sábado, 7 de diciembre de 2024

ANTIGUOS ALUMNOS

 


Romo ha huido de la reunión de antiguos alumnos, se ha refugiado en el bar del hotel, semivacío a aquellas horas, y ha iniciado un diálogo con la mujer que está acodada en la barra del bar. La melena encanecida, despeinada, anárquica, le hace pensar en la pianista argentina Marta Argerich. Aunque no es ella, claro. Pero se le parece. Lleva un vestido negro sin mangas, largo hasta los pies, que a Romo le parece elegante. Los hombros desnudos de una mujer son sugestivos.

 

-Tienes aspecto de estar abatido o aburrido o las dos cosas –dice la mujer.

- Las dos cosas, no debería haber venido a esta reunión.

- ¿De trabajo?

- No, de antiguos alumnos.

 

La mujer no dice nada. Le mira como esperando una continuación y luego se concentra en su vaso.

 

- Son reuniones deprimentes - dice Romo -. Solo se siente uno a gusto con la gente que ha seguido viendo a lo largo de la vida. Los otros son personas viejas, irreconocibles, que te saludan sin saber quién eres y te dicen yo soy fulano, ¿no te acuerdas? Y, claro, no te acuerdas. 

 

La mujer asiente.

 

-¿Eres fumador?

- No, lo dejé hace años, pero a lo mejor vuelvo..., bueno, no sé.

- Si salimos a la terraza yo podré fumar. Las sillas son cómodas. Nos tomamos otra copa y charlamos. ¿Qué tal?

-La mejor idea de la noche.

 

Desde la terraza se ven luces y tejados negros recortados sobre un cielo rojizo.

 

- Yo soy Romo.

- Carla. ¿A qué te dedicas, Romo?

- Soy analista de sistemas, pero fundamentalmente he trabajado en estadística –miente Romo- ¿Estás alojada en el hotel?

- Sí. Siempre que vengo a Madrid me alojo aquí, no es un gran hotel, pero el entorno es agradable.

- ¿Vienes desde muy lejos?

- Desde Ámsterdam.

-¿Trabajo, negocios, turismo?

- De todo un poco.

 

Por un momento Romo ha dejado de pensar en Olga. Piensa en los tejados recortados sobre el cielo rojizo de la ciudad como algo permanente, suyo en cierta manera.

 

- A ver si acierto, ¿divorciado?

- Aciertas. Bueno, en realidad no lo estoy todavía, estamos en trámite. Lo estaré pronto. ¿Y tú?

- Divorciada también, hace años. ¿Por qué te separas? ¿Estabais hartos de siempre lo mismo? –pregunta Carla y Romo no contesta -. Oye, si te molesta no contestes. Soy muy directa preguntando, no lo puedo evitar.

- No, no me molesta. Es un asunto triste. Olga, mi mujer, me abandona. Se va a vivir con otro.

- Y te ha pillado de sorpresa.

- En parte, sí. Que tuviera una aventura, un amante... bueno, esas cosas pasan. Pero un divorcio después de tantos años... Desde luego lo nuestro no iba bien, eso está claro.

- ¿Conoces al otro?

- Sí, es amigo mío. Un auténtico vodevil, como puedes ver. Pero no hay en mí ningún rencor... vamos, no creo que lo haya. Tampoco es dolor, es desconcierto, desolación. Estas cosas son más dramáticas cuando eres joven. A mi edad lo que más preocupa es la destrucción de la rutina, la soledad que te asalta. Seguramente esa soledad ya existía, pero disfrazada por la costumbre.

- No eres muy viejo. Ya sé que es una frase muy manida, pero tómalo como un principio, no como un final.

 -Sí, pero ¿empezar qué? No es fácil empezar nada a estas alturas de la vida. No es solo la edad, es que tengo la sensación de que ya lo he empezado todo.

- Falso. Siempre quedan muchas cosas por hacer. Emprende un viaje.

 

Un viaje. Romo ha pensado en viajar a la costa y visitar a una antigua novia. No tiene muy claro el motivo, ni siquiera el recuerdo de esa novia es placentero.

 

- Ya lo he pensado, pero no tengo ilusión por visitar ningún lugar.

- No se trata de visitar un lugar, se trata de viajar. El significado está en el viaje, no en el destino.

- Como una escapada.

- Exacto.

- Muy romántico.

- ¿Romántico? No creo. La huída, el cambio, son a veces muy duros. Es una ruptura.

