jueves, 13 de febrero de 2014

Stand by me

Hay momentos, muy pocos, en los que uno llega a pensar que el ser humano no se ha desprendido por completo del altruismo y la solidaridad. Estas ideas fugaces proporcionan un instante de bienestar comparable al que uno puede experimentar escuchando el adagio del Quinteto para cuerdas en Do mayor, de Franz Schubert, o al contemplar un atardecer de Monet. El video de hoy me produce un efecto similar y aunque el montaje tenga un sustrato comercial, prefiero ignorarlo e imaginar que la hermandad que sugiere no es ficticia.


"Stand by me" es una canción de King, Leiber y Stoller, de 1961, que cantaba Ben E. King.

martes, 11 de febrero de 2014

Amanecer


Una tradición

"Lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal", dice un viejo aforismo. Yo creo que el ministro Wert ha sido fiel a esta recomendación desde que subió al púlpito. Oigan,  no es fácil ser el ministro peor valorado en todas las encuestas del CIS. Fíjense que  incluso le gana por la mano a Gallardón, el ministro Harakiri. En reñida competición, eso sí. Está claro que si Wert hubiera asistido a la gala de los Goya no hubiera cosechado el alud de comentarios, en directo y en diferido, que ha suscitado su ausencia. Hombre, el que los comentarios sean desfavorables yo creo que le da un poco lo mismo, porque es un todo  terreno y ya está hecho a todo. Ya me dirán, después de la que montado en Cultura y Educación, lo de los Goya es una filfa. Hasta es posible que haya echado de menos las ironías y los abucheos consustanciales con la gala. Y es que desde el "No a la Guerra" de 2003 (que si no me equivoco le tocó a la ministra Pilar del Castillo), hablarle de los Goya a un ministro de Cultura es como mentarle a la bicha. Pero ya digo, este hombre es inasequible al desaliento y el año próximo conseguirá ser ubicuo, o sea estar en dos sitios a la vez.

En España tenemos una tradición muy consolidada de ministros extravagantes, fuente inagotable de rechifla popular. Empezando por aquel ministro franquista de Educación, don Julio Rodríguez, que quiso implantar una demencial reforma del calendario escolar, el llamado Calendario Juliano. Recuerden también al esforzado ministro de Asuntos Exteriores, don Fernando Moran, que acaparó todos los chistes del momento, y a la ministra de Igualdad, doña Bibiana Aido, y su famosa perla "miembros y miembras". Sin olvidar a doña Esperanza Aguirre, que hoy mismo ha dicho justificando a Wert que "los actores no son lo más importante de su cartera", ella, que cuando fue ministra de Cultura no sabía que "Airbag" era una película española.


Todos estos singulares personajes quizá cumplen con las labores asignadas antaño a los bufones de la corte, dicho sea con todo respeto a tan importantes personajes inmortalizados por grandes pintores. Lastima que el desfase cronológico impida que Velazquez haya podido añadir a su esplendida colección los bufones actuales.

domingo, 9 de febrero de 2014

Puerta azul


Los perros

Le he comentado a mi Espíritu que los perros fomentan la interacción social de manera muy notable. Si usted está paseando por la calle y se cruza con un desconocido y sin más preámbulos le dice: "Vaya frío que hace hoy", lo más probable es que el desconocido crea que está loco o borracho y, sin contestarle, siga su camino. Y si la misma escena se produce de noche, en una calle mal alumbrada, el individuo acelerará el paso pensando que le van a robar. Pero si tanto usted como el desconocido están paseando a sus canes, lo más seguro es que el otro responda: " Sí, no hay quien lo aguante", y luego intercambien algunas frases más. Todo gracias a los perros.

Estos animales interactúan de una manera sencilla. Si se cruzan dos machos alfa se estudiarán a una cierta distancia, se les erizará el lomo y probablemente hagan un simulacro de acometida, acompañado de ladridos, que obligará a sus dueños a sujetarlos con las respectivas correas.  Si uno de los dos perros no es dominante o es un cachorro, o si son macho y hembra, el encuentro se resolverá en olfateos mutuos, gran agitación de rabos y en algún caso con invitación al juego. Mientras se producen estos rituales, los dos humanos sonreirán, hablaran de perros, del tiempo o de cualquier otra cosa y se despedirán amistosamente. Quién sabe si estas situaciones no pueden ser el comienzo de una hermosa amistad.


Estoy de acuerdo, me ha contestado el Espíritu, y sería recomendable que los políticos fueran al Congreso con sus mascotas para evitar esos agrios e inútiles enfrentamientos. Por ejemplo, el Sr. Rajoy y el Sr. Rubalcaba, mientras sus perros interactúan, conservarían la sonrisa y hablarían de futbol, y luego se sentarían en el escaño más relajados. Otro ejemplo sería una entrevista entre el Presidente del Gobierno y el Sr. Artur Mas, ya que éste último llevaría un perro catalán que se entendería a la perfección con el perro castellano del Sr. Rajoy, sin necesidad de inmersión lingüística. Tenemos mucho que aprender de los animales.

