jueves, 19 de diciembre de 2013

Pastorcilla


Lo que tenemos delante


 George Orwell decía que mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo. Muchos de los que vivimos el comienzo de la democracia no hicimos ese esfuerzo y ahora nos asombra lo que ven nuestros ojos. Si no se hubiera producido esta crisis económica seguiríamos estando ciegos o miraríamos sin ver. Ahora no solo vemos lo que está delante de nuestros ojos, también miramos hacia atrás con rabia. ¿Desde cuándo está sucediendo esto? ¿Cuándo empezaron a robar?

No habíamos visto antes pero vemos ahora que nuestros políticos han corrompido la Transición, un momento histórico ilusionante que creíamos invulnerable. Hoy los sociólogos hablan de la "falsedad" de la Transición, porque " fue una imposición neta de la fracción reformista del franquismo que la mayor parte de la población revalidó". Bueno, ¿y qué? Esa imperfecta reforma permitió convocar elecciones generales y crear una Constitución. ¿Podía pedirse más? Puede que la Transición no fuera perfecta, pero desde luego no es culpable de la corrupción política que ahora nos abruma.

Por su parte los políticos están perplejos: ¿qué le pasa a la gente? ¿de qué protestan? Nosotros estamos haciendo las cosas como siempre: igual que los que nos precedieron, igual que los que precedieron a los precedentes. El problema que aflige ahora a la clase política (no hay tal "clase" política, pero es como mejor se entiende) es arduo: recuperar el prestigio ante los ciudadanos. Y a los ciudadanos les importa poco que la regeneración social la lleven a cabo los políticos de derechas o los de izquierdas: perciben que la frontera entre una y otra ideología es cada vez más difusa. Los partidos políticos, como algunos equipos de futbol, se están quedando sin hinchas, y esta situación suele ser terrible para los equipos porque no llenan los campos, pierden patrocinadores y corren el riesgo de bajar a segunda división.


Si no quieren afrontar ese riesgo sería conveniente que nuestros políticos prestasen más atención a Orwell y estuvieran atentos a lo que tienen delante de los ojos. Aunque sea con esfuerzo.

martes, 17 de diciembre de 2013

Arboleda


Nací en Toledo un día de febrero y ese día un incendio destruía la ciudad vieja de Santander. Sin embargo en Toledo nevaba. Los augures hubieran dicho que nací entre el fuego y la nieve y habrían hecho predicciones. Ahora ya no hay augures y es tarde para pensar en el fuego y la nieve, pero hubo un tiempo en que creía o me gustaba creer en esos símbolos. Siempre hay un momento para creer en todas las cosas.


Escribir sobre uno mismo es una maldita tentación contra la que se lucha toda la vida y al final se acaba sucumbiendo. Uno tiene la absoluta certeza de que su vida no le interesa a nadie (tal vez a 4 o 5 personas), pero cuando se llega a una determinada edad uno se dice a sí mismo: debería dejar constancia de algo. Quizá por eso haya iniciado este blog. Quizá estoy empezando a dejar constancia.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Botellas


Últimas lecturas


He leído de manera sucesiva, aunque sin intención, dos novelas que se desarrollan en Israel y que, de manera inevitable, tienen como música de fondo el conflicto palestino israelí. La primera narración, "El Atentado", está escrita por un árabe, un ex-militar argelino que firmaba sus libros con un pseudónimo femenino, Yasmina Khadra, por miedo a la censura. El autor de la segunda novela, "El Amante", Abraham Yehoshua es judío. Estos escritores tienen en común su rechazo de la violencia, la idea de que el conflicto entre árabes y hebreos debe terminar y que ambos pueblos pueden convivir en paz. Pero ni siquiera en sus libros logran formalizar esa utopía.

En la novela de Yehoshua, los personajes árabes que viven en territorio israelí, son tratados con respeto, con afecto incluso, pero es imposible no percibir un sentimiento de condescendencia hacia ellos: son buenos, amistosos, trabajadores, pero irremediablemente inferiores. El libro de Khadra cuenta la historia de un médico árabe, integrado en Israel, cuya esposa se inmola en un atentado suicida. El autor, a través de sus personajes, desaprueba esa violencia, pero no puede evitar transmitir una justificación subliminal del atentado. Es triste, pero erradicar ese antagonismo geográfico, consecuencia de decisiones políticas equivocadas, parece imposible incluso en la ficción.


Para contrarrestar el posible pesimismo que inspiran estos temas, les propongo escuchar la música de Ludovico Einaudi, un compositor italiano actual al que no le importa definirse como minimalista.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Casares

(Técnica mixta)

San Pablo y las sumisas

Gran escándalo en los medios a causa de un libro escrito por una italiana que ha editado en España Nuevo Inicio, una editorial creada por el arzobispo de Granada monseñor Martínez. Cásate y sé sumisa es el título. Hasta a la ministra Mato (ver para creer) a pedido la retirada de la obra por su contenido irrespetuoso con la mujer. Resultado: número uno de ventas en Amazon. A lo mejor es de lo que se trataba. La provocación, ya se sabe, es lo que más vende.

¿Creen realmente los cristianos que la mujer debe ser sumisa? Tanto la autora como el clérigo sustentan sus afirmaciones en las palabras de San Pablo. He aquí el gran error del arzobispo y de la Iglesia Católica en general. Justificar sus dictámenes con palabras que se dijeron hace dos mil años es ignorar con deliberación el progreso de la humanidad. Esas palabras pudieron ser válidas en el siglo I, pero no lo son el siglo XXI. No es comparable el nivel social de la mujer en tiempos de Cristo con el actual. Es como si los médicos siguiéramos practicando la medicina de Hipócrates o los filósofos siguieran aludiendo al demiurgo platónico. San Pablo fue un hombre muy listo, pero hablaba para los cristianos de su época. Por tanto, escudarse hoy en día en lo que él dijo es una inconsecuencia.


Por otra parte, a mi juicio, hay una interpretación sesgada de lo que escribió Pablo. Si tienen curiosidad pueden consultar la Epístola a los Efesios. Rescato aquí los versículos en cuestión:  Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor,  porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.  Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.  (Efesios 5, 22-25) Yo no veo que aquí  se hable de sumisión. Más me parece que "estar sujetas" podría ser una prevención del adulterio y no una forma de esclavitud. Sobre todo cuando más adelante proclama: Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos (...) porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 

En un contexto histórico, las palabras de Pablo podrían no resultar demasiado lesivas para el género femenino, y no deberían usarse como arma arrojadiza por la curia conservadora.