 

Romo reflexiona unos segundos.

 

- No me gusta viajar solo, pero es una idea.

- No viajes solo. Viaja conmigo-. Romo mira a la mujer desconcertado y ella aclara-: mañana emprendo un viaje de trabajo. Recorreré varios lugares de España. Puedes acompañarme, si quieres.

- ¿Cuál es tu trabajo, si no es indiscreción?

- Soy buscadora de obras de arte, me pagan por eso. Tengo contactos que me proporcionan información. Me entero de quién guarda, quién vende, quién compra y actúo como intermediaria entre los interesados, gente con mucho dinero que muchas veces no quiere dar su nombre.

- ¿Lo que haces es legal?

- Procuro que lo sea. ¿Por qué no me acompañas?

- No sé, estoy sorprendido. Tú no me conoces de nada, yo no sé nada de ti. Francamente, soy una persona muy metódica, me aterran las improvisaciones.

- ¿No has recogido nunca a un autoestopista? ¿O has compartido con otras personas uno de esos viajes colectivos que se anuncian en internet? A mí ya me conoces algo más –y añade riendo al ver la expresión de Romo-: No tengo intención de seducirte, si es eso lo que temes. Sexualmente, quiero decir. Vivo con una mujer.

- Ah.

- Pero me caes bien, me apetece viajar con un estadístico. Bueno, ¿qué te parece? ¿Vienes conmigo?

- Creo que no, Carla. Tal vez en otra ocasión. Te agradezco mucho la invitación.

-Tú te lo pierdes, informático. ¿Otra copa?

- Va a ser lo mejor.

 

Las palabras se emborronan en los labios de Romo después de dos o tres copas más. Siente el calor del alcohol y la calidez de la mujer. Le gustaría besarla. Se da cuenta de que está demasiado inclinado hacia ella, casi fuera de la silla.

 

- ¿Vas a besarme? –dice Carla.

- Si no te parece mal.

- No me parece mal.

 

Se besan y parece como si Carla lo hubiera estado esperando. Se abrazan con precipitación en el incómodo escorzo de las sillas y sus respiraciones se agitan al unísono.

 

- ¿Pero tú no te acuestas con mujeres? –dice Romo.

- Que me acueste con mujeres no quiere decir que no me acueste con hombres. Vamos arriba.

 

Suben en el ascensor abrazados, sin dejar de besarse, y Romo piensa que eso solo lo ha visto en las películas norteamericanas. En el pasillo no deshacen el abrazo y avanzan a trompicones hasta la habitación. Una vez dentro, ella se separa sin hablar y se encierra en el baño. Romo vacila, no se atreve a desnudarse todavía y ensaya unos pasos por la habitación mirando sin ver la decoración. Luego se sienta en la cama y espera. La puerta del baño se abre de golpe y aparece Carla desnuda. Avanza unos pasos y se para en medio del cuarto con un brazo extendido y otro apoyado en la cadera, como una modelo o una estatua; sus ojos miran a Romo desafiantes. Él contempla maravillado la melena blanca que casi le cubre los hombros y parece hecha de mimbres retorcidos; los senos pequeños, la cintura amplia, las caderas anchas, el vientre un poco descendido. Espléndido, piensa Romo, y empieza a desabrocharse la camisa. Pero antes de terminar advierte que las manos nerviosas de la mujer ya trajinan imperativas en su cinturón y tiran con fuerza de su pantalón con un apresuramiento imprevisto. Cualquier posible estimación o cálculo desaparece enseguida de la mente de Romo cuando la cabeza de Carla se encaja con firmeza entre sus muslos. Solo alcanza a ver la escandalosa  cabellera de la mujer esparcida sobre su vientre  como una blanca erupción volcánica.

 

 

 

Romo yacía sudoroso en silencio. A su lado la mujer fumaba.

 

- Es increíble –murmura Romo y Carla le mira de reojo.

- ¿Es increíble que dos desconocidos se acuesten juntos?

- No, no… Es que yo…Oye Carla, te he mentido, no soy informático, soy profesor de Educación Física. Te lo quería decir.

- Se te nota.

- ¿Por qué?

- Porque estás en forma.

- Bueno, en el sexo la mente es más importante que el músculo, ¿no?

- Solo era una broma.

- Sí, ya lo sé.

- ¿Por qué me has mentido? ¿Pensabas que yo era una vampira?