La canción de hoy está dedicada a mis nietos Luna y Samuel.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Sin título (sobre un cuadro de Richard Tuff)


Recordando a José Guardiola

José Guardiola fue un cantante catalán de mi generación. He revisado en You Tube algunas de sus canciones con un cierto temor, porque el tiempo hace estragos en los recuerdos de juventud. Sorprendentemente Guardiola no me ha decepcionado. Era un barítono lírico, de voz cálida y pastosa, que cantaba con gusto la música pop de los años 50 y 60. Lo único que se encuentra ahora en la red son sus covers de éxitos americanos, que fue por lo que destacó. Era de familia humilde, pero muy musical. Él tocaba el violín, su hermano la trompeta y su hermana el piano. Otras fuentes dicen que Guardiola tocaba el saxo tenor, y deben estar en lo cierto porque en 1948 se integró en un conjunto de jazz llamado "Crazy Boys", en el que tocaba un desconocido joven llamado Tete Montoliu.

El éxito le llegó por una versión en español de “Sixteen Tons”, la balada de Merle Travis que consagró  el barítono country Tennessee Ernie Ford. La letra en español era espeluznante, pero entonces nos tragábamos cualquier cosa. La cuestión es que Guardiola alcanzaba unas notas graves muy notables, cosa insólita en el paupérrimo panorama musical español, y su voz sonaba bien timbrada y con volumen. Había abandonado el comedimiento cursi y la nasalidad de nuestros cantantes y se había lanzado sin miedo a emular las voces graves de los yanquis. Hay que decir que en aquella época los bajos estaban muy de moda, y todo cuarteto doo wap que se preciase integraba un bajo de voz cavernosa. Tuvo bastante éxito, aunque en 1963 se equivocó al participar en Eurovisión con una de esas detestables canciones que infatigablemente seleccionamos, año tras año, para hacer el ridículo en los foros europeos.


Escuchado ahora, me ha parecido un cantante desaprovechado, porque su voz recuerda a los crooners de su época: Al Martino, Matt Monroe, etc. No había entonces en Europa muchas voces de esa tesitura en la música pop. Escuchen su versión de "Sixteen Tons" y ya digo, no se fijen mucho en la letra.


sábado, 1 de febrero de 2014

Mar de sueños


Conversaciones con el espíritu

Me han asegurado que no estoy loco, que no padezco esquizofrenia ni ningún tipo de trastorno bipolar. Yo no estoy tan seguro. Soy médico y entiendo un poco de estas cosas. Oír voces no es normal y yo oigo voces. Mejor dicho, oigo una voz con la que puedo dialogar. Esto también es raro, porque los locos oyen voces, pero, que yo sepa, no son capaces de mantener una conversación distendida con quien les habla. Al principio me preocupé, como es lógico, y consulté con psiquiatras y neurólogos y me hicieron toda clase de pruebas y tests. Nada, todo normal. ¿Entonces por qué oigo voces? Sonrisas inciertas, gestos ambiguos, encogimiento de hombros: no te preocupes, a veces se pueden tener alucinaciones sin patología de base, son cosas transitorias, el estrés, la tensión... O sea, nada, ni la menor idea.

Luego reflexioné sobre mi interlocutor invisible: la voz que yo oigo no es compulsiva, ni me ordena hacer cosas antisociales o extravagantes, como les ocurre a los esquizofrénicos; tampoco me atormenta, ni cambia mi personalidad. Eso me tranquilizó un poco. Si tengo alucinaciones auditivas, pero no me angustian, ni me quitan el sueño, ni alteran mi forma de vida... en fin, es como el que tiene acúfenos, ruidos en el oído, son molestos pero no graves. Aunque claro, nadie habla con sus acúfenos, así que la comparación no es muy exacta. Hablamos de cualquier cosa y suelo ser yo quien inicia el diálogo, él es bastante pasivo. Y digo él por decir algo, porque no sé si la voz es femenina o masculina. Él dice que es un espíritu, lo cual es absurdo porque yo no creo en espíritus. Se lo dije el primer día: mira, yo soy una persona racional, soy agnóstico, escéptico, no creo en nada inmaterial o sobrenatural, así que no creo que haya espíritus por ahí flotando, susurrándole cosas a la gente. Bueno, me contestó, piensa lo que quieras. Yo no te obligo a nada. Yo creo que soy un espíritu, pero si tú crees que los espíritus no existen yo no te voy a contradecir. Puede que tengas razón. Ya ven que no es un espíritu maligno, es más bien pasivo y considerado.


Por cierto, a falta de un nombre mejor, me referiré a él como el espíritu, pero solo a modo de licencia literaria, no porque me haya convencido de que es un alma en pena. Ya  les contaré más cosas.