martes, 7 de mayo de 2019
lunes, 29 de abril de 2019
Doctor Bob
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| Atardecer en Tampa (Florida) |
Por casualidad encontré en internet un libro autobiográfico de Lodewyk H.S. Van Mierop. "Doctor Bob" es el título del libro (Outskirts Press, 2012). Los americanos, con su eficacia simplificativa tradicional, encontraron incómodo desde el principio el nombre de este inmigrante holandés y siempre fue conocido como Bob. Conocí a Bob Van Mierop en 1974 cuando, junto con mi amigo y compañero el doctor Víctor Pérez Martínez, ya fallecido, viajé con una beca a Estados Unidos para perfeccionar conocimientos de morfología de las cardiopatías congénitas y embriología del corazón. El profesor Van Mierop era y es conocido en todo el mundo por sus trabajos sobre el desarrollo cardiaco y las enfermedades congénitas del corazón, y fue pionero e impulsor de la cirugía cardiaca pediátrica en Estados Unidos.
Previamente Víctor y yo habíamos permanecido unos meses en el Childrens Hospital de Boston, en el Departamento de Morfología Cardiaca que dirigía Richard Van Praagh, curiosamente otro apellido holandés, aunque éste más remoto, ya que Richard era canadiense. Ambos investigadores trabajaban con corazones infantiles y discrepaban en muchos aspectos, lo que no les impedía tener una relación amistosa. Van Mierop me pareció un hombre un poco adusto, aunque no desprovisto de sentido del humor, que nos recibió con la máxima cordialidad. Gran parte de la historia que relata en su libro nos la contó entonces en agradables veladas junto a su mujer y sus hijos.
Nació en Java de padres holandeses y desde muy joven se sintió fascinado por la naturaleza y la ciencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, después de que casi todo el sudeste de Asia hubiera sido invadido por los japoneses, todos los ciudadanos occidentales fueron internados en campos de prisioneros. Hombres y niños mayores de 17 años se mantuvieron en campamentos separados de los que alojaban a mujeres, niños y ancianos. Los prisioneros sufrieron humillaciones, palizas y hambre. Entre estos jóvenes se encontraba Van Mierop. Al terminar la guerra abandonó el campamento muy delgado y hambriento, pero con una salud razonablemente buena. Después de múltiples vicisitudes, que relata en su libro, se hizo médico en la Universidad de Leiden y años más tarde emigró a Estados Unidos, donde se convirtió en una autoridad mundial en las cardiopatías infantiles. Era, en 1974, profesor en la Universidad de Florida, en Gainesville, y allí acudimos mi amigo Víctor y yo a perfeccionar conocimientos de nuestra especialidad.
Además de la medicina, su gran pasión era el mundo animal. De lo primero que nos habló, en relación con España, fue de Félix Rodríguez de la Fuente, al que tenía en alta estima y conocía todos sus documentales.Tenía en su casa un gran serpentario que abarcaba muchas especies, incluyendo grandes serpientes pitón y otros ofidios de mordedura mortal, lo cual producía en los visitantes una razonable inquietud. Hacía muchos años que no oía hablar de él cuando descubrí su libro. Le recuerdo con cariño y agradecimiento por su enseñanza. Van Mierop falleció en 2021. Un saludo desde la distancia y el tiempo, Dr. Bob.
Nació en Java de padres holandeses y desde muy joven se sintió fascinado por la naturaleza y la ciencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, después de que casi todo el sudeste de Asia hubiera sido invadido por los japoneses, todos los ciudadanos occidentales fueron internados en campos de prisioneros. Hombres y niños mayores de 17 años se mantuvieron en campamentos separados de los que alojaban a mujeres, niños y ancianos. Los prisioneros sufrieron humillaciones, palizas y hambre. Entre estos jóvenes se encontraba Van Mierop. Al terminar la guerra abandonó el campamento muy delgado y hambriento, pero con una salud razonablemente buena. Después de múltiples vicisitudes, que relata en su libro, se hizo médico en la Universidad de Leiden y años más tarde emigró a Estados Unidos, donde se convirtió en una autoridad mundial en las cardiopatías infantiles. Era, en 1974, profesor en la Universidad de Florida, en Gainesville, y allí acudimos mi amigo Víctor y yo a perfeccionar conocimientos de nuestra especialidad.