- ¿Lo eres? – Romo se gira para mirarla -. Es una manía que tengo. Me gusta inventarme profesiones. Es como un reto: por un momento ser alguien que no soy yo. Y tratar de mantener el equívoco. A veces lo paso mal, no creas. Una vez fingí ser médico y tuve que hacer una receta. Una receta de un medicamento desconocido para mí, o sea que no podía saber si lo que recetaba era inofensivo o mortal. ¡Me entran sudores al recordarlo!

- ¿Y cómo terminó la cosa?

- Ah, no sé. Nunca supe si la receta sirvió y la persona obtuvo la medicina. En realidad no sé si ahora está muerta o viva.

- Como el gato de la caja.

- Eso, como el gato.

- ¿Nunca te has hecho pasar por mujer?

-¿Por mujer? No, mi bipolaridad no llega a esos extremos-Romo vuelve a mirarla.- Eres una mujer muy especial.

 

Carla sonríe mirando al techo.

 

- Todas las personas son especiales o ninguna lo es –dice ella-. No consiste solo en las personas, sino en los momentos. A lo mejor te acuestas con otra persona y dices: vaya, ha sido un buen polvo, pero enseguida te pones a pensar en otras cosas. A veces, además del polvo, notas que queda algo que no sabes definir, una chispa, un estremecimiento, qué se yo, algo.

- Me gustaría preguntarte una cosa. Si te molesta, no me contestes. ¿Eres bisexual?

 

Carla se incorpora un poco, se apoya en el codo derecho para mirar a Romo.

 

- Todo el mundo es bisexual. Yo creo que en el sexo no hay etiquetas, es una transición. Las hormonas influyen, claro, pero solo marcan una tendencia. El componente psicológico que rodea al sexo es muy poderoso, te hace seguir caminos insospechados. Mira, yo estuve casada con un hombre y disfruté del sexo. Luego me divorcié y tuve varias aventuras fugaces con otros hombres que no me dejaron satisfecha. Un día me acosté con una mujer  y me gustó más. Descubrí cosas que no había sentido, pero no solo físicas, también espirituales. Y eso es todo. Por supuesto hay hombres y mujeres que no se salen de la tendencia hormonal. Aparentemente. Porque hay padres de familia que de pronto cambian de rumbo. O madres. ¿Lesbianas? ¿Bisexuales? ¿Homosexuales? Puta manía de poner etiquetas. Solo hay un sexo.

- Me gustaría volver a verte, Carla. ¿Me llamarás cuando vuelvas a Madrid?

- No. Intercambiar los números de teléfono es una vulgaridad y yo no soy una mujer vulgar. Ven a este hotel y siéntate en la barra del bar a media noche. Seguro que algún día me encuentras.

 

Ambos quedan en silencio y Romo vuelve a pensar en Olga.

 

martes, 16 de julio de 2024

Nubes

 


El cielo es inmune, las nubes navegan ¿hacia algún lugar?, se han dormido las flores del tiempo y desde la colina vemos la lucha estéril de los cruzados de dios. ¿Dónde se han ido todos los dioses? Un pequeño gorrión entró en casa, lo cogimos con las manos y no se asustó. Lo sacamos a la terraza y voló, giró unas vueltas y volvió a entrar en casa. Lo volvimos a lanzar al exterior y cerramos la puerta de la terraza. El pájaro inició su vuelo. Oímos un golpe: el gorrión se había estrellado contra el cristal de la ventana; no le pasó nada, batió alas y se alejó entre los álamos. Ya no volvió.

 


Mi perro Zeus se ha roto una pata, mejor dicho un dedo de la pata trasera derecha. He visto el hueso partido en una radiografía. Es un galgo negro, pero se está llenando de canas. No se queja y puede andar, incluso correr aunque su trote es precavido: mueve la pata herida como una danzarina de ballet. Me hace gracia pero también siento un poco de pena, pienso que es un herido en una batalla. Con los demás perros se lleva bien, aunque ahora juega menos. Merche le ha puesto una venda roja, pero no le dura mucho, prefiere no tener ataduras, corretear libre aunque sea con pasos de ballet. Zeus es un perro muy social, se deja acariciar por cualquiera. Le gusta escaparse y explorar sitios nuevos, perderse en el monte o robarles la comida a los gatos. Siempre lo hemos encontrado, no sé si algún día emprenderá una huida definitiva en busca de aventuras. Sería muy triste, pero ya se sabe que de la vida de cada uno van huyendo cosas, ramas que se pierden, nubes que pasan, y así siempre. Ahora ha venido a verme Zeus, a lo mejor sabe que estoy escribiendo sobre él. Le acaricio. Es la vida, amigo mío.


