miércoles, 29 de enero de 2014
Ajedrez
El presidente de la Comunidad de Madrid, Sr.
González, ha dicho que la decisión de no privatizar los hospitales que antes
quería privatizar, es unipersonal. A continuación explica que nunca se ha
sentido presionado ni por la marea blanca ni por las suspensiones cautelares de
los jueces. Si él lo dice... En una partida de ajedrez, cuando uno de los
jugadores advierte que le van a dar mate en tres jugadas, rinde su rey. Es
también una decisión unipersonal. Así que la decisión del Sr. González es fruto de
una reflexión íntima, pero por si acaso defenestra al Sr. Lasquetty, que pasaba
por allí, y en principio no tenía nada que ver con las elucubraciones mentales
de su presidente.
Es comprensible que los trabajadores de la
Sanidad Pública nos congratulemos de esta victoria, pero queda mucho camino por
recorrer y muchos estropicios que reparar. Ésta y anteriores administraciones han
devastado la estructura de los hospitales públicos ofreciendo a los médicos
jóvenes, llamados a sustituir los que se retiran, miserables contratos
temporales de seis meses, inútiles para proporcionar el estímulo y seguridad
necesarios para emprender una carrera profesional. Y para redondear la faena, el
año pasado el Sr. González barrió de una tacada, y de forma indiscriminada, a todos los trabajadores hospitalarios mayores
de 65 años, con lo que destruyó o dejo inermes a muchos servicios y perjudicó
masivamente a los usuarios madrileños. Quienes afirman que fue una venganza por
las asonadas sanitarias que tanto le incomodaban deben estar equivocados, porque seguramente fue también una decisión unipersonal.
martes, 28 de enero de 2014
Across The Universe
Recreación artística de un agujero negro
Pero así como las ideas de Wittgenstein solo son conocidas por eruditos, el término agujero negro ha hecho fortuna y se ha incorporado al lenguaje coloquial. De modo que no solo hay agujeros negros en el espacio, sino también en los bancos, en las empresas, en la economía de un país y en todo aquello que suponga la desaparición subrepticia de lo que debería estar en su lugar y de pronto ya no está. La analogía es correcta, porque un agujero negro es un objeto estelar (supuestamente una estrella que se colapsa sobre sí misma) cuya gravedad es tan intensa que ni siquiera la luz es capaz de escapar a su atracción, y todo lo que cae en su oquedad desaparece para siempre. Teóricamente, claro, porque nadie ha demostrado experimentalmente que tales objetos existan y solo se cuenta con demostraciones matemáticas, simulaciones por ordenador y observaciones astronómicas indirectas. Por eso dije antes que hay que tener valor para decir que no existe lo que ni siquiera se sabe si existe.
Lo que ha dicho Hawking es que la información y la energía atrapadas por un agujero negro solo se quedan en ese pozo sin fondo de manera temporal, ya que la física cuántica "permite" que la energía y la información escapen del agujero, si bien en forma caótica y desordenada. Lo cual a nivel popular resulta perfecto, porque por lo que vamos viendo es así, de manera caótica y desordenada, como se recupera habitualmente lo sustraído en los agujeros negros financieros.
Y ahora oigan a Fiona Apple cantando una preciosa versión de Across The Universe.
sábado, 25 de enero de 2014
La literatura erótica
Alphonse Mucha, 1889
La literatura erótica es tan antigua como la
escritura y su popularidad va por ciclos, como casi cualquier otra cosa en la
historia de la humanidad. Ahora, la literatura que se vende mejor, los Best Sellers, se concentra de nuevo en
los relatos de alto contenido sexual. No hace falta que les diga que hay dos
formas de utilizar el sexo en una novela: como objetivo y como referencia. Si
las descripciones sexuales son solo referencias, más o menos explícitas, y se
utilizan para matizar o enfatizar el comportamiento de los personajes, no se
puede hablar de literatura erótica. Dos novelas de este estilo serían, por
ejemplo, El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, y Lolita, de Nabokov. Cuando el sexo es el
objetivo, es decir, cuando la trama de una novela se basa exclusivamente en lo
erótico, como ocurre con la moda actual, el nivel literario decae.
