viernes, 20 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
Lo que tenemos delante
George Orwell
decía que mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante
esfuerzo. Muchos de los que vivimos el comienzo de la democracia no hicimos ese
esfuerzo y ahora nos asombra lo que ven nuestros ojos. Si no se hubiera
producido esta crisis económica seguiríamos estando ciegos o miraríamos sin
ver. Ahora no solo vemos lo que está delante de nuestros ojos, también miramos
hacia atrás con rabia. ¿Desde cuándo está sucediendo esto? ¿Cuándo empezaron a
robar?
No habíamos visto antes pero vemos ahora que nuestros políticos
han corrompido la Transición, un momento histórico ilusionante que creíamos
invulnerable. Hoy los sociólogos hablan de la "falsedad" de la
Transición, porque " fue una imposición neta de la fracción reformista del
franquismo que la mayor parte de la población revalidó". Bueno, ¿y qué?
Esa imperfecta reforma permitió convocar elecciones generales y crear una
Constitución. ¿Podía pedirse más? Puede que la Transición no fuera perfecta,
pero desde luego no es culpable de la corrupción política que ahora nos abruma.
Por su parte los
políticos están perplejos: ¿qué le pasa a la gente? ¿de qué protestan? Nosotros
estamos haciendo las cosas como siempre: igual que los que nos precedieron,
igual que los que precedieron a los precedentes. El problema que aflige ahora a
la clase política (no hay tal "clase" política, pero es como mejor se
entiende) es arduo: recuperar el prestigio ante los ciudadanos. Y a los
ciudadanos les importa poco que la regeneración social la lleven a cabo los
políticos de derechas o los de izquierdas: perciben que la frontera entre una y
otra ideología es cada vez más difusa. Los partidos políticos, como algunos
equipos de futbol, se están quedando sin hinchas, y esta situación suele ser
terrible para los equipos porque no llenan los campos, pierden patrocinadores y
corren el riesgo de bajar a segunda división.
Si no quieren
afrontar ese riesgo sería conveniente que nuestros políticos prestasen más
atención a Orwell y estuvieran atentos a lo que tienen delante de los ojos.
Aunque sea con esfuerzo.
martes, 17 de diciembre de 2013
Arboleda
Nací en Toledo un día de febrero y ese día un incendio destruía la
ciudad vieja de Santander. Sin embargo en Toledo nevaba. Los augures hubieran
dicho que nací entre el fuego y la nieve y habrían hecho predicciones. Ahora ya
no hay augures y es tarde para pensar en el fuego y la nieve, pero hubo un
tiempo en que creía o me gustaba creer en esos símbolos. Siempre hay un momento
para creer en todas las cosas.
Escribir sobre uno mismo es una maldita tentación contra la que se
lucha toda la vida y al final se acaba sucumbiendo. Uno tiene la absoluta
certeza de que su vida no le interesa a nadie (tal vez a 4 o 5 personas), pero
cuando se llega a una determinada edad uno se dice a sí mismo: debería dejar
constancia de algo. Quizá por eso haya iniciado este blog. Quizá estoy
empezando a dejar constancia.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Últimas lecturas
He leído de
manera sucesiva, aunque sin intención, dos novelas que se desarrollan en Israel
y que, de manera inevitable, tienen como música de fondo el conflicto palestino
israelí. La primera narración, "El Atentado", está escrita por un árabe,
un ex-militar argelino que firmaba sus libros con un pseudónimo femenino, Yasmina
Khadra, por miedo a la censura. El autor de la segunda novela, "El
Amante", Abraham Yehoshua es judío. Estos escritores tienen en común su
rechazo de la violencia, la idea de que el conflicto entre árabes y hebreos
debe terminar y que ambos pueblos pueden convivir en paz. Pero ni siquiera en
sus libros logran formalizar esa utopía.
En la novela de
Yehoshua, los personajes árabes que viven en territorio israelí, son tratados
con respeto, con afecto incluso, pero es imposible no percibir un sentimiento
de condescendencia hacia ellos: son buenos, amistosos, trabajadores, pero irremediablemente
inferiores. El libro de Khadra cuenta la historia de un médico árabe, integrado
en Israel, cuya esposa se inmola en un atentado suicida. El autor, a través de
sus personajes, desaprueba esa violencia, pero no puede evitar transmitir una
justificación subliminal del atentado. Es triste, pero erradicar ese antagonismo
geográfico, consecuencia de decisiones políticas equivocadas, parece imposible
incluso en la ficción.
Para
contrarrestar el posible pesimismo que inspiran estos temas, les propongo
escuchar la música de Ludovico Einaudi, un compositor italiano actual al que no
le importa definirse como minimalista.
sábado, 30 de noviembre de 2013
miércoles, 27 de noviembre de 2013
San Pablo y las sumisas
Gran escándalo en los medios a causa de un libro
escrito por una italiana que ha editado en España Nuevo Inicio, una editorial
creada por el arzobispo de Granada monseñor Martínez. Cásate y sé sumisa es el título. Hasta a la ministra Mato (ver para
creer) a pedido la retirada de la obra por su contenido irrespetuoso con la
mujer. Resultado: número uno de ventas en Amazon. A lo mejor es de lo que se
trataba. La provocación, ya se sabe, es lo que más vende.
¿Creen realmente los cristianos que la mujer debe ser
sumisa? Tanto la autora como el clérigo sustentan sus afirmaciones en las
palabras de San Pablo. He aquí el gran error del arzobispo y de la Iglesia
Católica en general. Justificar sus dictámenes con palabras que se dijeron hace
dos mil años es ignorar con deliberación el progreso de la humanidad. Esas palabras
pudieron ser válidas en el siglo I, pero no lo son el siglo XXI. No es comparable
el nivel social de la mujer en tiempos de Cristo con el actual. Es como si los
médicos siguiéramos practicando la medicina de Hipócrates o los filósofos
siguieran aludiendo al demiurgo platónico. San Pablo fue un hombre muy listo,
pero hablaba para los cristianos de su época. Por tanto, escudarse hoy en día
en lo que él dijo es una inconsecuencia.
Por otra parte, a mi juicio, hay una interpretación
sesgada de lo que escribió Pablo. Si tienen curiosidad pueden consultar la
Epístola a los Efesios. Rescato aquí los versículos en cuestión: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al
Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es
cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también
las casadas lo estén a sus maridos en todo.
(Efesios
5, 22-25) Yo no veo que aquí se
hable de sumisión. Más me parece que "estar sujetas" podría ser una
prevención del adulterio y no una forma de esclavitud. Sobre todo cuando más
adelante proclama: Así también los maridos deben
amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos (...) porque somos miembros
de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
En un contexto histórico, las palabras de
Pablo podrían no resultar demasiado lesivas para el género femenino, y no deberían
usarse como arma arrojadiza por la curia conservadora.
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