martes, 16 de septiembre de 2014
La corrupción
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| Distorsión. |
Quizá la corrupción, con ser abyecta, no sea el temido Leviatán que destruye la democracia. La opinión pública piensa que la corrupción es la causa principal de nuestras desdichas y los políticos prometen eliminarla para ganar votos. Hasta los partidos más socavados por la deshonestidad prometen enmendarse y ser impolutos como arcángeles en el futuro. Pero no parece que acabar con los corruptos, si es que se puede, sea la solución definitiva de nuestros problemas. Uno piensa que la corrupción es un ingrediente intrínseco de las democracias o de cualquier sistema de gobierno en cualquier país. El ser humano se corrompe, en mayor o menor medida, con bastante facilidad, quizá siguiendo el impulso genético de garantizar su subsistencia. Al fin y al cabo entre la clásica pregunta "¿Con IVA o sin IVA?" y los 500 millones en un paraíso fiscal solo hay una diferencia cuantitativa. Un gobierno inteligente no consideraría prioritario eliminar la corrupción, aunque intentase controlarla; no se puede evitar que la gente se mate en las carreteras, pero el estado puede mejorar las medidas de seguridad y establecer normas que reduzcan el número de muertos. Antes habría que corregir la desigualdad, que es el verdadero cáncer que nos ha ido corroyendo con sigilo los últimos años.
Yo apoyaré a los que prometan luchar contra la desigualdad, porque este problema si es posible resolverlo a nivel colectivo, con leyes y decretos, mientras que la corrupción es un problema individual. Restaurar el equilibrio entre lo público y lo privado y reducir la desigualdad social deben ser los principales objetivos para regenerar nuestra democracia. Si esto se consiguiera, la corrupción disminuiría por sí sola, o en todo caso sería más fácil combatirla.
Yo apoyaré a los que prometan luchar contra la desigualdad, porque este problema si es posible resolverlo a nivel colectivo, con leyes y decretos, mientras que la corrupción es un problema individual. Restaurar el equilibrio entre lo público y lo privado y reducir la desigualdad social deben ser los principales objetivos para regenerar nuestra democracia. Si esto se consiguiera, la corrupción disminuiría por sí sola, o en todo caso sería más fácil combatirla.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Cielo Inmenso
Simulación informática de Laniakea
Un grupo de astrónomos ha descubierto ahora que las galaxias no están distribuidas al azar en todo el Universo, sino que se encuentran en grupos que contienen docenas de galaxias, y en cúmulos masivos que poseen cientos de galaxias, todas interconectadas en una red de filamentos (?) en la que las galaxias se ensartan como perlas. Han bautizado al supercúmulo donde se encuentra la Vía Lactea con el nombre de "Laniakea ("cielo inmenso" en hawaiano). Calculan que su diámetro es de 500 millones de años luz y contiene 100.000 galaxias. Estos descubrimientos le transportan a uno a la ciencia ficción de los años 50, y es de agradecer que estos astrónomos, como aquellos escritores, describan con palabras poéticas sus hallazgos.
Además Laniakea parece estar avanzando hacia lo que se llama el Gran Atractor, un gran valle gravitatorio en las proximidades de los racimos Centaurus, Norma e Hydra, a unos 160 millones de años luz de distancia de nosotros. Lo de Gran Atractor, más que pertenecer a la literatura mencionada, parece recién salido de una película fantástica de serie B.
No sabemos por qué existe el Universo y es improbable que lleguemos a saberlo alguna vez. Pero preguntar "por qué existe" es más importante que preguntar "cómo se originó". En general, a los científicos les importa descubrir cómo suceden las cosas, no por qué suceden, ya que ese por qué implica una causalidad que a menudo niegan. Creen estar razonablemente seguros de que el Universo se originó en un fenómeno cuántico singular, conocido popularmente como Big Bang, pero si se les pregunta por qué se produjo ese estallido, afirman que no existe ninguna razón: ocurrió por azar. El azar es el gran comodín de la argumentación científica y filosófica en nuestro tiempo, hace caer una cortina sobre lo que se desconoce y previene explicaciones no aceptables por la razón. Por ejemplo, la ciencia explica que la vida se originó cuando unas proteínas inertes aprendieron a replicarse, lo cual es altamente probable, pero si uno indaga por qué sucedió, la respuesta siempre es la misma: ocurrió por azar. Otro ejemplo. Aceptamos que, desde ese primer momento, los seres vivos han evolucionado según las leyes de Darwin, pero nadie nos explica por qué empezó a actuar la evolución.