 

Si alguien muere, bueno, se ha muerto, que lo entierren y lo olviden. Eso es lo tenebroso, que tú vives y no te entierran, andas por las aceras y las calles, y sabes que más allá solo hay más aceras y más calles. Pero todo cambiaría si las calles se hicieran casas y las casas fueran nubes, y tú fueras una frase o un tic tac de reloj, si dejaran a los muertos sentados en las aceras y enterrasen a las calles. Pero no, siempre andas confuso pensando en las cosas y aunque no quieras las sientes. Tienes manos de niebla, mirada de ocaso, como un pájaro sin rostro que ama la lluvia.

 


Uno ve una nube y piensa ¡fantástico, qué buena foto! En efecto, la nube se desplaza majestuosa por un cielo azul. O bien forma un cúmulo de proporciones áureas. O parece un pollito o el mapa de Inglaterra. Entonces apuntas el móvil, lo encuadras y aprietas el disparador varias veces. Satisfecho vuelves a tu casa y pasas las fotos al ordenador. ¿Qué ves? Ves una nube, claro, pero una nube que ha perdido todo el esplendor que tenía antes de captarla.

Ves una nube corriente, como las miles de nubes que salen a diario en Face. ¿Qué ha ocurrido? Simplemente que hacer una foto no es solo apretar el disparador: hay que crear más allá del modelo o intentarlo al menos. Y la nube-que también tiene su parte de responsabilidad- debe acomodarse, buscar la pose ideal, lo cual pocas veces ocurre.

Hay personas que saben captar muy bien las nubes, pero es una excepción. Llevados a un extremo no son solo las nubes, son casi todas las cosas que hacemos. Y no digo más, porque lo último que quiere darle a este texto es una moraleja.

Pero eso sí, está demostrado que la mayoría de los políticos fotografían una nube y les sale un burro.

 


Yo sé que detrás de las nubes habrá otras nubes y detrás de los campos habrá otros campos.

Yo sé que los recuerdos están vivos y seguirán viviendo cuando nos hayamos ido.

Yo sé que he buscado la belleza y no he buscado más en estas horas que terminan.

Yo sé que he amado la soledad y he amado también lo que tú amas.

Yo he vivido el mar y soy el mar para siempre.

Yo he vivido la vida y sé que apenas dejo una palabra escrita.

Y sé que aún vivo, aún lucho, y aún busco las montañas detrás de las nubes y las nubes detrás de las montañas.


jueves, 13 de junio de 2024

Reflejos


 


En Dinamarca, hay bibliotecas donde se puede pedir prestada a una persona en lugar de un libro para escuchar la historia de su vida durante 30 minutos. 




Ayer como un rayo se fue mi amigo. Estuve en el tanatorio. ¿Qué se dice cuando se muere un amigo? Nada. Abracé a su mujer y no dije nada. Tanto tiempo, tantos años y solo ahora se percibe la lejanía. Ya estás lejos y no digo nada.




He olvidado el nombre de esta ciudad. He llegado de noche, el taxi ha recorrido calles luminosas y me ha dejado en este hotel. El recepcionista me sonríe: "Nos alegramos de volver a verle". Asiento con la cabeza y trato de esconder mi desconcierto: yo nunca he estado en este hotel. Mientras se cierra la puerta del ascensor me parece reconocerte cruzando el vestíbulo. Es un visión muy fugaz. Aprieto los botones, pero el ascensor no se detiene. En la habitación abro la ventana y presiento la cercanía del mar, hay un olor suave a algas y se oye un rumor de oleaje. Hay un óvalo de luces que se pierden en la lejanía.Entro en el comedor y busco una mesa con la mirada. Me paralizo. Una mujer sentada, de espaldas. ¿Eres tú? En ese momento vuelves la cabeza.




Hace poco preguntabais qué es volar. Además del sueño imposible, tan antiguo como la humanidad, de elevarse en el viento como un pájaro, un ángel o un dios, de permanecer ingrávido bajo el azul liberado de un mundo distante y opresor, ¿qué es volar?