Además de la medicina, su gran pasión era el mundo animal. De lo primero que nos habló, en relación con España, fue de Félix Rodríguez de la Fuente, al que tenía en alta estima y conocía todos sus documentales.Tenía en su casa un gran serpentario que abarcaba muchas especies, incluyendo grandes serpientes pitón y otros ofidios de mordedura mortal, lo cual producía en los visitantes una razonable inquietud. Hacía muchos años que no oía hablar de él cuando descubrí su libro. Le recuerdo con cariño y agradecimiento por su enseñanza. Van Mierop falleció en 2021. Un saludo desde la distancia y el tiempo, Dr. Bob.
domingo, 21 de abril de 2019
MATERIA OSCURA (Relato)
Cuando M se despertó contempló asombrado que una mitad de su habitación estaba oscura y la otra iluminada. La ventana estaba abierta y la luz que entraba se dividía en rayos brillantes y oscuros. Intrigado saltó de la cama y, frente al espejo, comprobó con alivio que él no había cambiado, seguía siendo el mismo en cuanto a iluminación se refiere. Se asomó a la ventana y observó con sorpresa que en los edificios se repetía la distribución entre zonas oscuras e iluminadas. Todo lo demás parecía estar en orden, los coches y los autobuses circulaban con normalidad por la calzada y por las aceras discurrían sin problema los transeúntes. Bien es verdad que algunos vehículos eran oscuros y otros iluminados y lo mismo ocurría con los peatones, pero, al margen de esa peculiaridad, nada indicaba que algo extraño estuviera ocurriendo.
A M le pareció raro. Encendió el ordenador y buscó información en los periódicos digitales. Grandes titulares le informaron del acontecimiento: "¡Invasión de la materia oscura!" "La materia oscura del universo llega a nuestro planeta". "Un error en un experimento desencadena un fenómeno cósmico". M leyó con avidez la letra pequeña: "La anomalía se ha originado en el acelerador de partículas de un laboratorio de Maryland. Durante un experimento rutinario, se produjo una partícula no identificada que los físicos no pudieron controlar y escapó por una ventana del laboratorio a velocidad cercana a la de la luz. Los científicos creen que es la responsable del fenómeno".
M encendió la televisión. Un físico muy joven y muy nervioso estaba dando explicaciones: "...es un bosón, pero muy pequeño, ¡quién podía imaginarlo! Nuestro aparato es muy sencillo, no puede alcanzar grandes energías, así que fue una sorpresa que escapase del acelerador". M cambió de canal y escuchó las palabras de un premio Nobel de Física que siempre le había caído mal. El ilustre científico decía: "Estas cosas ocurren por menospreciar las partículas de baja energía. Los jóvenes piensan que solo importan el bosón de Higgs y otras superpartículas, pero la física moderna tiene que considerarlo todo".
El fenómeno era sorprendente, pero no parecía ser dañino. En el autobús que M tomaba para ir a la oficina había personas que eran oscuras y otras iluminadas. Advirtió que el conductor, pese a ser oscuro, conocía el trayecto a la perfección y se detenía en las paradas habituales. Los viajeros iluminados y los oscuros se miraban con perplejidad, aunque unos y otros enseguida recuperaban la expresión resignada de los que van a trabajar un lunes. En el trabajo no había nadie oscuro, lo cual no resultaba raro porque M trabajaba en una sucursal bancaria atendida solamente por tres empleados. No obstante, el pequeño recinto mostraba dos zonas de iluminación claramente diferenciadas; asimismo, durante la mañana, entraron en el banco tanto clientes iluminados como oscuros, que fueron atendidos de la forma habitual.
A mediodía se emitió un comunicado oficial por televisión llamando a los ciudadanos a la serenidad y quitando trascendencia a lo sucedido. Las palabras del Presidente del Gobierno, que apareció en una rueda de prensa, fueron confusas pero no inquietantes, y de paso aprovechó para culpar a los populistas. Al otro lado del océano, el presidente de Estados Unidos había vociferado: “¡El bosón es nuestro! ¡No admitiremos a la materia oscura, construiremos un muro!” Al final un tipo bajito, que dijo ser cosmólogo, ofreció una farragosa explicación que no entendió nadie. Pocos días después la noticia dejó de figurar en la primera plana de los diarios y la vida siguió como siempre.
