una cuestión estadística. Por ejemplo: primero se determina cuántos trasplantes de corazón por número de habitantes es necesario realizar en un año. Después se calcula cuántas intervenciones anuales debe realizar un equipo quirúrgico para que sus miembros adquieran la máxima destreza y el gasto sea proporcionado. Con estos datos es fácil determinar el número exacto de centros de trasplante cardíaco que necesita un país en un momento dado. ¿Han tenido en cuenta estos sencillos cálculos nuestros sucesivos ministros de Sanidad? No. Cada consejero de Sanidad de su respectiva autonomía ha dicho que no va ser menos que el de al lado. Si ese trasplanta, yo también. Conclusión: se han cuadruplicado o quintuplicado los centros dedicados a lo mismo, con un aumento desmesurado del gasto público y, lo que es peor, centros que operan la quinta parte de lo que deberían operar. La Sanidad no debió transferirse NUNCA, como no se transfirió la moneda o el ejército; o al menos haberlo hecho de forma sensata.


De manera que no nos vengan ahora con milongas los economistas dictaminando que aquella Sanidad Pública de alto nivel es irrepetible. Antes de recurrir al capital privado, que como es lógico quiere hacer negocio, nuestros políticos deberían resolver el despilfarro sanitario de las Autonomías y estructurar una ÚNICA Sanidad Pública para todo el Estado español. Esto les restará votos, pero conseguirán dos cosas: profesionales mejor formados y una Medicina Pública menos costosa y más eficaz. De no hacerse así, los ministros franquistas (que no necesitaban ser demagogos porque en una dictadura no se discute lo que ordena un ministro) seguirán siendo un ejemplo, por vergonzoso que resulte, para los insolventes gobernantes que nos ha tocado padecer.