Observa la distancia, el enorme  hueco que hay entre ti y las cosas, ese arbol, aquella persona, aquel olvido, siempre recorremos distancias, buscamos objetivos,aquella música que sientes en las venas como un torrente, aquellas estancias que recorrías feliz, ahora sin luz o perdidas para siempre, sí, las cosas han cambiado y a pesar de todo vives, respiras, duermes envuelto en sueños extraños en los que las cosas parecen volver. 



A veces uno reconoce el esplendor en la hierba frente a las casas demolidas. Se han vencido lo árboles y las nubes, solo quedan retazos de amores perdidos y pensamientos antiguos. De manera incansable hoy luce el sol.




Debe haber un magnetismo, una corriente de cosas presentidas, un flujo emocional de los colores del otoño que despierta en nuestro espíritu sentimientos de identidad y de encuentro, Parece que estuviésemos esperando la llegada del otoño para despertar esa emoción que ha permanecido oculta todo el año, que ha atravesado inmutable veranos y primaveras. Debe haber algo que nos pertenece en esos tonos amarillos o rojizos de los árboles, una melancolía casi imperceptible al contemplar las hojas caídas y respirar  la  creativa luz decadente del otoño. El mundo se difumina  y somos capaces de soñar.



Ventanas confusas. Caminar despacio por la acera húmeda. Los pasos muy lentos, las fuentes caídas, el agua en silencio. Voces opacas de bosques desnudos, almas sin color, esquinas huidas de trazos inciertos. El murmullo negro de ciudades solas, dormidas, calladas, sin ecos.



lunes, 27 de mayo de 2024

De todo un poco. Arte: Nicolas de Staël

 




En la insoportable frialdad de los tiempos, cuando el viento sur ha amainado y las gacelas se humillan, ahora que la negra noche nos invade y cierne nuestros recuerdos desconsolados e inútiles, acuérdate de los besos, de aquel primer beso iniciático que disolvió tus temores y te enseñó a seguir viviendo.



Hoy tengo un día de querer a la gente. Me refiero a una forma especial de querer. Todos los días queremos a determinada gente de manera rutinaria y su recuerdo suele ser  amable; también de manera rutinaria hay personas a las que no queremos nada y otras que nos son indiferentes. Esto es lo normal, y esa diversidad de afectos no afecta nuestra vida diaria. Pero un día te levantas y súbitamente te asalta el recuerdo de una persona y de pronto sientes un estremecimiento en el corazón. Entonces comprendes cuánto querías a esa persona o cuánto la sigues queriendo. Y da igual cuándo la hayas visto por última vez, ayer o hace años, o que ya no exista. Lo importante es la certeza que te invade de que has querido con intensidad, con ternura, al menos una vez en tu vida. Entonces sonríes o cierras los ojos y compruebas que la rutina del día se ha vuelto más amable.



PUNTO NEMO

Ayer descubrí el lugar más solitario del mundo. Se llama “polo de inaccesibilidad del Pacífico” y es el lugar del océano más alejado de cualquier tierra firme, aproximadamente a 2688 kilómetros de la Antártida y de varias pequeñas islas oceánicas. El fondo del océano situado en dicho punto se encuentra a unos 3700 metros de profundidad. En ese lugar no existe absolutamente nada, ¿se imaginan?, no hay pandemia, ni tertulianos, ni políticos, ni Sonsoles. ¡Los humanos más cercanos están en la Estación Espacial, que solo está a 400 kilómetros de altura! Este lugar es aún más solitario que aquellos golfos del estrecho de Magallanes, descritos por Julio Cortázar, “en los que no entraba nadie nunca”. 

Jubilosamente, algunos científicos, lo han bautizado con el nombre de PUNTO NEMO, mucho más poético que el nombre real, quizás imaginando que allí estuvo La Isla Misteriosa, antes de hundirse para siempre en el océano junto con el Capitán Nemo, después de haber liberado al ingeniero Ciro Smith y sus compañeros. Pero no es esta la única referencia épica del Punto Nemo. Entre esas pequeñas islas oceánicas a la misma distancia que la Antártida está la Isla Pitcairn. ¿Recuerdan esta isla? A ella arribaron los dieciocho amotinados de la Bounty el 15 de enero de 1790, dirigidos por el teniente Fletcher Christian, y allí vivieron ellos y sus descendientes hasta la actualidad.

En el verano de 1997, las autoridades marítimas de Estados Unidos detectaron en varias ocasiones un sonido de ultra-baja frecuencia y de origen desconocido en el Punto Nemo. En 2002, concluyeron que esos sonidos fueron producidos por icebergs raspando el fondo oceánico. Hum.