Es sorprendente que a lo largo de la historia solo haya habido dos respuestas al misterio de nuestra existencia. La más antigua y generalizada es la hipótesis creacionista que, en sus diferentes versiones, se apoya en criterios sobrenaturales no verificables. La segunda hipótesis es el azar, que por su propia naturaleza tampoco es verificable, pero parece ser actualmente la respuesta más adecuada para la ciencia. ¿No puede haber otras hipótesis que no sean teístas o basadas en la incertidumbre?
Stephen Hawking ha escrito que no es necesario invocar ningún dios para explicar el origen del Universo, pero, si los periodistas han interpretado bien las palabras del científico británico, tampoco parece gustarle el azar. Ha preguntado "por qué".
Si usted piensa en el Universo incomprensible, es bueno escuchar a Bach, cuya música intemporal y también incomprensible nos ayuda a perdernos entre esas miríadas de estrellas. Escuche el Kyrie de la Misa en Si menor, si es posible sin ninguna connotación religiosa, y deje volar su pensamiento por la inmensidad del espacio.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Las series
¿Hay literatura
en las series de televisión? Esta
pregunta la hace El País a sus lectores y les anima a contestar. Yo quiero comentar algo sobre las series, así que intento dar mi opinión. Pero me entero
de que, como máximo, se pueden escribir 200 palabras, y como no me gusta que me
limiten, me olvido de El País y escribo en mi blog. Para empezar la pregunta es
idiota o está mal formulada. Yo
preguntaría: ¿Hay cine en las series de
televisión? Esto tiene más sentido, así que me contestaré a mí mismo.
Una cuestión previa. ¿Cuánta gente va al cine en estos
días? No lo sé con exactitud, pero mucha menos gente que antes: las grandes
salas han desaparecido y las películas de estreno duran un suspiro en cartel.
¿Por qué? Porque los televisores de alta definición y los equipos home cinema ofrecen una imagen y sonido perfectos,
y las cadenas televisivas ofrecen los nuevos films con un mínimo retraso con
respecto a las salas comerciales; y además Internet nos brinda una amplia variedad de cine on line. Y todo esto sin salir de casa.
De modo que al cine -con la excepción de cinéfilos recalcitrantes- debe ir de
forma mayoritaria la gente joven, que, igual que ocurría en mi época, le gusta
salir y alejarse lo más posible de los ambientes hogareños. Por otra parte, ahora
lo importante no parece ser la calidad de la película, sino las dimensiones del
tanque de palomitas.
Las series televisivas se han convertido en una poderosa alternativa
al cine en el ámbito familiar. Pero ¿qué son las series? ¿Larguísimas películas
de 15-20 horas de duración, exhibidas por entregas como los folletines
decimonónicos, o son películas cortas, de 45 minutos, a razón de 20-24 por
temporada? Más bien lo segundo, salvo honrosas excepciones, porque lo normal es
que en cada episodio de la serie cambien los guionistas y el director, y de
esta manera sea imposible mantener una coherencia continuada, tanto argumental
como cinematográfica. Así, uno descubre que el bondadoso personaje de los tres
primeros episodios, se convierte en repulsivo en la cuarta entrega, para
retornar a su primitiva bondad, o a estados intermedios, en sucesivos
capítulos. Podríamos citar como honrosa excepción moderna la serie
"Breaking bad", coherente hasta el final y con mínimos altibajos, y
entre las antiguas, "Retorno a Brideshead" y "Yo
Claudio" por ejemplo. En estas series hay auténtico cine, o literatura,
como quiere El País. Por eso las miniseries inglesas, aunque no tan mediáticas
como las americanas, se aproximan más al cine y poseen una indudable calidad. Vean si no las casi olvidadas "Tipping the Velvet" y "Fingersmith",
basadas en las novelas de Sarah Waters.
