martes, 14 de enero de 2014

Perderse en un camino


No es inútil

Leído en "El Cuaderno de Bento", de John Berger.

"Toda protesta política profunda es un llamamiento a una justicia ausente, y va acompañada de la esperanza de que en el futuro se terminará restableciendo esa justicia. La esperanza, sin embargo, no es la primera razón para llevar a cabo la protesta. Protestamos porque no hacerlo sería demasiado humillante, demasiado reductor, demasiado terrible. Una protesta a fin de preservar el momento presente, al margen de lo que nos reserve el futuro.

Protestar es negarse a que te reduzcan a cero y a un silencio impuesto. Por consiguiente, en el momento en que se hace una protesta, si se llega a hacer, ya hay una pequeña victoria. El momento, aunque pase, como todos los momentos, adquiere cierta permanencia. Pasa, pero queda impreso".

sábado, 11 de enero de 2014

Fuga al atardecer


Flowers in your hair


Esta es la historia de dos amigos. Philip Wallach Blondheim (1939 - 2012) nació en Florida y cuando contaba pocos meses su familia se trasladó a Virginia. Allí creció y se hizo amigo de John Edmund Andrew Phillips (1935 - 2001). A mediados de los 50, Philip y John, junto a Mike Boran y Bill Cleary, formaron un grupo músico vocal llamado The Abstract que consiguió grabar dos discos en Decca, momento en el cual Philip Blondheim decidió adoptar el nombre artístico de Scott McKenzie.

En 1961 el conjunto se deshizo, pero John y McKenzie conocieron a Dick Weissman y formaron un trío de música folk, The Journeymen, que fue relativamente popular en Estados Unidos, en aquellos años de apogeo de la música folk. El trío se disolvió en 1964 -en parte por las British Invasions- y sus miembros se disgregaron. McKenzie decidió entonces seguir su carrera en solitario, pero John Phillips, tal vez inspirado por los dioses, se unió a Denny Doherty, Cass Elliot y Michelle Gilliam para formar un cuarteto vocal que los hizo entrar en la leyenda. Ese grupo se llamaba The Mamas & The Papas.

No se supo mucho de Scott McKenzie en los tres años siguientes, pero en 1967, John Phillips escribió para su amigo de la infancia una canción que se convertiría en un éxito instantáneo. El propio John tocó la guitarra en la grabación  original. Esa canción fue el himno de una generación que pedía hacer el amor y no la guerra . Era aquella canción en que la voz delicada de Scott McKenzie te pedía que llevaras flores en el pelo si ibas a San Francisco. Escúchenla.


sábado, 4 de enero de 2014

Los colores del bosque



Porqué me gusta Murakami


¿Por qué me gusta Murakami? No es fácil explicarlo. Pero es indudable que este escritor ejerce sobre mí un magnetismo que me lleva a leer todas sus novelas, y creo que esa atracción va más allá de lo puramente literario. No voy a decir si me parece un escritor bueno, regular o malo. Por si alguien no lo tiene claro debo advertir que cuando escribo sobre libros en el blog no pretendo en absoluto hacer crítica literaria. Son solo comentarios a vuela pluma de la impresión que me dejan algunas lecturas. De Murakami he leído novelas que me han gustado mucho, otras que me han gustado menos y otras que no me han gustado nada. Y sin embargo siempre espero impaciente su siguiente libro.

Sus detractores afirman que las fórmulas y los motivos que consagraron su estilo se repiten una y otra vez: desde los sueños erótico-premonitorios hasta los comentarios musicales significativos, pasando por todo el arsenal de tópicos acerca de la amistad, el amor y la soledad adolescentes, el pasado que nunca pasa del todo, etcétera. Un comentarista dice que en las novelas de Murakami siempre hay: Dos personajes protagonistas; un hombre y una mujer. Un adolescente (hombre o mujer) rarito. Sexo cada 50 páginas: los hombres entran a él como idiotas y las mujeres son frías y lanzadas. Cosas raras. Todo personaje es descrito físicamente; si de algún personaje no se dice qué ropa lleva, es que va desnudo y está follando.

Todo esto es innegable, pero relativo. No creo que la repetición descalifique per se a un creador. Hay escritores consagrados que son repetitivos y han hecho de una comarca, un pueblo y aun de un barrio el ámbito permanente de sus novelas. También la música repetitiva puede ser excelsa, y me vienen a la memoria compositores como Satie o Riley. Lo mismo en la pintura, ahí están las obras de Mondrian y Rothko, por ejemplo. De manera que ser repetitivo en su temática y sus personajes, minucioso en sus descripciones, no escatimar escenas de sexo, complacerse en lo onírico y dejar cabos sueltos sin resolver en la mayoría de sus novelas, no condiciona necesariamente que Haruki Murakami sea un mal escritor. Todo dependerá del talento y la sensibilidad con que se combinen estos ingredientes y si el resultado es capaz de conmover al lector. 


A mi juicio, Murakami ha escrito cosas buenas y cosas malas, y dentro de las buenas hay unos pasajes mejores que otros, todo lo cual dignifica, creo yo, a un escritor que no va de prepotente por la vida, sea esa humildad auténtica o prefabricada. En fin, todo es cuestión de que en el lector se produzca una vibración o no se produzca. Quizá este post solo sea un ejemplo de lo que Vargas Llosa llama "elogio de la mala novela".

miércoles, 1 de enero de 2014

Mar


El mar

Ya no me engaño con los símbolos ni con las efemérides, ya no pienso que los años son distintos ni más felices porque acaban de empezar, ahora pienso en el mar que es casi eterno, ahora pienso en volver al mar.

 "EL MAR"

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo. Es aire,
incesante viento, agua y arena.
... 
(Pablo Neruda)


"MAR DISTANTE"

Si no es el mar, si es su imagen,
su estampa, vuelta, en el cielo.
Si no es el mar, si es tu voz
delgada,
a través del ancho mundo,
en altavoz, por los aires.
Si no es el mar, si es su nombre
en un idioma sin labios,
sin pueblo,
sin más palabra que ésta:
mar.
Si no es el mar, si es su idea
de fuego, insondable, limpia;
y yo,
ardiendo, ahogándome en ella.

(Pedro Salinas)