Bulo: Noticia falsa propalada con algún fin.

Bular: Sellar o marcar con hierro encendido a un esclavo o a un reo.

Bulimia: Síndrome de deseo compulsivo de comer, con provocación de vómitos y consecuencias patológicas.

Bulero: Funcionario comisionado para distribuir las bulas de la santa cruzada y recaudar el producto de la limosna que daban los fieles.

Boludo: Necio o estúpido.

Bolero: "Disen que la distansia es el olvidooo"



La belleza es azul, la mirada es azul, las lágrimas son azules, los besos son azules, tú eres azul.

Buscamos el azul en las palabras, en el sueño, en el aire.

El azul embriaga los sentidos, se diluye en la esperanza, camina a nuestro lado en los días que permanecen, 

en días aún por recorrer o en días inventados.



¿Por qué te has alejado tanto?

Para no oír lo que todos los días me envenena.

¿Qué quieres oír?

Cualquier cosa, palabras, música, el vuelo de las palomas.

¿Qué te afrenta?

La estupidez colectiva, la codicia.

¿Hay algo bueno en el mundo?

No lo sé, prefiero buscarlo.

¿Y si no lo encuentras?

No se trata de encontrar sino de buscar.

¿Te volveré a ver?

Siempre se vuelve para comenzar de nuevo.





.

domingo, 28 de abril de 2024

Cosas de Bolaño


 

Roberto Bolaño tuvo una vida corta. Nació en Chile en 1953 y murió en Barcelona en 2003. Si "Los detectives salvajes" fue una novela reveladora, su obra póstuma, "2666" (2004) fue su consagración internacional.

 

He recogido aquí algunos fragmentos de este escritor:

 

"Escribir no es normal. Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima".

 

"¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo y al otro lado las caras que uno quiere, las sonrientes caras que uno quiere, y los libros, y los amigos, y la comida"

 

“Lo brutal siempre es la muerte. Ahora y hace años y dentro de unos años: lo brutal siempre es la muerte.”

 

“Atiende esto, hijo mío: las bombas caían

sobre la Ciudad de México

pero nadie se daba cuenta.

El aire llevó el veneno a través

de las calles y las ventanas abiertas.

Tú acababas de comer y veías en la tele

los dibujos animados.

Yo leía en la habitación de al lado

cuando supe que íbamos a morir.

Pese al mareo y las náuseas me arrastré

hasta el comedor y te encontré en el suelo.

Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba

y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte

sino que íbamos a iniciar un viaje,

uno más, juntos, y que no tuvieras miedo.

Al marcharse, la muerte ni siquiera

nos cerró los ojos.

¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después,

¿hormigas, abejas, cifras equivocadas

en la gran sopa podrida del azar?

Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros,

héroes públicos y secretos”.

 

 

“Ser atracador de bancos, por ejemplo. O director de cine. O gigoló. O ser niño otra vez y jugar en un equipo de fútbol más o menos apocalíptico. Desafortunadamente el niño crece, al atracador lo matan, el director se queda sin dinero y el gigoló enferma, y entonces ya no te queda más alternativa que escribir”.

 

"Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo xx, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así".

 

 

“Leer es como pensar, como rezar, como hablar con un amigo, como exponer tus ideas, como escuchar las ideas de otros, como escuchar música, sí, sí, como contemplar un paisaje, como salir a dar un paseo por la playa”.

 

"Recuerdo una noche en la estación ferroviaria de Mérida. Mi amiga dormía dentro del saco y yo velaba con un cuchillo en el bolsillo de la chaqueta, sin ganas de leer. Bueno... Aparecieron frases, quiero decir, en ningún momento cerré los ojos ni me puse a pensar, sino que las frases literalmente aparecieron, como anuncios luminosos en medio de la sala de espera vacía. En el otro lado, en el suelo, dormía un vagabundo, y junto a mí dormía mi amiga y yo era el único despierto en toda la silenciosa y asquerosa estación de Mérida. Mi amiga respiraba tranquila bajo el saco de dormir rojo y eso me tranquilizaba. El vagabundo a veces roncaba, a veces hablaba en sueños, hacía días que no se afeitaba y usaba su chaqueta de almohada. Con la mano izquierda se cubría el pecho. Las frases aparecieron como noticias en un marcador electrónico. Letras blancas, no muy brillantes, en medio de la sala de espera. Los zapatos del vagabundo estaban puestos a la altura de su cabeza. Uno de los calcetines tenía la punta completamente agujereada. A veces mi amiga se movía. La puerta que daba a la calle era amarilla y la pintura presentaba en algunos lugares un aspecto desolador. Quiero decir muy tenue y al mismo tiempo completamente desolador. Pensé que el vagabundo podía ser un tipo violento. Frases. Cogí el cuchillo sin llegar a sacarlo del bolsillo y esperé la siguiente frase. A lo lejos escuché el silbato de un tren y el sonido del reloj de la estación. Estoy salvado, pensé, íbamos camino a Portugal y eso sucedió hace tiempo. Mi amiga respiró. El vagabundo me ofreció un poco de coñac de una botella que sacó de su hatillo. Hablamos unos minutos y luego nos callamos hasta que llegó el amanecer."