En esos días extraños M conoció a Carol, una chica oscura muy atractiva y empezaron a salir. M descubrió que Carol, pese a la diferente forma en que reflejaba la luz, era una chica normal, sensible, divertida y compartía con ella muchas cosas. M y Carol se sentían felices y empezaron a hacer planes a largo plazo.
Una mañana, al despertar, M comprobó que Carol no estaba a su lado. Se incorporó inquieto y tras unos segundos de aturdimiento advirtió que su habitación estaba totalmente iluminada. Habían desaparecido las sombras. Corrió a encender el televisor y allí estaba el físico joven gritando alborozado: “¡El bosón ha vuelto, lo hemos recuperado!”. Después apareció el premio Nobel afirmando que la posible invasión de la materia oscura era algo que él había predicho tiempo atrás. El presidente del Gobierno envió un mensaje tranquilizador a la ciudadanía y dijo que las finanzas no habían resultado afectadas por la invasión. Por su parte el presidente de EEUU se atribuyó la expulsión de los oscuros y dijo que el mundo se había salvado. Las cámaras recorrieron las calles y recogieron las impresiones de la gente. Todo el mundo sonreía y parecía feliz.
Todos menos M. Comprendió que nunca volvería a ver a Carol.
viernes, 12 de abril de 2019
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| Recreación de un agujero negro |
LA TIERRA PLANA
La Conferencia Internacional de la Tierra Plana piensa fletar un crucero que navegará hasta el confín del planeta, cuyo límite está constituido, según los terraplanistas, por un gigantesco muro de hielo circular. La primera idea que se le ocurre a uno es que se trata de un evento comercial, ya que se asegura que los pasajeros disfrutarán de camarotes de lujo, pistas de esquí acuático, restaurantes de alta gama y suntuosas fiestas. Pero, al margen de que se apunten al crucero unos cuantos millonarios aburridos, habrá un número no escaso de personas que, embarcados o no, crean firmemente que el navío llegará a los confines del mundo y demostrará finalmente que la Tierra es plana. Es de suponer que entre los creyentes habrá individuos de toda índole, incluso personas cultas que han recibido una sólida formación.
¿Qué impulsa a seres normales a profesar esta fe estrafalaria e insostenible? Pueden invocarse razones muy repetidas, como la desolación que produce vivir en un mundo injusto e imperfecto y la necesidad de evadirse confiando en esquemas diferentes. Esa necesidad suele conducir hacia sectas más o menos satánicas o provocar conversiones a diversas religiones. ¿Pero qué remedio espiritual puede proporcionar sostener que la Tierra es plana? Quizás la cuestión está en creer en lo que nadie cree, sentir lo que nadie siente.
AGUJERO NEGRO
El mundo científico está revolucionado porque se ha podido fotografiar un agujero negro. Esta entidad era hasta ahora una hipótesis, si bien los datos astronómicos y los cálculos matemáticos prácticamente certificaban su existencia. Incluso teníamos constancia de sucesos cataclísmicos en el cosmos como resultado del choque de dos agujeros negros. Todo el mundo sabe lo que es un agujero negro, así que no me parece necesario describirlo ahora. A falta de una visión directa, nos habían ofrecido en multitud de ocasiones recreaciones artísticas de ese objeto estelar. En ellas se representaban minuciosamente las características fundamentales de un agujero negro: el horizonte de sucesos, su comportamiento como lente gravitacional, la radiación que emite, y en muchos modelos veíamos enormes chorros de materia absorbidos por la tremenda gravedad del agujero.
AGUJERO NEGRO
El mundo científico está revolucionado porque se ha podido fotografiar un agujero negro. Esta entidad era hasta ahora una hipótesis, si bien los datos astronómicos y los cálculos matemáticos prácticamente certificaban su existencia. Incluso teníamos constancia de sucesos cataclísmicos en el cosmos como resultado del choque de dos agujeros negros. Todo el mundo sabe lo que es un agujero negro, así que no me parece necesario describirlo ahora. A falta de una visión directa, nos habían ofrecido en multitud de ocasiones recreaciones artísticas de ese objeto estelar. En ellas se representaban minuciosamente las características fundamentales de un agujero negro: el horizonte de sucesos, su comportamiento como lente gravitacional, la radiación que emite, y en muchos modelos veíamos enormes chorros de materia absorbidos por la tremenda gravedad del agujero.