No digo que este género no tenga una utilidad
emocional momentánea o incluso de iniciación para adolescentes, pero se agota
en si mismo, porque los actos que constituyen el retozo carnal, por mucha
imaginación que se ponga, son necesariamente limitados. Y si estos actos
practicados "en vivo" son eternos y saludables, leídos conducen al
hastío, ya que cada nuevo libro contiene casi idénticas descripciones que el
anterior. No obstante, aunque sea por ciclos, estos libros triunfan y se venden
como rosquillas, así que a lo mejor se me escapa algo.
martes, 21 de enero de 2014
Las concesiones
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Claudio Abbado |
Pocas cosas debe haber más falsas que el obligado obituario o necrológica que aparece en la prensa cuando fallece un famoso. Si ya es triste que la figura en cuestión tenga que morirse para que se enumeren sus virtudes, peor es que por definición se omitan sus defectos. Alabanza póstuma, siempre hipócrita, inservible para el homenajeado, escrita a veces por un iletrado que ignoraba el día anterior quién era el muerto. Curiosa esta afición que tenemos los humanos a los elogios postmortem. Me gustaría leer los obituarios, si es que alguien los escribió, de Pinochet o de Stalin, por ejemplo.
Esto viene a cuento del fallecimiento de Claudio Abbado y las necrológicas que se han escrito sobre él. Merecidas todas y aun escasas, pero esa no es la cuestión. ¿Cuántas personas en este país, al margen de melómanos y especialistas, sabían quién era Claudio Abbado? ¿Se enseñaron su vida y sus obras en algún colegio o instituto? ¿Formó parte su música de algún programa docente? ¿Alguien enseñó a sus alumnos adolescentes la diferente manera de entender a Beethoven que había, pongamos por caso, entre Abbado y Karajan?
En un periódico se citan algunas de las mejores grabaciones de Claudio Abbado, a juicio de un experto. Entre ellas hay un disco que incluye la "Suite de Lulu" y las "Tres piezas para orquesta" de Alban Berg. Me pregunto cuántas personas saben quién fue Alban Berg, y no me pregunto más porque sería una repetición de todo lo anterior. Saber en su momento, no después de su muerte, quién era Claudio Abbado es Cultura. Saber quién fue Alban Berg, también.
Cuando dirigía la Orquesta Sinfónica de Londres, un administrativo le dijo a Abbado que, en la siguiente temporada, habría que hacer concesiones económicas. Sonriendo, el maestro contestó: "Con la música no hay concesiones". Hermosa respuesta que no dudo en trasladar a nuestro rectangulares ministros de Cultura: señores, con la Cultura no hay concesiones.
Abbado grabó las sinfonías de Beethoven en diversas ocasiones, pero cuando mejor entendió al compositor fue al final de su vida. Este allegretto de la Séptima es sobrenatural.
lunes, 20 de enero de 2014
Anticultura
"Cuando oigo la palabra cultura,
desenfundo la pistola". Esta frase se atribuye a Hermann Goering, aunque es probable que nunca
la pronunciara. Es una de esas sentencias que alguien dice y fructifica con
rapidez, porque es una metáfora acertada de una determinada manera de pensar.
Tampoco podemos atribuírsela al ministro Wert, porque, que sepamos, este
político no acude con pistola al Congreso, si bien sus públicamente expresadas
ideas inducen a suponer que pudiera estar utilizando una poderosa arma
anticultura, metafóricamente hablando. Es notorio que en este país, desde el
pasado mes de septiembre, el IVA para producciones culturales ha aumentado del
8% al 21%, y como justificación de este despropósito un portavoz de Hacienda ha
calificado algunas de las actividades culturales de “entretenimiento”, por
ejemplo, el cine y el teatro.
Escribe sobre este ambiente adverso a la
cultura Nuccio Ordine, filósofo y profesor de literatura italiana de la
Universidad de Calabria, en su libro "La utilidad de lo inútil". Lo
inútil es lo que para nuestros actuales gobernantes no es lucrativo, es decir
la cultura. Pero para Ordine la cultura es " un antídoto contra la
barbarie de lo útil". Vivimos ciertamente una época de exaltación de lo
inmediato, de lo eficaz, de lo útil, en la cual todo aquello que no produce
beneficios materiales debe ser restringido u olvidado. En este sentido hemos
retrocedido a más allá de la Edad Media, porque incluso en la sociedad feudal
existía el mecenazgo que permitió el mantenimiento del arte, la música y la literatura.