 

 

“(no me gusta) la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas. Siempre he sido de izquierda y no me iba a hacer de derechas porque no me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. Lo que pasa que luego, cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical de los trotskistas, y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo".

 

“Déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos”.

lunes, 15 de abril de 2024

REFLEXIONES IRREFLEXIVAS III

Ayer soñé que volaba. No mucho, me elevaba en un pasillo sobre las cabezas de otras gentes y enseguida me posaba en el suelo. Lo hice dos o tres veces, pero nadie me miraba, no había asombro en las gentes. Aún persiste la sensación de ingravidez, de mantenerme en el aire sin esfuerzo. Ya despierto, acudí al doctor Jung para que analizara mi sueño. Puede que tenga usted una propensión a elevarse por encima de los demás, me dijo, o bien su alma deprimida por su insignificancia tiende a refugiarse en el techo. La gallina, dije para mis adentros, y me fui a tomar una cerveza después de pagarle una suma disparatada al sabio. Más tranquilo, pensé si volar no sería un anhelo incumplido de la humanidad y recordé todas las celebridades que se habían matado en un vuelo, lo cual me reconfortó bastante. De todas formas volar en uno de esos aviones gigantescos no es lo mismo, uno tiene la sensación de que no ha salido del cuarto de estar de su casa. La próxima vez que sueñe que estoy volando me arriesgaré a dar una vuelta por el planeta, como hacía Superman. Ya les contaré.


Vivimos un mundo de moléculas inestables. Somos un compuesto químico perjudicial para la salud, aunque la publicidad diga lo contrario y cante maravillas de nuestras moléculas. Formamos cadenas de aminoácidos contaminados por la deconstrucción, no tenemos proteínas asimilables y los edificios de ADN se tambalean. Hemos olvidado la manera de producir antitoxinas y las feromonas equivocadas nos hacen odiar los ribosomas de otros y  aún los propios. La inestabilidad molecular ha ido aumentando sin que nos apercibiéramos, y los virus malignos nos han colonizado sin remisión. Qué tiempos aquellos en los que los sulfatos combinaban sin problemas y nos miraban sonrientes; o cuando las cadenas hidrocarbonadas impartían felicidad. Pero ahora se han dormido los catalizadores y las moléculas vagan perdidas y asustadas.





Tiene el manto blanco con espigas doradas. En sus cicatrices puede leerse su pasado. Es fuerte y musculada a pesar de su cintura de avispa y corre como una centella, a veces ella sola, como si estuviera compitiendo en una carrera invisible. Se asusta con cualquier cosa y cuando hay tormenta tiembla como una hoja con el ruido de los truenos, y lo mismo si son los cohetes de una feria. Es un poco arisca, no confía en todas las personas, le gusta estar sola y pensar en sus cosas; o correr por el campo y descubrir huellas olvidadas. Pero cuando viene hacia ti al galope se diría que está sonriendo. Es mi perra y se llama Nala.


Siempre busqué las montañas azules, en un tiempo en que todo estaba por encontrar y había lugares seductores que veíamos en sueños o ensimismados en un libro de aventuras. Pensaba-y pienso- que en las montañas azules existían seres etéreos con forma de mujer que te acogían en sus besos y te arrullaban con el leve roce de sus pestañas. Allí se extendían praderas innumerables y corrían ríos tranquilos que reflejaban el volar de los pájaros y las nubes blancas del cielo. Ahora las montañas azules se han ido y con ellas han huido las hadas y los pájaros. ¿Dónde encontraremos ahora el azul de las montañas?