Ahora tenemos una imagen real y, si quieren que les diga, me ha parecido un poco pobre en comparación con las recreaciones artísticas. Es como si la foto no aportara ninguna novedad. En efecto, vemos un pequeño círculo negro rodeado de una sustancia amarillenta que puede ser gas estelar incandescente. Pero eso ya lo habíamos visto muchas veces en las recreaciones imaginadas en comics, películas o teleseries y apenas constituye una sorpresa. No quisiera restar importancia a la gran hazaña científica que supone la fotografía en cuestión, pero la conclusión es que, una vez más, lo real es menos espectacular que la fantasía. Me pasó algo parecido cuando descubrieron el bosón de Higgs. Tanto se había hablado de la famosa partícula que esperaba grandes cambios en nuestra concepción del universo, cosa que todavía no ha sucedido.
En fin, ya tenemos el bosón y el agujero, seguiremos esperando.
lunes, 8 de abril de 2019
Esta mañana, cuando he sacado a los perros hacía frío. El sol estaba cubierto por nubes que parecían incandescentes. Estos días son buenos para hacer fotografías, la luz plena del sol es muy intrusiva; las fotos en los días grises pueden tener un tinte de nostalgia. He leído que la luz que nos alumbra nace en el centro del sol, y que esos fotones tardan millones de años en alcanzar la superficie de la estrella. Luego, cuando son liberados, corren a la velocidad de la luz y tardan ocho minutos en llegar a nuestro planeta; otros no interrumpen su marcha y pueden llegar hasta el confín del universo. El físico Paul Davies se preguntaba: “¿por qué demonios corren sin parar las partículas?”. Lo he pensado unos segundos. Es una sensación de vacío inquietante. Pero en el fondo, ¿tiene algún sentido pensar en cosas que no conoceremos nunca?
Tenía bastantes reticencias antes de leer “Stoner” (John William, 1965), es algo que me ocurre a menudo con los libros de culto. Sin embargo me pareció una excelente novela y, como siempre me ocurre cuando un libro me conmueve, pensé que era la novela que me hubiera gustado escribir. Los escritores americanos saben reflejar muy bien los ambientes cotidianos en los que no ocurren grandes cosas. Relatan de forma sencilla los problemas de la gente sin sacar conclusiones críticas ni hacer filosofía. Hablo de escritores como Richard Yates, James Salter o Kent Haruf.
viernes, 30 de marzo de 2018
El sexo prohibido
Siempre me he hecho una pregunta: ¿por qué la mujer es el
único mamífero que no tiene celo? Si la mujer y el hombre pueden hacer el amor en
cualquier momento, este acto, en los humanos, solo está parcialmente
relacionado con la reproducción, al contrario que en los demás mamíferos. Esto
contradice la evolución darwiniana y la biología en general, o por lo menos
constituye una intrigante excepción.
Pero si contradice a Darwin, no digamos a
los mandatos religiosos derivados del judaísmo, que como todo el mundo sabe
condenan el sexo no reproductivo. Podríamos preguntarnos si esta capacidad
amatoria está evolutivamente relacionada con la superior inteligencia de la
especie humana, como si la evolución premiara esta superioridad con una placentera
sexualidad continuada, en vez estar limitada a los periodos de celo como en los
demás mamíferos. Como la evolución no da premios y sus mecanismos, según
la síntesis evolutiva moderna, son la adaptación
y la especiación, seguimos ignorando si
existe una explicación antropológica a esta peculiaridad de la hembra humana.
Pero existe una excepción. Resulta que las hembras de los bonobos,
o chimpancés enanos, a diferencia de de sus primas mayores, no tienen periodos
de celo, es decir, son receptivas sexualmente en todo momento. Lo cual nos
lleva a la sorprendente conclusión de que los bonobos deben tener la misma o semejante conducta sexual que los humanos.
Un golpe bajo para los humanistas fanáticos.