Esas otras series de mayor difusión, como "Anatomía
de Grey", "Bones" o "CSI", son en efecto deshilvanadas
e incoherentes y guardan poca relación con el buen cine, pero tienen una
inestimable cualidad sofronizadora. Son perfectas para que usted, después de un
día de intenso trabajo y conflictos en la oficina y en casa, se deje caer en su
butaca/sofá, se tome una copa (opcional) y permita que el inane episodio de
turno le limpie el cerebro de miasmas.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Si no me equivoco
¿Ustedes creen que los que han convertido a Podemos en la
tercera fuerza política de este país (en las encuestas) son todos de izquierdas? Ni por lo más
remoto. Muchos son los indignados, los decepcionados, los que creen que todos
los políticos son iguales, los que están hartos de corrupción, los que no saben cómo
salir de la miseria, los que sin ser xenófobos creen que los inmigrantes usurpan
sus derechos. En otras palabras: los que antes de 2008 disfrutaban del estado
de bienestar, en la medida que les correspondiese, y no les importaba demasiado
que hubiera banqueros ricos porque un consumo moderado estaba a su alcance, la hipoteca
no les atenazaba y podían permitirse algún dispendio como irse una semana a la
Rivera Maya. Estos ciudadanos, que no son ni de derechas ni de izquierdas, no se
paran a pensar en este momento si un estado más intervencionista es mejor que
otro más liberal; lo que quieren es que alguien les (nos) saque del agujero y les
(nos) devuelva el añorado bienestar, porque entonces volverían a votar a los de
siempre, derecha o izquierda, eso es lo de menos, o no votarían si ese domingo
les daba pereza acercarse al Colegio Electoral. Somos como somos y nos encanta
decir que no necesitamos salvapatrias,
pero en cuanto aparece uno nuevo perdemos el culo para alistarnos en sus filas.
No hay más que echar un vistazo a nuestra historia.
No se tome lo anterior como crítica a Podemos. Esta
agrupación no engaña a nadie, y si usted se molesta en buscar su página web podrá
leer sus estatutos y formarse una opinión objetiva sobre el tipo de estado que
quieren conseguir, algo que no creo que hayan hecho todos los que los apoyan. En
cuanto a mi opinión personal, ustedes disculpen, pero me la reservo hasta que
Podemos sea un partido electo y vea cómo funciona. De momento solo es material
de encuestas y tertulias.
El siguiente video no está relacionado con el texto, pero
escuchen qué bien canta Madelyn Renee "El vals de Musetta", del segundo acto de La
Bohème.
viernes, 22 de agosto de 2014
Compositores contemporáneos. Peteris Vasks
Pēteris
Vasks (1946) nació en Aizpute, Letonia, en la familia de un pastor baptista. Se
formó como contrabajista y desempeñó ese puesto en varias orquestas de Letonia
antes de entrar en el Conservatorio Estatal en Vilna, en la vecina Lituania,
para estudiar composición debido a la política represiva hacia los baptistas en
la Letonia Soviética. Empezó a ser conocido fuera de Letonia en el decenio de
1990, cuando el violinista y director de orquesta letón Gidon Kremer comenzó a
elogiar y defender sus obras, aspecto que influyó para convertirlo en uno de
los más influyentes compositores europeos contemporáneos.
El
estilo inicial de Vasks debe mucho a los experimentos en música aleatoria de
Witold Lutoslawski, Krzysztof Penderecki y George Crumb. Más tarde, incluyó
elementos de la música popular de Letonia, hecho que se refleja, por ejemplo,
en su concierto para corno inglés (1989). Sus obras son por lo general muy
claras y comunicativas, y con un sólido sentido de la armonía. Pasajes líricos
puede ser seguidos por disonancias agitadas, o interrumpidos por secciones
sombrías. Ha hecho un amplio uso de técnicas minimalistas, pero nunca se
convirtió en esclavo de ningún método en particular.
Fuente: Wikipedia
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