En el contexto cósmico el hombre no es muy
diferente de otras especies y no debe esgrimirse la cultura como algo que nos
hace superiores a los demás animales. No debe entenderse lo cultural como un privilegio
sino como una equivalencia. Los animales nacen con un superior instinto para la
supervivencia y la adaptación a su hábitat natural, pero el hombre, menos
dotado en este aspecto, posee un lenguaje y una capacidad para transmitir
conocimientos que es equivalente al instinto genético de supervivencia de otras
especies. Esto es la cultura y no debe deificarse, pero tampoco olvidar que es
el instrumento de transmisión del conocimiento humano y por tanto el motor del
progreso. Por eso es un error grave afirmar que la cultura es inútil, porque
sin ella todo lo que ahora parece útil e inmediato se desmoronará en poco
tiempo. Como señala Ordine, si prescindimos de la cultura "las
generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto."
Hace ciento sesenta años Víctor Hugo, ante la
Asamblea constituyente de Francia, pronunció estas palabras: “Las reducciones
en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son
doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y
nocivas desde todos los demás puntos de vista”. Cabe suponer que el ministro
Wert no es partidario de Víctor Hugo.
martes, 14 de enero de 2014
No es inútil
Leído
en "El Cuaderno de Bento", de John Berger.
"Toda
protesta política profunda es un llamamiento a una justicia ausente, y va
acompañada de la esperanza de que en el futuro se terminará restableciendo esa
justicia. La esperanza, sin embargo, no es la primera razón para llevar
a cabo la protesta. Protestamos porque no hacerlo sería demasiado humillante,
demasiado reductor, demasiado terrible. Una protesta a fin de preservar el
momento presente, al margen de lo que nos reserve el futuro.
Protestar es negarse a que te reduzcan a cero y a un
silencio impuesto. Por consiguiente, en el momento en que se hace una protesta,
si se llega a hacer, ya hay una pequeña victoria. El momento, aunque pase, como
todos los momentos, adquiere cierta permanencia. Pasa, pero queda
impreso".
sábado, 11 de enero de 2014
Flowers in your hair
Esta es la historia de dos amigos. Philip Wallach Blondheim
(1939 - 2012) nació en Florida y cuando contaba pocos meses su familia se trasladó
a Virginia. Allí creció y se hizo amigo de John Edmund Andrew Phillips (1935 - 2001).
A mediados de los 50, Philip y John, junto a Mike Boran y Bill Cleary, formaron
un grupo músico vocal llamado The
Abstract que consiguió grabar dos discos en Decca, momento en el cual Philip
Blondheim decidió adoptar el nombre artístico de Scott McKenzie.
En 1961 el conjunto se deshizo, pero John y McKenzie conocieron
a Dick Weissman y formaron un trío de música folk, The Journeymen, que fue relativamente popular en Estados Unidos, en
aquellos años de apogeo de la música folk. El trío se disolvió en 1964 -en
parte por las British Invasions- y sus miembros se disgregaron. McKenzie decidió
entonces seguir su carrera en solitario, pero John Phillips, tal vez inspirado
por los dioses, se unió a Denny Doherty, Cass Elliot y Michelle Gilliam para
formar un cuarteto vocal que los hizo entrar en la leyenda. Ese grupo se llamaba
The Mamas & The Papas.