"Las relaciones sexuales en las sociedades de bonobos,
son usadas como saludo, como método de resolución de conflictos, como medio de
reconciliación y como forma de pago mediante favores, tanto de machos como de
hembras, a cambio de comida", sostiene el primatólogo Franz de Waal. Así
que, además de para pasárselo bien, estos chimpancés utilizan el sexo para
mejorar sus relaciones sociales. Interesante. De Waal continúa: "Los bonobos
son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados
realizando todas las actividades sexuales siguientes: sexo genital cara a cara
(principalmente hembra con hembra, seguido en frecuencia por el coito
hembra-macho y las frotaciones macho-macho), besos con lengua y sexo oral. Cuando los bonobos encuentran una nueva fuente
de comida o lugar de alimentación, la excitación general suele desembocar en
una actividad sexual en grupo, sobre todo entre las hembras, presumiblemente
descargando la tensión de los participantes y permitiendo una alimentación
pacífica". Al margen de su actividad sexual, el bonobo es de las especies
más pacíficas y no agresivas de mamíferos que hoy día viven en la tierra; es
capaz de manifestar altruismo, compasión, empatía, amabilidad, paciencia y
sensibilidad.
Ante este fenómeno de la naturaleza, ¿me quieren explicar
para qué valen nuestras leyes, nuestros dogmas religiosos, nuestros códigos
morales y éticos, nuestro dictamen sobre las perversiones sexuales y nuestra
presunción de respetar los derechos humanos?
En mi opinión las religiones, la literatura, las personas e
incluso la ciencia manejan los conceptos de sexo y amor de manera confusa. El instinto
sexual tiene una entidad real, forma parte de nuestro ADN; el amor no. ¿Estoy
afirmando que todo es sexo? En absoluto. El sexo es biológico, el amor es una
emoción que se transforma en sentimiento. El neurocientífico Antonio Damasio
distingue entre emociones y sentimientos. Las emociones se localizan en el
cerebro inconsciente, por lo que, unas veces más y otras menos, escapan a
nuestro control. Pero una emoción, si es procesada por nuestra conciencia, lo
cual es un proceso lento, puede transformarse en sentimiento sin dejar de ser
emoción. De esta manera, un sentimiento, el amor por ejemplo, se percibe como
una plenitud intelectual y al mismo tiempo como una emoción física, que es la
atracción sexual. Esto no ocurre siempre, hay casos en los que el sexo
predomina sobre un posible sentimiento que a lo mejor ni llega a existir. Otras
veces la atracción intelectual no está originada por la emoción sexual, sino
por una serie de afinidades ajenas al sexo; en este caso es mejor hablar de
amistad. O bien pueden producirse situaciones ambiguas en las que una persona
no sepa exactamente lo que está sintiendo.
Las preferencias sexuales entre hombres y mujeres son
biológicas en lo referente al instinto reproductivo; pero no en cuanto al
placer físico e intelectual que puede proporcionar el sexo. Ser gay o lesbiana
son los extremos de una serie de posiciones intermedias en las que se agrupan la
mayoría de las personas. Las diferentes secreciones hormonales entre hombre y
mujer están evolutivamente encaminadas a facilitar la reproducción, pero no
influyen para nada en la satisfacción placentera del sexo. Convertir el sexo en algo prohibido, si no conduce a la
reproducción, no es solo responsabilidad de las religiones, sino también
determinados códigos morales laicos, más o menos estrictos según la época.
A
esos moralistas, el sexo entre animales, como el de los bonobos, no les
preocupa, porque los consideran una especie inferior. Quizá la evolución eliminó el celo femenino en los humanos solo para ver si éramos capaces de disfrutar del sexo con la misma naturalidad que estos encantadores simios.
miércoles, 21 de marzo de 2018
viernes, 9 de febrero de 2018
Fotos explicadas
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| Fotografía de Mavictoria LP |
Este cartel recuerda una pancarta de los cantares de ciego en la que se cuenta un crimen alevoso. Es evidente que está dibujado a mano, con un estilo barroco que se asemeja a algunos comics catalanes de los años 70. Anuncia un evento en el Teatro Cervantes, aunque a primera vista no es fácil discernir de qué función se trata: la mirada se pierde temerosa en una tupida red de garabatillos, volutas y geometrías comprimidas que obnubilan al observador con un magnetismo compulsivo. Tal vez, pasada la primera hipnosis, acierte a distinguir una insinuación de puertas y ventanas y pueda descifrar el hermético mensaje de la pancarta: una suerte de festival de teatro malagueño. Pero el artista lo ha escrito mal, con letras diminutas, para que no nos distraigamos de su esotérico dibujo. Definitivamente esta obra sería más adecuada para contar el crimen de Cuenca.
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| Fotografía de Isabel ZR |
Es inquietante ver la imagen de Walter White, alias Heisenberg, en un felpudo, sobre todo si antes de entrar uno se limpia los zapatos con su jeta. De este sujeto pueden esperarse tanto represalias letales como una cordial acogida; pensemos mejor lo segundo. No sería muy original comparar a este personaje con Jekill y Hyde -entre otras cosas porque el pobre Mr Hyde era una hermanita de la caridad comparado con el irascible White-. Es más adecuado, a cuentas de su nom de guerre, compararlo con la dualidad onda-partícula de la física cuántica que inventara en su día el genuino Heisenberg.
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| Fotografía de Elisenda Segura |
No sabemos si este reloj funciona con normalidad o se ha parado exactamente a las tres y cuatro minutos, lo cual puede provocar una cierta congoja en el observador. Frente a la banalidad de un minutero que cumple con su función y señala -¡Ay!- el inexorable paso del tiempo, un reloj que marca exactamente las tres y cuatro, lo mismo puede ser un vulgar agotamiento del resorte que lo mueve, que un mensaje críptico, una contraseña o una hora prefijada en la que sucederá algo innombrable. Los más pusilánimes deben abstenerse de la segunda posibilidad, reservada solo para neuróticos y nostálgicos que leen novelas de misterio. Por lo demás, el minutero puede estar simplemente señalando el desconchón de la esfera que afea el artilugio. Uno se queda con ganas de saber quiénes eran esas Marguerites de Paris.
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| Fotografía de Isabel ZR |
He aquí una aldaba definitivamente sensual. Uno no puede esperar que el tacto de un llamador sea cálido y su contacto enervante; es obvio que con esa consistencia no se puede llamar a una puerta. Y no por el ruido , ya que el golpeo de los nudillos suele bastar para franquear cualquier entrada, sino porque al recién llegado pueden darle las uvas en el umbral acariciando la aldaba. Sin embargo esto es precisamente lo que sugiere la mano del retrato: si bien el brillo acariciador del artefacto es propio del metal bruñido, el liviano cincelado de los dedos delata una inequívoca textura femenina. En otro orden de cosas la mano/aldaba sostiene un objeto con apariencia de fruta madura. Inadecuado también para llamar, porque el plof resultante sería por completo inaudible.
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| Fotografía de Elisenda Segura |
Estos simpáticos idolillos pueden representar a Rómulo y Remo en versión posmoderna, aunque la ausencia de brazos introduce algunas dudas: no parece lógico que los fundadores de Roma, con el trabajo que tuvieron, carecieran de estas útiles extremidades. Salvo que tuvieran los brazos recogidos en la espalda, posición de respeto habitual en reyes y príncipes; pero es poco probable que los romanos primitivos conocieran este protocolo. Además echamos en falta la loba. Otra posibilidad es que se trate de los alienígenas que raptaron a Elías en un carro de fuego, pero no es una hipótesis falsable. Al final resultarán ser una copia del fetiche arumbaya que buscaba con ahinco Tintin en L'oreille cassée.
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| Fotografía de Isabel ZR |
Esta cara embutida en la piedra prefigura el semblante de Mariano Rajoy tras perder las elecciones, o bien el Tetrarca de Galilea con problemas de estreñimiento. En uno u otro caso, a esta máscara parece cabrearle un ciento el adorno floral con que la ha rodeado el arquitecto, por no hablar de las volutas que la sostienen. Es una pena que no puedan escucharse las blasfemias que profiere, ya que podrían orientarnos sobre la causa de tanto sufrimiento. Tampoco sabemos si el autor quiso inmortalizar a su suegra, pero estos ya son asuntos privados.
viernes, 26 de enero de 2018
Los cielos de Sonora
Elsa Flores vive en Sonora, Mexico, y hace fotografías del atardecer, como casi todo el mundo. Sin embargo no todo el mundo puede fotografiar los cielos de Sonora. Elsa dice que no es fotógrafa: "En las tardes salgo a caminar y es cuando tomo las fotografías. Pero no todas las tardes se prestan para una buena toma. Tienen que tener algo especial, algo que me atraiga y entonces la tomo. En realidad yo no hago nada, esta todo allí, yo solo tomo la foto". Así, como si nada, sin darle importancia. Pero a mí me parece que hay una luz distinta y un dramatismo difícil de conseguir en sus atardeceres. También hay poesía en sus cielos y acaso un poso de soledad. Ya me dirán que les parece.
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