No se supo mucho de Scott McKenzie en los tres años siguientes,
pero en 1967, John Phillips escribió para su amigo de la infancia una canción que
se convertiría en un éxito instantáneo. El propio John tocó la guitarra en la grabación original. Esa canción fue el himno de una generación que pedía hacer el amor y no la guerra . Era aquella canción en que la voz delicada de Scott McKenzie te pedía que llevaras flores en el pelo si ibas a
San Francisco. Escúchenla.
sábado, 4 de enero de 2014
Porqué me gusta Murakami
¿Por qué me gusta Murakami? No es fácil explicarlo. Pero es indudable que este escritor ejerce sobre mí un magnetismo que me lleva a leer todas sus novelas, y creo que esa atracción va más allá de lo puramente literario. No voy a decir si me parece un escritor bueno, regular o malo. Por si alguien no lo tiene claro debo advertir que cuando escribo sobre libros en el blog no pretendo en absoluto hacer crítica literaria. Son solo comentarios a vuela pluma de la impresión que me dejan algunas lecturas. De Murakami he leído novelas que me han gustado mucho, otras que me han gustado menos y otras que no me han gustado nada. Y sin embargo siempre espero impaciente su siguiente libro.
Sus detractores afirman que las fórmulas y los motivos que consagraron su estilo se repiten una y otra vez: desde los sueños erótico-premonitorios hasta los comentarios musicales significativos, pasando por todo el arsenal de tópicos acerca de la amistad, el amor y la soledad adolescentes, el pasado que nunca pasa del todo, etcétera. Un comentarista dice que en las novelas de Murakami siempre hay: Dos personajes protagonistas; un hombre y una mujer. Un adolescente (hombre o mujer) rarito. Sexo cada 50 páginas: los hombres entran a él como idiotas y las mujeres son frías y lanzadas. Cosas raras. Todo personaje es descrito físicamente; si de algún personaje no se dice qué ropa lleva, es que va desnudo y está follando.
Todo esto es innegable, pero relativo. No creo que la repetición descalifique per se a un creador. Hay escritores consagrados que son repetitivos y han hecho de una comarca, un pueblo y aun de un barrio el ámbito permanente de sus novelas. También la música repetitiva puede ser excelsa, y me vienen a la memoria compositores como Satie o Riley. Lo mismo en la pintura, ahí están las obras de Mondrian y Rothko, por ejemplo. De manera que ser repetitivo en su temática y sus personajes, minucioso en sus descripciones, no escatimar escenas de sexo, complacerse en lo onírico y dejar cabos sueltos sin resolver en la mayoría de sus novelas, no condiciona necesariamente que Haruki Murakami sea un mal escritor. Todo dependerá del talento y la sensibilidad con que se combinen estos ingredientes y si el resultado es capaz de conmover al lector.
A mi juicio, Murakami ha escrito cosas buenas y cosas malas, y dentro de las buenas hay unos pasajes mejores que otros, todo lo cual dignifica, creo yo, a un escritor que no va de prepotente por la vida, sea esa humildad auténtica o prefabricada. En fin, todo es cuestión de que en el lector se produzca una vibración o no se produzca. Quizá este post solo sea un ejemplo de lo que Vargas Llosa llama "elogio de la mala novela".
miércoles, 1 de enero de 2014
El mar
Ya no me engaño
con los símbolos ni con las efemérides, ya no pienso que los años son distintos
ni más felices porque acaban de empezar, ahora pienso en el mar que es casi
eterno, ahora pienso en volver al mar.
"EL MAR"
NECESITO del mar
porque me enseña:
no sé si aprendo
música o conciencia:
no sé si es ola
sola o ser profundo
o sólo ronca voz
o deslumbrante
suposición de
peces y navios.
El hecho es que
hasta cuando estoy dormido
de algún modo
magnético circulo
en la universidad
del oleaje.
No son sólo las
conchas trituradas
como si algún
planeta tembloroso
participara
paulatina muerte,
no, del fragmento
reconstruyo el día,
de una racha de
sal la estalactita
y de una
cucharada el dios inmenso.
Lo que antes me
enseñó lo guardo. Es aire,
incesante viento,
agua y arena.
(Pablo Neruda)
"MAR
DISTANTE"
Si no es el mar,
si es su imagen,
su estampa,
vuelta, en el cielo.
Si no es el mar,
si es tu voz
delgada,
a través del
ancho mundo,
en altavoz, por
los aires.
Si no es el mar,
si es su nombre
en un idioma sin
labios,
sin pueblo,
sin más palabra
que ésta:
mar.
Si no es el mar,
si es su idea
de fuego,
insondable, limpia;
y yo,
ardiendo,
ahogándome en ella.
(Pedro Salinas)
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